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Las Naciones Unidas y el Terrorismo

por Marta Maurás Pérez

Los ataques terroristas del 11 de septiembre nos han afectado a todos de una u otra manera. ¿Cuál es el papel de Naciones Unidas en esta coyuntura tan crítica? Multiple y situado en cuatro grandes planos: el normativo, el político, el humanitario y el de desarrollo. El primer plano se refiere a los acuerdos internacionales para erradicar el terrorismo. El mismo día 11 de septiembre, el Secretario General Kofi Annan y el Consejo de Seguridad emitieron declaraciones condenando inequívocamente los ataques a la Torres Gemelas y al Pentágono. La Asamblea General y el Consejo de Seguridad adoptaron al día siguiente fuertes resoluciones, calificando los actos como amenazas para la paz y la seguridad internacionales. Luego, el Consejo emitió una segunda resolución, mucho más específica, que impone obligaciones tajantes para los Estados Miembros respecto a la erradicación del financiamiento a las organizaciones terroristas y a la cooperación en las investigaciones criminales. Estas resoluciones son enormemente importantes, no sólo por el mensaje que envían, sino porque proveen las herramientas políticas para actuar en el nivel nacional e internacional.

El plano político es aún más desafiante. Éste no sólo tiene que ver con Afganistán, el ojo de la tormenta, sino con la gravísima situación del Oriente Medio. La labor fundamental de Naciones Unidas en Afganistán es y debe de ser la de facilitar el proceso de diálogo para crear instituciones legítimas que representen, en su totalidad, al pueblo afgano. En palabras de Kofi Annan, en ocasión de la reunion histórica de Bonn donde se reunieron representantes de varias facciones étnico/políticas, “el papel de Naciones Unidas no es imponer un sistema particular sobre el pueblo afgano. Ésta es una decisión que los afganos mismos deberán tomar y las Naciones Unidas estarán allí para asistirlos en el proceso.” Es claro que el papel de Naciones Unidas no es el de actuar como “gobierno” al estilo de Timor Oriental o Kosovo. Los que conocen Afganistán saben que soluciones impuestas desde afuera no prosperan. Una vez encontrada la solución política, sin duda Naciones Unidas prestará el apoyo técnico para los servicios básicos y de rehabilitación.

El tercer plano de acción de Naciones Unidas es el de la indispensable ayuda humanitaria. Ya el año pasado las agencias humanitarias describían la situación afgana como catastrófica y cada vez peor. Hoy 7.5. millones de personas en Afganistán y en los campos de refugiados están al borde el desastre. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha logrado recolectar su meta mensual de 52,000 toneladas métricas. Sin embargo, la preocupación fundamental continúa siendo la distribución interna de provisiones. Más de tres millones de personas han logrado sobrevivir, gracias al esfuerzo del personal local de las agencies de la ONU y las ONGs que se enfrentan a la inminencia del arduo invierno y a los peligros de una sociedad devastada por el fanatismo, la pobreza y la guerra.

Sin embargo, la labor humanitaria de Naciones Unidas no sólamente se concentra en la crisis afgana, sino también en la compleja situación de otros países como Angola, Somalia, Sudan, la República Democrática del Congo y Burundi que permanecen “detrás de las cámaras” pero que requieren urgente atención. Recientemente, Kofi Annan hizo un llamado a la comunidad internacional para recolectar 2.5 billones de dólares en cooperación internacional, cifra inferior al gasto militar diario a nivel mundial, para socorrer a más de 33 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria y protección.

El cuarto plano de acción es el del desarrollo económico y social. La reconstrucción de Afganistán es, sin duda, una de las prioridades de Naciones Unidas y es el principal objetivo de la reciente reunión del PNUD, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo Asiático, en Islamabad y la que se desarrolla esta semana en Berlín.

Pero también está el resto del mundo y la necesidad imperiosa de reducir la pobreza. Es escandaloso que en una era de prosperidad sin precedentes, sea también sin precedentes la baja de la cooperación para el desarrollo (menos del 0.2 % del PNB global en el año 2000), la que está eminentemente destinada a los países más pobres. Por otra parte, barreras arancelarias y no arancelarias siguen impidiendo el comercio en los sectores críticos para los países en desarrollo, particularmente en la agricultura y los textiles. La deuda continúa siendo insostenible para muchos y el combate al SIDA necesita recursos importantes y medidas dramáticas, como la reducción del precio de los medicamentos.

Por éstas y otras justas razones es que la Conferencia Internacional de Naciones Unidas para el Financiamiento para el Desarrollo, a celebrarse en Monterrey, México del 18 al 22 de Marzo del 2002, tiene singular importancia para sostener las buenas palabras con acciones concretas que beneficien a los países en desarrollo. En el mundo globalizado en el que vivimos, la pobreza del otro simplemente se convierte en el problema de uno y las Naciones Unidas tienen un papel fundamental que cumplir.


Marta Maurás es la Directora de la Oficina de la Vice-Secretaria General de Naciones Unidas y miembro del equipo ejecutivo de Kofi Annan.


 
 
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Última actualización
20/04/06