Annan afirma que Naciones Unidas debe agotar todas las posiblidades antes de recurris al uso de la fuerza


Mensaje del Secretario General, Kofi Annan, el 8 de febrero en el Colegio de William y Mary Williamsburg en Virginia.

Es para mí un gran honor recibir esta mención honorífica, y más aún el compartirlo con el General Zinni y el Sr. Brinkley, cuyas contribuciones a la paz y la prosperidad mundiales merecen este reconocimiento.

Es también un gran placer para Nane y para mí acompañarlos en este día tan especial.

Lo único que me provoca tristeza, es que esta celebración se vea opacada por la tragedia acontecida la semana pasada con el trasbordador Columbia, y en espacial por la pérdida de uno de los hijos más sobresalientes de este colegio, David Brown, como informó previamente el Presidente.

Como ustedes saben, el destino de este hombre fue el mismo de sus brillantes compañeros de diversas nacionalidades, entre ellos dos provenientes de India e Israel. La exploración del espacio trasciende todas las fronteras, y la pérdida del Columbia es una pérdida para toda la humanidad. En realidad, este es uno de esos momentos en que recordamos que todos pertenecemos a la gran familia humana.

Hoy, la familia humana se enfrenta a una intensa preocupación. Existe una profunda ansiedad con respecto al aumento de la violencia en Oriente Medio, la proliferación nuclear y la posibilidad de nuevos ataques terroristas. Por supuesto, también existe una gran preocupación, aquí y en todo el mundo, por una posible guerra en Iraq.

Mucha gente se pregunta qué es lo que Naciones Unidas está haciendo para evitar dicha posibilidad.

¿No se creó nuestra organización para "salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra"?

Sí, es para ello que fue creada. Nuestros fundadores vivieron dos guerras mundiales. La guerra es siempre una catástrofe para la humanidad, una medida que debe considerarse sólo cuando todas las demás posibilidades se han agotado y cuando es evidente que la alternativa es mucho peor. Si la guerra en Iraq se repite, puede provocar terribles pérdidas y sufrimiento para los iraquíes y quizá para sus vecinos también. Todos nosotros, y principalmente los líderes de Iraq, tenemos la obligación de prevenir esa guerra.

Pero nuestros fundadores no eran pacifistas. Sabían que llegaría el momento cuando la fuerza tuviera que enfrentarse con fuerza. Por ello, incluyeron en la Carta de las Naciones Unidas fuertes medidas para permitirle a la comunidad mundial unirse en contra de la agresión y derrotarla.

Hace doce años, cuando Iraq invadió Kuwait, eso fue justamente lo que el Consejo de Seguridad y las Naciones Unidas hicieron. En primer lugar, el Consejo de Seguridad le dio al invasor la alternativa de retirarse pacíficamente. Entonces, cuando esa oferta fue rechazada, el Consejo autorizó el uso de la fuerza.

Fue una decisión severa pero necesaria. El Consejo de Seguridad no eludió su responsabilidad. Bajo su mandato, se formó con paciencia una enorme coalición de fuerzas bajo el liderazgo de Estados Unidos. Al menos 11 de los 26 países que enviaron fuerzas para ayudar a liberar a Kuwait eran países musulmanes. De ahí se aprendió una lección que sigue siendo relevante en nuestros días.


Desgraciadamente, Iraq no ha cumplido con todas las obligaciones que adquirió en 1991 bajo las condiciones del cese al fuego. En especial, no ha convencido por completo al Consejo de Seguridad de haberse deshecho por completo de armas de destrucción masiva.

Esta es una tarea que no puede resolver un solo país, sino la comunidad internacional en su totalidad. Cuando los países deciden utilizar la fuerza, no en defensa propia, sino porque ven amenazadas la paz y la seguridad mundiales, no existe sustituto para la legitimidad provista por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los países y los individuos de todo el mundo le dan una importancia fundamental a dicha legitimidad y al estado de derecho internacional.

Un ejemplo muy claro de este tipo de amenaza es el terror que provocan las armas de destrucción masiva. Este es un tema de gran importancia, que de ninguna manera es un problema exclusivo de Iraq, y que obliga a toda la comunidad internacional a examinar nuevamente y con mucho cuidado, los cimientos de la seguridad internacional.

Es de vital importancia que esto se haga en conjunto para así lograr una mayor seguridad por medio del fortalecimiento, y no del debilitamiento o el menoscabo, de los tratados multilaterales sobre desarme y no-proliferación. Solamente un acercamiento colectivo y multilateral puede poner fin a la proliferación de armas de destrucción masiva y lograr que el mundo sea un lugar más seguro.

Nada, desde luego, puede menoscabar ese objetivo de manera más fatal que el uso mismo de dichas armas, ya sea en Iraq o en cualquier otro sitio. Cualquier persona que haya ordenado o usado esas armas incurrirá en graves delitos.

Pero tengamos esperanza en que dichos temores no tengan fundamento. Como Naciones Unidas, tenemos la obligación de agotar todas las posibilidades para un acuerdo pacífico, antes de recurrir al uso de la fuerza.

Sólo hace tres meses, el Consejo de Seguridad aceptó la resolución 1441, dando así un nuevo mandato más enérgico y autoritario a los inspectores de armas de Naciones Unidas en Iraq. Esta resolución se negoció con paciencia y persistencia y, como resultado, su aceptación fue unánime. Esto le confiere aún mayor autoridad. Una autoridad basada en el derecho, en el esfuerzo colectivo y en la legitimidad de las Naciones Unidas. Se trató de la diplomacia multilateral en su máxima expresión, sirviendo a la causa de la paz y la seguridad.

Con la autoridad de esta resolución, los inspectores de Naciones Unidas regresaron a Iraq tras una ausencia de cuatro años. Las inspecciones funcionan, como demuestra la experiencia de principios de la década de 1990. En ese entonces, los inspectores destruyeron muchas más armas e instalaciones que los bombardeos.

El día de hoy, en gran medida, es gracias al fuerte desafío impuesto por el Presidente Bush, y a la consecuente presión, que los inspectores están nuevamente en Iraq.

El 27 de enero, entregaron al Consejo de Seguridad su primer informe, y entregarán el segundo el próximo 14 de febrero. Existe una decisión unánime en cuanto a lo que debe hacer Iraq. Iraq debe desarmarse y debe hacerlo de forma activa. Ese mensaje ha sido transmitido por un Consejo de Seguridad unido, por la Liga Árabe y por los vecinos de Iraq.

También existe una confianza universal en los dos jefes de las inspecciones, el Dr. Blix y el Dr. ElBaradei. Ellos están realizando un trabajo muy profesional. Este fin de semana están en Bagdad mostrando de manera clara a las autoridades iraquíes, una vez más, lo que deben hacer para cumplir con su obligación de desarme. La enérgica intervención del Secretario Powell en el Consejo de Seguridad el miércoles pasado, sin duda ha reforzado la actuación de estos inspectores.

Si logramos, por medio de inspecciones efectivas y creíbles, que Iraq cumpla y se desarme, será una gran ganancia. Iraq ya no representará una amenaza para sus vecinos y le daremos entonces un poderoso mensaje a todos los demás países que se vean tentados a desarrollar o adquirir armas de destrucción masiva. Podremos entonces reforzar el régimen de la no-proliferación en todo el mundo.

En la resolución 1441, el Consejo decidió reunirse inmediatamente si se informa sobre cualquier material que pueda perturbar las obligaciones de Iraq o si Iraq presenta cualquier interferencia con las inspecciones. El Consejo remarcó, en ese contexto, que le ha advertido a Iraq en repetidas ocasiones que enfrentará graves consecuencias como resultado de sus continuas violaciones a sus obligaciones.

Es por ello que, si Iraq no aprovecha esta última oportunidad y continúa con su resistencia, el Consejo tendrá que tomar otra decisión drástica, basándose en los descubrimientos de los inspectores. Será una decisión más compleja y quizá más funesta que la decisión tomada en 1990. Si el momento llega, el Consejo deberá afrontar sus responsabilidades.

En mi experiencia, todo resulta mejor y es más efectivo cuando los miembros del Consejo trabajan al unísono. El Consejo debe proceder de manera decidida, reflexiva y deliberada. Sus medidas deben ser firmes, efectivas, creíbles y razonables no sólo para los miembros del consejo sino para el público en general.

Si el Consejo permanece unido, como lo hizo al aceptar la resolución 1441, tendrá un mayor impacto y una mejor oportunidad de alcanzar su objetivo, el cual debe ser una solución amplia que reintegre a la comunidad internacional a los iraquíes, quienes han sufrido enormemente.

El éxito de la diplomacia significa maximizar el apoyo. En la situación actual, significa darle más peso a la autoridad del Consejo de Seguridad y fortalecer el orden mundial, especialmente en las áreas de paz y seguridad.

Esto es importante porque lo que sucede en Iraq tiene consecuencias más allá del país. Dicha situación tiene implicaciones, buenas o malas, en temas de gran importancia para Estados Unidos y el mundo entero. Por ejemplo, puede afectar enormemente el clima en el que conducimos la lucha en contra del terrorismo internacional.

Mientras más amplio sea el consenso con respecto a Iraq, existe una mayor posibilidad de que podamos reunirnos y resolver efectivamente otros conflictos urgentes en el mundo. Estos conflictos causan un dolor indescriptible y necesitan nuestra atención con urgencia: desde Israel y Palestina hasta el Congo y Cote d'Ivoire, eso sin mencionar nuestros esfuerzos por estabilizar Afganistán.

Además de esto, tenemos una agenda internacional mucho más amplia que los líderes del mundo crearon cuando se reunieron en Naciones Unidas durante la Cumbre del Milenio en el año 2000.

Todos adoptaron la Declaración del Milenio, estableciendo así objetivos propios, no sólo en las áreas de paz, seguridad y desarme, sino en las de desarrollo, erradicación de la pobreza, (especialmente en África) la protección de nuestro medio ambiente, la lucha contra el VIH/SIDA, la promoción de la educación tanto para niños como para niñas, la ayuda para refugiados y personas desplazadas y el respeto a los derechos humanos, la democracia y el buen gobierno.

El papel de Naciones Unidas en el siglo veintiuno se calificará por nuestros éxitos o nuestros fracasos para alcanzar esos Objetivos del Milenio, y no sólo por nuestro trabajo en Iraq.

Todos debemos entender que Naciones Unidas no es una entidad separada o extraña que pretende imponer su voluntad e itinerario a los demás. Naciones Unidas somos nosotros: ustedes y yo. Es una alianza mundial formada por 191 países, de los cuales cada uno tiene que hacer sus propias contribuciones. Entre ellos, su país, Estados Unidos, es el más poderoso y uno de los principales promotores de la fundación de Naciones Unidas en 1945 y de su acción colectiva desde entonces.

Cuando existe un fuerte liderazgo por parte de Estados unidos, ejercido por la persuasión diplomática paciente y la formación de coaliciones, puede decirse que Estados Unidos es exitoso, y Estados Unidos lo es. Naciones Unidas es muy útil para todos sus miembros, incluyendo a Estados Unidos, cuando se encuentra unida y trabaja como una fuente de acción colectiva y no de desacuerdo.

Les pido a todos los norteamericanos presentes que tengan esto en mente, especialmente a ustedes, los estudiantes de este gran colegio que tiene una gran tradición de servicio comunitario. Muchos de ustedes están a punto de elegir una carrera. Espero que muchos de ustedes se integren al servicio público. Es posible que no ganen mucho dinero, pero serán felices y se sentirán satisfechos. Pero también espero que todos ustedes, independientemente de la profesión que elijan, deseen ayudar al público y contribuir con el bienestar de su país y de todos sus semejantes, especialmente con el de aquellos que viven en la pobreza y la miseria en otros continentes y anhelan una vida libre de carencias y libre de temores.

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última actualización: 9/02/07