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Una oportunidad para la paz en Darfur

Por Kofi A. Annan y Alpha Oumar Konare

Si bien nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han muerto en el conflicto de Darfur, en el Sudán occidental, más de 2,6 millones sufren por este conflicto y necesitan ayuda urgente.

Se han quemado aldeas, destruido cultivos, asesinado hombres, violado mujeres y secuestrado niños.

Dentro del territorio sudanés han sido desplazadas de sus hogares 1,9 millones de personas. Otras permanecen en sus casas pero se les impide plantar los cultivos de que depende su subsistencia. Si no reciben pronto alimentos, también se verán obligadas a partir en su busca, acudiendo a unos campamentos ya atestados.

Durante un tiempo, los crímenes contra la población civil en Darfur no ocuparon las portadas de los periódicos. Pero hace ya más de un año que aparecen en ellas. El hecho de que haya sido necesaria la información intensiva de los medios de comunicación mundiales para que se pasara a la acción constituye un reproche no sólo para el Sudán, sino también para todo el mundo. Incluso en la actualidad, quienes están intentando poner fin a la crisis de Darfur no reciben el tipo de apoyo que necesitan.

Nuestras dos organizaciones se han unido para evitar nuevos sufrimientos. Las Naciones Unidas llevan la iniciativa a la hora de socorrer a las víctimas e intentar acabar con la impunidad de que gozan quienes han cometido los crímenes más atroces. La Unión Africana lleva la iniciativa en lo que respecta a garantizar la seguridad sobre el terreno y en los esfuerzos por reactivar las negociaciones políticas, que son el único medio de lograr una paz duradera y cuya reanudación está prevista para el próximo 10 de junio en Abuja (Nigeria).

En los últimos meses la situación se ha estabilizado y no se reciben noticias de tantos crímenes en gran escala. Está en marcha una operación humanitaria masiva dirigida por las Naciones Unidas, en la que más de 10.000 trabajadores humanitarios (en su mayoría sudaneses) ofrecen alimentos, agua, cobijo y demás ayuda vital a un máximo de 1,8 millones de personas. En las zonas donde hay tropas de la Unión Africana desplegadas sobre el terreno su labor heroica ha modificado la situación: la población está menos expuesta a la violencia depredadora, muchas personas han regresado a sus aldeas y los ataques han disminuido.

Así pues, en algunas zonas la situación humanitaria es sin duda mejor que hace un año, pero el acceso sigue siendo limitado, se ha intensificado el acoso a los trabajadores humanitarios y la inseguridad sigue siendo inaceptablemente elevada. Cientos de miles de damnificados por la guerra todavía no reciben la ayuda necesaria y por el momento no hay suficientes contingentes de la Unión Africana para poder desplegarlos por todo el vasto territorio. En muchas zonas, el personal de socorro es con frecuencia hostigado por las autoridades locales, y a veces incluso atacado, secuestrado o amenazado con violencia. Los miembros de los equipos de socorro no gubernamentales procedentes del extranjero tienen cada vez más dificultades para obtener visados. Los camiones que reparten la ayuda son asaltados, a menudo por los rebeldes. A principios de este mes fueron asesinados dos conductores del Programa Mundial de Alimentos en incidentes distintos. Por este motivo, en muchos casos la ayuda no llega a quienes más la necesitan.

La respuesta internacional resulta pues insuficiente en dos aspectos vitales: se necesitan otros 350 millones de dólares en ayuda para que más de 3 millones de personas puedan sobrevivir durante el resto del año y hacen falta más tropas, policías, aviones y demás medios de transporte, capacitación y logística para que la Unión Africana pueda proteger a la población en gran parte de Darfur.

Como parte de nuestro empeño por abordar la crisis en Darfur, hemos convocado conjuntamente [para esta semana/mañana/hoy] una conferencia de donantes en Addis Abeba: para dar al resto del mundo -y en especial a los países ricos que tienen recursos para contribuir, y cuyos medios de comunicación y opinión pública han insistido más en la necesidad de poner fin a las atrocidades en Darfur- la oportunidad de acudir y prestar apoyo práctico a los africanos que realmente están trabajando sobre el terreno. Esta conferencia complementará la celebrada el mes pasado en Oslo, en la que se prometieron 4,500 millones de dólares en ayuda al Sudán, sobre todo para mantener la frágil paz que se ha logrado por fin entre el norte y el sur tras 21 años de guerra civil.

Será sin duda beneficioso para Darfur si el resto del Sudán está en paz y si el nuevo gobierno de unidad nacional (que debe tomar posesión el mes de julio) imprime un rumbo nuevo y más inclusivo a todo el país. De este modo, la fuerza de mantenimiento de la paz integrada por 10.000 efectivos que las Naciones Unidas están desplegando ahora en el sur contribuirá a hacer viable la paz en todo el territorio nacional, incluido Darfur.

Pero es preciso intervenir con urgencia en Darfur, en tres frentes:
La acción humanitaria debe recibir la financiación adecuada y todas las partes deben garantizar plenamente un acceso seguro a los miembros de los equipos de socorro, tanto intergubernamentales como no gubernamentales.

Hay que ampliar sin demora la fuerza de la Unión Africana, y reforzarla con apoyo logístico y financiero, a fin de que pueda garantizar una seguridad real en todo el territorio de Darfur, permitiendo a sus habitantes regresar a sus hogares y volver a cultivar los campos. Los Estados africanos que han prometido contingentes deben enviarlos rápidamente y los donantes proporcionar los medios necesarios para su despliegue. Tanto el gobierno como los rebeldes deben controlar plenamente sus fuerzas y milicias aliadas y conseguir que respeten cabalmente el alto el fuego y el derecho humanitario.

Las partes en el conflicto deben negociar un acuerdo político que ofrezca garantías sólidas para una paz duradera. La Unión Africana y el resto de la comunidad internacional pueden y deben ayudar. Pero en última instancia sólo el pueblo sudanés podrá instaurar y mantener la paz.

Los autores son, respectivamente,
el Secretario General de las Naciones Unidas y
el Presidente de la Comisión de la Unión Africana
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Última actualización
10/01/07