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Un nuevo comienzo para
Iraq
por Kofi A. Annan
El éxito de las elecciones realizadas
en Iraq la semana pasada ha creado una oportunidad muy excitante.
Es de gran importancia que la transición en Iraq
sea exitosa. Por ello, estoy decidido a que las Naciones
Unidas desempeñen totalmente el rol que les corresponde
para ayudar al pueblo de Iraq a alcanzar este propósito.
Pero también es importante que un mundo que ha estado
furiosamente dividido sobre el tema de Iraq reconozca que
ahora todos compartimos una agenda común: impulsar
a Iraq más allá de este punto inicial, logrado
con las elecciones, hasta alcanzar un futuro pacífico,
próspero y democrático.
Incluso las cicatrices que dejaron las
diferencias del pasado pueden ser convertidas en oportunidades.
Es precisamente porque las Naciones Unidas no estuvieron
de acuerdo con algunas de las acciones iniciales que se
emprendieron en Iraq, que hoy la Organización cuenta
con la credibilidad necesaria y el acceso a grupos en Iraq
cuya participación es indispensable para que prevalezca
la paz en el nuevo proceso político. Ahora es el
momento de utilizar ese capital.
Quiero aprovechar este momento y animar
a la comunidad internacional a unirse en torno a Iraq, por
medio de las Naciones Unidas.
Nadie fue ajeno a la emoción de
ver el valor demostrado por los iraquíes al acudir
a las urnas. Las Naciones Unidas están orgullosas
de la asistencia que pudieron brindarles, tanto en el desarrollo
de las bases políticas necesarias para las elecciones
como en los preparativos técnicos. Ayudamos a redactar
el proyecto de legislación electoral y a establecer
la Comisión Electoral Independiente, la cual dirigió
las elecciones. Esta Comisión, contó con el
apoyo de un equipo electoral de la ONU compuesto por más
de 50 funcionarios desplegados en Bagdad, Amman y Nueva
York. La ONU capacitó a los miembros de la comisión
y a cientos de funcionarios electorales, quienes a su vez
entrenaron a miles más. A todos ellos hemos asesorado
y apoyado durante todo el proceso.
Creo que también podemos ayudar
en la siguiente fase, durante la delicada tarea de construir
una constitución. Ahí también, nuestro
apoyo debe ser político y técnico. En lo político,
mi representante especial Ashraf Qazi ya está realizando
esfuerzos para alcanzar a aquellos grupos, especialmente
los Arabes Sunni, que por alguna razón se alejaron
de las elecciones pero que están dispuestos a alcanzar
sus metas mediante el diálogo y la negociación
pacífica.
El éxito de este esfuerzo es crucial.
Algunos grupos están resentidos por la ocupació,
y sienten que han sido excluidos del proceso político.
Se deben realizar todos los esfuerzos necesarios para atraerlos
al proceso. Mientras más grande sea el espectro de
iraquíes que participe, mayores posibilidades habrá
de alcanzar el éxito.
La nueva constitución será,
por supuesto, una constitución iraquí y es
el pueblo de Iraq el que decidirá su forma. No se
trata de imponer una idea externa o un modelo con el que
no estén de acuerdo. Pero si solicitan consejo, y
creo que lo harán, tenemos conocimientos y experiencia
considerables para ofrecer nuestra ayuda.
En octubre se realizará un referéndum,
una vez que el proyecto de constitución sea acordado,
para darle a todos los iraquíes la oportunidad de
pronunciarse sobre él. Esperamos poder apoyar a la
comisión electoral en la organización de este
referéndum y en la realización de las subsecuentes
elecciones parlamentarias, de la misma manera en la que
trabajamos con ellos para preparar las elecciones de la
semana pasada y en la que continuamos trabajando para tabular
y verificar los resultados.
También podemos ofrecer nuestra
asistencia técnica a los nuevos ministros. Muchas
personas parecen creer, por el hecho de que sólo
contamos con 200 funcionarios internacionales en Iraq (de
los cuales tres cuartas partes son guardias), que la ONU
no tiene presencia ni actividad ahí. Esto es muy
equivocado. Primero, porque la ONU tiene un gran personal
iraquí y en segundo lugar porque nuestro trabajo
(capacitación, asesoría, coordinación,
procuración de fondos) puede ser realizado desde
fuera del país.
De hecho, 23 agencias, fondos y programas
de las Naciones Unidas están trabajando en conjunto
para coordinar la asistencia internacional y ayudar a reconstruir
el país. Hasta la fecha se han aprobado y financiado
cuarenta y seis proyectos por un monto total de $494 millones
de dólares.
En Basrah, por ejemplo, el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo está proporcionando
el equivalente de $15 millones de dólares en refacciones
para rehabilitar la planta eléctrica de Hartha. Se
planean proyectos similares para estaciones eléctricas
en otras ciudades iraquíes, a la vez que ingenieros
del ministerio de electricidad están siendo capacitados
en Japón en un programa conjunto financiado por este
país y Bélgica. Mientras tanto, en Fallujah,
un grupo dirigido por el UNICEF ha distribuido cerca de
7 millones de litros de agua potable a más de 70
mil personas desplazadas de sus hogares durante los combates
recientes.
Estas actividades son financiadas por
el Fondo Internacional para la Reconstrucción, establecido
por las Naciones Unidas y el Banco Mundial. Hasta ahora,
24 donantes han prometido una suma de casi mil millones
de dólares. Tenemos que asegurarnos que estos compromisos
se cumplan y que el dinero sea utilizado adecuadamente.
Esto puede ayudar a que los iraquíes mejoren sus
vidas diarias de maneras muy tangibles.
No pretendamos que la tarea será
fácil. Iraq se localiza en una región complicada
del mundo y tiene un pasado reciente tortuoso. También
tiene una sociedad muy diversa, y algunos grupos decididos
a evitar la democracia a toda costa. Pero creo que, con
la ayuda internacional, esa sociedad puede usar a las instituciones
democráticas para construirse un futuro estable y
próspero. Esa esperanza, y esa visión, nos
ofrecen a quienes estamos en el mundo exterior una oportunidad
para arrancar de nuevo, juntos, y apoyar al pueblo de Iraq
en esta gran empresa.
Tenemos un mandato del Consejo de Seguridad
para encabezar la unión de estos esfuerzos y vamos
a hacerlo.
El autor es Secretario General de las
Naciones Unidas
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