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¿Por qué
es importante la ONU?
por Kofi A. Annan
Durante el último año he
leído numerosos ataques contra las Naciones Unidas.
Esto me duele porque he servido a la ONU durante toda mi
vida. He hecho, y continúo haciendo, todo lo que
está a mi alcance para corregir sus imperfecciones,
para mejorarla y para fortalecerla. Creo profundamente en
la importancia de esta tarea, pues es de vital importancia
para la humanidad que la ONU sea fuerte.
Cuando el desolador desastre del tsunami
azotó el Océano Índico, causando la
muerte de por lo menos 150 mil personas y destruyendo los
medios de subsistencia de millones, el Presidente Bush actuó
velozmente para formar un grupo de naciones que contaban
con fuerzas militares disponibles en la región. Esta
fue una acción correcta, pues puso en marcha los
esfuerzos de asistencia que eran esenciales.
Pero una semana más tarde, cuando
todos los interesados se reunieron en Yakarta para planear
y coordinar el esfuerzo multinacional, todos, incluyendo
los Estados Unidos, estuvieron de acuerdo en que la ONU
debería coordinar estas acciones.
¿Por qué? Por dos razones.
En primer lugar, la ONU tiene las habilidades necesarias.
Su Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios
que establecí en 1997, poco después de asumir
el cargo, está diseñada específicamente
para hacerse cargo de las funciones que le fueron requeridas.
Cuenta con una estructura sencilla que no se interpone en
el trabajo de los demás ni hace el trabajo por ellos,
pero que es capaz de obtener rápidamente los insumos
necesarios y de encontrar la organización que se
requiera para distribuirlos.
En segundo lugar, y de mayor importancia,
todo el mundo estaba dispuesto a trabajar con la ONU: los
gobiernos y los pueblos de los países afectados,
los donantes y las organizaciones sin fines de lucro cuyo
rol es esencial en todas las emergencias, grandes y pequeñas.
Todos ellos reconocen que la ONU es la institución
adecuada para guiar los esfuerzos, pues no obedece a los
intereses particulares de nadie. Pertenece a todo el mundo.
Iraq es otro ejemplo de la importancia
de la ONU; uno más complicado, debido al contexto
de una aguda división política. Sin lugar
a duda, la guerra en Iraq hace dos años ocasionó
que muchas personas en todos lados perdieran fe en la ONU.
Quienes favorecían una acción militar contra
Sadam Hussein se desilusionaron de que el Consejo de Seguridad
no tuviera, en su opinión, el valor de hacer que
sus resoluciones fueran cumplidas. Y quienes se oponían
a la acción militar se vieron frustrados por la incapacidad
de la ONU de prevenir una guerra que consideraban innecesaria
y prematura.
Sin embargo, cuando los Estados Unidos
y sus aliados desearon que una entidad iraquí con
un amplio apoyo nacional e internacional les ayudara a dirigir
el país, acudieron a la ONU y a mi representante
especial Sergio Vieira de Mello, para pedir ayuda. Él
convenció a Paul Bremer de que se debería
tratar de un Consejo de Gobierno y no solamente de un organismo
asesor. También persuadió a líderes
iraquíes claves, como Ayatollah Sistani, para que
sus seguidores se sumaran al consejo. Sergio y 21 de sus
colegas pagaron con sus vidas por el valor y la determinación
con la que ayudaron al pueblo de Iraq, como lo hacen por
cierto muchos otros valientes servidores de la ONU de los
que el mundo rara vez se entera.
El año pasado, cuando la Coalición
deseó transferir el poder a un gobierno interino
iraquí, acudieron de nuevo a las Naciones Unidas
para solicitar ayuda. Sabían que la legitimidad y
soberanía del nuevo gobierno serían aceptadas
sólo si la ONU estaba involucrada en el proceso.
Tanto los iraquíes como los americanos
pidieron apoyo a la ONU en la organización de las
elecciones del mes pasado. La ONU ayudó a redactar
los proyectos de legislación electoral y la ley sobre
los partidos políticos. Asimismo, apoyó la
selección y capacitación de los miembros de
la Comisión Electoral Independiente y de cientos
de organizadores electorales (que a su vez capacitaron a
miles más). También colaboró en la
elaboración de los padrones electorales. Además,
estuvo presente para brindar asesoría sobre el desarrollo
mismo de las elecciones, el conteo de votos y la presentación
de los resultados. De nuevo, contábamos con los conocimientos
necesarios pues hemos organizado elecciones en 92 países
incluyendo los comicios recientes en Afganistán y
Palestina. Pero aún de mayor importancia, es la legitimidad
que resultó de nuestra participación. Los
resultados de una elección organizada por los poderes
de la coalición, o por iraquíes seleccionados
por la misma, no habrían tenido resultados tan aceptados
por el mundo exterior y probablemente tampoco por Iraq.
Ahora los iraquíes cuentan con
su propia Asamblea Nacional de Transición electa
y pronto tendrán un gobierno electo y que deberá
rendir cuentas. La Asamblea deberá redactar un proyecto
de constitución que sea aceptable para todos lo iraquíes
y el gobierno debe frenar a sus opositores más violentos
ganando la confianza de los grupos que no votaron en las
elecciones, principalmente los árabes sunnitas, atrayéndolos
al proceso político.
Aquí también la ONU puede
ayudar y lo hará. Si nos lo solicitan, podemos ofrece
nuestra asesoría experta en la redacción de
la constitución. Podemos llegar hasta esos grupos,
principalmente los árabes sunnitas, que se alejaron
de las elecciones por alguna razón pero que están
dispuestos a alcanzar sus metas mediante una negociación
pacífica y el diálogo. Y podemos reunir a
la comunidad mundial en un esfuerzo conjunto para ayudar
a Iraq a reconstruirse y a sanar las heridas ocasionadas
por la dictadura y por la guerra.
Incluso las cicatrices que dejaron las
diferencias del pasado se pueden convertir en oportunidades.
Precisamente porque las Naciones Unidas no estuvieron de
acuerdo con algunas de las primeras acciones realizadas
en Iraq, hoy cuentan con la credibilidad necesaria para
acceder a los grupos iraquíes que deberían
estar de acuerdo en participar en el nuevo proceso político
de tal manera que pueda prevalece la paz. La ONU puede ser
útil porque es percibida como independiente e imparcial.
Si se llegase a considerar como un instrumento o una extensión
de la política exterior de los Estados Unidos, perdería
su valor para todas las personas.
Podría continuar. Podría
referirme a las 18 operaciones de paz desplegadas en países
asolados por la guerra alrededor del mundo y de decenas
de millones de personas hambrientas y sin hogar, además
de aquellos afectados por el tsunami, a quienes estamos
llevando ayuda. De hecho, cuando críticos mal informados
intentan lastimar a la ONU, a quienes están afectando
más no es a los diplomáticos o a los burócratas
sino a las personas inocentes atrapadas por la guerra o
la pobreza que necesitan desesperadamente de la ayuda mundial.
Algunos desaprueban lo que consideran
una falta de principios en la toma de decisiones de la ONU
y señalan los compromisos que surgen inevitablemente
de una entidad compuesta por 191 estados miembros. Cualquiera
que ataque a la ONU por no lograr servir a los intereses
globales debería, como parte de este ejercicio, hacer
una revisión crítica de las decisiones adoptadas
por cada nación dentro del organismo. Encontrarán
que hay bastante que criticar. Pero también deben
recordar que la ONU, como los Estados Unidos y otras grandes
democracias, es una obra en construcción que siempre
está esforzándose para acortar la distancia
entre la realidad y los ideales que le dieron origen. Por
ello, quienes creen en la libertad y la paz deberían
trabajar para fortalecer a la ONU y no para destruirla.
La ONU, por supuesto, está lejos
de ser perfecta. No obstante. algunas de las acusaciones
recientes en su contra han sido exageradas. El informe provisional
de la investigación independiente realizada por Paul
Volcker ha ayudado a poner en perspectiva el programa Petróleo
por Alimentos. Incluso, se ha demostrado que algunas
de las aseveraciones más exageradas eran falsas.
Sin embargo, soy el primero en admitir
que se han descubierto fallas reales y preocupantes como
la falta de ética y errores administrativos. Estoy
decidido a realizar con el apoyo de los Estados Miembros
las reformas administrativas sugeridas claramente por la
investigación de Volcker.
Aún más impactantes son
los casos generalizados de explotación sexual y de
abuso de menores por parte de personal de mantenimiento
de la paz y de funcionarios de la ONU en la República
Democrática del Congo y otros países africanos.
Tanto la Secretaría de la ONU como los Estados Miembros
han tardado demasiado tiempo en darse cuenta de la dimensión
de este problema y en tomar medidas para detenerlo y para
castigar a los culpables. Pero lo estamos haciendo ahora
y estoy decidido a llegar hasta el final.
En mis ocho años como Secretario
General he hecho mucho con el apoyo de los Estados Miembros
para lograr una mayor coherencia y eficiencia de la ONU.
Ahora debemos hacerla más transparente y debe rendir
cuentas, no sólo hacia los diplomáticos que
representan a los gobiernos miembros, sino también
frente al público.
La ONU no sobrevivirá en el Siglo
XXI si la gente común de todas partes del mundo no
siente que está trabajando para ellos, protegiéndolos
de los conflictos (civiles e internacionales), de la pobreza,
el hambre, las enfermedades y la degradación del
medio ambiente. En los años recientes, la amarga
experiencia nos ha enseñado que un mundo en dónde
países enteros se abandonan a la ingobernabilidad
y la carencia, no es un mundo seguro para nadie. Debemos
revertir el hambre y la pobreza así como luchar contra
el terrorismo, la proliferación de armas mortales
y el delito; empezando con decisiones urgentes del Consejo
de Seguridad para detener los crímenes abominables
que se perpetran en Darfur y llevar a los criminales a la
justicia internacional.
El próximo septiembre tendremos
una oportunidad real para hacer que la ONU sea más
útil para todos sus miembros. Los líderes
de todas partes del mundo acudirán a una Cumbre de
las Naciones Unidas en Nueva York. Les presentaré
un programa de propuestas claras y alcanzables para hacer
que la ONU funcione mejor y que el mundo sea más
seguro y más justo.
Creo que los ciudadanos de Estados Unidos
quieren hacer tanto como cualquier otra persona del planeta.
Más que ningún otro pueblo, ellos tienen el
poder para hacerlo si escuchan a los demás, trabajan
con ellos y asumen el liderazgo de un esfuerzo concertado.
Espero con gran entusiasmo la reunión de septiembre
con la esperanza que nos den ese liderazgo.
El autor es Secretario General de las
Naciones Unidas
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