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Sin embargo, no podemos permitirnos ser complacientes. Mientras dos tercios de los estados a nivel mundial son signatarios de tratados de áreas libres de armas nucleares, la mayoría de la población mundial aún vive en países que poseen aramas nucleares.
Los esfuerzos internacionales para prevenir la proliferación nuclear y lorgrar el desarme continúan enfrentando retos significativos.
El progreso en el desarme nuclear no es un fin en si mismo, este también ayudará a reducir significativamente el riesgo de la proliferación nuclear y del terrorismo. Siendo realistas, el desarme nuclear puede ocurrir solo si de manera simultánea se tienen estrictos controles para prevenir la falta de cumplimientos.
Está claro que el desarme y la no proliferación son de vital importancia para moldear la paz y seguridad internacional, pero no debemos perder de vista su estrecha relación con los esfuerzos para promover el desarrollo. Hoy en día, los países alrededor del mundo gastan cerca de 1.3 bilones de dólares en su milicia y armamaneto. Si parte de estos recursos fueran destinados al desarrollo económico y social, podríamos lograr avances significativos hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En un momento de alzas en los precios de los alimentos y combustibles y de incertidumbre en la economía mundial, el mundo no puede permitirse ignorar el potencial de desarrollo del desarme y la no proliferación.