¿Sólo naturaleza alterada?

“La anormalidad de los ciclos naturales se debe, en una forma muy importante, a la actividad antrópica generada por el hombre”

Ricardo Zapata,

Punto focal de evaluación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y coautor del cuarto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)

 

Es el experto por excelencia en desastres naturales de América Latina, recorre el mundo explicando y alertando acerca del suicidio colectivo que supone el no actuar contra todo aquello que altera los ciclos del planeta que compartimos. Intenta concienciar, allá donde va, de que el cambio climático no va a llegar; de que el cambio climático ya es, ya está; y de que estamos sufriendo hoy algo que, quizá, se podía haber evitado, pero que nos afecta a todos y contra lo que todos debemos actuar. A pesar de los esfuerzos que Ricardo Zapata y muchos de sus colegas dedican a difundir los efectos, impactos y, más recientemente, las estrategias de mitigación aplicables al cambio integral del clima, aún muchos intereses particulares siguen poniendo trabas a la divulgación de ciertos datos que, traducidos a un lenguaje más mundano, vienen a decir que hemos hecho de la Tierra un vertedero, y que tendremos que acarrear con las consecuencias.

Aunque el mayor y principal interés de los habitantes de este planeta debería ser su conservación (la de ellos y la del planeta), muchos gobiernos de muchos países no conceden, según se puede observar por sus acciones, un lugar prioritario al tema. El segundón siempre va por detrás del interés económico a corto plazo. Es por esto, que datos, como los expuestos en la cuarta evaluación del IPCC, sufren ciertas alteraciones cuando llega el momento de que los Estados den su visto bueno a la publicación de los informes. “Evidentemente, el documento fue víctima de las negociaciones políticas que vinieron después. Hubo delegaciones que, muy intensamente, buscaron suavizar el texto, aunque científicos originarios de esos países se opusieron, como fue el caso de Estados Unidos, pero también hay que decir que esa actitud se hizo extensible a países en desarrollo que ven en peligro su crecimiento”.

Zapata siente lo que hace. Lo deja ver en la manera en que defiende la dignidad y credibilidad de estos documentos: “la riqueza de los informes no se pierde, pero sí se desvirtúan, en cierta medida, cuando por influencia de los gobiernos, se deforman, en las conclusiones, afirmaciones que están bien documentadas”.

El enfoque desde el cual Zapata valora estas acciones estatales puede resultar original y novedoso. Lejos de arremeter contra manipuladores, lamenta que tratar de construir eufemismos con los datos emanados de documentos del IPCC sea “una pérdida para los tomadores de decisiones”. Por este motivo, opina que los malabares gubernamentales no traen como consecuencia una merma en el prestigio de los miembros del IPCC quienes, por el hecho de trabajar para este organismo, han de "navegar en ese complejo mar donde, por un lado, está la evidencia científica y, por el otro, los intereses de los gobiernos”. Pero, lo esencial de todo esto es que, según cuenta Zapata, el informe completo conserva su espíritu intacto, aunque el resumen ejecutivo, que es la referencia para medios de comunicación de masas y la clase política en general, no tanto.

Aunque se intente maquillar datos, aunque se siga viendo hongos de polución rodeando las grandes urbes mundiales, aunque todos estos debates y campañas sobre y contra el cambio climático parezcan, a los ojos de la ciudadanía, papel mojado, Zapata alza una voz bastante optimista: “el mero hecho de que estos debates tengan lugar, el hecho de que sean internacionales y públicos, y el hecho de que quede en evidencia que la comunidad internacional alberga intereses muy contradictorios, ya es positivo, por sí solo”.

En resumen; al menos hablamos de ello y sabemos que, como dice Zapata, esto de la lucha contra el cambio climático tiene bastante que ver con los tangos de Gardel. “Damos un pasito para adelante y dos para atrás” pero, siempre será “mejor que se hable abiertamente del tema aunque, a veces, suene un poco estéril, que esconderlo todo debajo del tapete”.

 

 

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