por
Kofi A. Annan
Imagine
un mundo de sequía constante, torment as y hambruna,
con islas, deltas y regiones costeras inhundadas por el aumento
del nivel del mar. Un mundo en el que millones mueren a causa
de la contaminación del aire y del agua. Un mundo donde
millones huyen en busca de lugares más seguros para vivir
y otros luchan entre sí por el control de los escasos
recursos naturales.
Ahora imagine
un mundo con agua limpia y "tecnología verde",
en donde casas, transporte e industria utilicen con eficiencia
la energía, donde todos comparten los beneficios del
desarrollo, la industrialización y los recursos naturales
de la Tierra y en donde esos beneficios pudieran sostenerse
de generación en generación.
Nosotros
podemos elegir entre estos dos escenarios.
Hay quienes
opinan que todo crecimiento económico y desarrollo conduce
inexorablemente al Apocalipsis. Otros minimizan los problemas
ecológicos reales que enfrentamos o nos aseguran que
algún descubrimiento tecnológico espontáneo
vendrá a rescatarnos. Ninguna de estas aproximaciones
nos es útil y tampoco son precisas. Nosotros, los seres
humanos, podemos prosperar en el futuro, como lo hemos hecho
en el pasado y vivir en armonía con nuestro medio ambiente.
Sin embargo, hasta el presente no lo hemos logrado.
Durante
los últimos dos siglos, los avances significativos en
las condiciones de vida nos hicieron pensar que los obstáculos
para el bienestar humano habían sido superados. Sin embargo,
tan sólo la enorme población del mundo, su natural
deseo de beneficiarse de la prosperidad disfrutada hasta ahora
por sólo unos pocos y el uso sin precedente de energía
y otros recursos, nos han llevado a un territorio desconocido.
Tampoco debemos olvidar que una quinta parte de la humanidad
continua disfrutando indefinidamente de condiciones de prosperidad,
mientras que cantidades enormes de personas viven en la miseria
y la privación, o que los patrones de producción
y consumo que destruyen el medio ambiente nos traerán
prosperidad permanentemente
La cuestión
no es medio ambiente contra desarrollo o ecología contra
economía, sino la integración de ambas.
Hace diez
años, con los acuerdos logrados en la Cumbre para la
Tierra en Río, pensamos que habíamos encontrado
una salida a esta situación. No obstante, el progreso
ha sido más lento de lo que esperábamos. Los países
desarrollados en especial, no han cumplido con las promesas
hechas, fueran estas de protección al medio ambiente
o de ayuda al mundo en desarrollo. Los debates, tanto locales
como globales, sobre economía y financiamento aún
tratan al medio ambiente como a un invitado no deseado.
Ahora se
nos preenta una nueva oportunidad para solucionar estos problemas:
la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible que se llevará
a cabo en Johannesburgo, Sudáfrica, dentro de tres meses.
Sobra decir
que la Cumbre por sí misma no cambiará la historia.
Creo, sin embargo, que esta Cumbre será vista como un
parteaguas si se logran compromisos claros para impulsar el
cambio e iniciativas frescas que se materialicen en cinco áreas
específicas:
1.- Agua.
Si queremos salvar la vida de más de tres millones de
personas que mueren anualmente por enfermedades causadas por
agua contaminada, tenemos que mejorar los servicios de agua
y sanidad, y lograr que estos servicios sean más accesibles,
además de encontrar nuevas fuentes de financiamiento
para su desarrollo y manejo. Si también se quiere evitar
que dos tercios de la población mundial se enfrenten
a una severa escasez de agua en las décadas por venir,
tendremos que reducir el desperdicio y el número de fugas,
especialmente en áreas como la agricultura ("más
cosecha por cada gota de agua"), e impulsar la gestión
regional de mantos acuíferos vitales para más
de un solo país.
2.- Energía.
Con el fin de que las personas pobres tengan la posibilidad
de escapar de la pobreza, debemos suministrar energía
limpia a los dos mil millones de personas que en la actualidad
carecen de ella. Para conseguir que esto se lleve a cabo, sin
provocar un cambio climático desastroso, debemos mejorar
nuestra eficiencia en el uso de la energía, utilizar
fuentes renovables de energía, implementar el protocolo
de Kyoto, y poner fin a los incentivos fiscales y subsidios
contraproducentes, así como financiar la investigación
de nuevos tipos de energía limpia y de técnicas
para eliminar al carbono.
3.-Salud.
Para salvar la vida de los millones de personas que mueren anualmente
a causa del medio ambiente inseguro (agua contaminada, contaminación
del aire, deshechos tóxicos, enfermedades mortales transmitidas
por insectos), debemos redoblar nuestros esfuerzos para crear
un medio ambiente seguro. También debemos lograr que
todos los servicios de inmunización y tratamiento sean
accesibles para todos, y aumentar la investigación sobre
enfermedades tropicales, que imponen una fuerte presión
económica y humana en los países más pobres
del mundo.
4.- Agricultura.
Si se desea asegurar que la producción de alimentos crezca
al ritmo de bocas que alimentar, debemos encontrar medios para
detener la erosión de la tierra y revertir la aguda disminución
en la productividad agrícola, epecialmente en África.
Esto significa mayor responsabilidad en la planeación
y manejo de la tierra; la implementación de la Convención
de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación
y la financiación de investigaciones sobre cultivos resistentes
a las sequías.
5.- Biodiversidad.
Para detener la rápida extinción de otras especies,
lo cual tiene implicaciones devastadoras para la vida humana,
debemos frenar la excesiva tala de arboles y pesca ilegales;
también debemos ayudar a aquellas personas que actualmente
dependen de dichas actividades para que encuentren otros modos
de subsistencia más sostenibles; así como proporcionar
fondos para la investigación sobre ecosistemas y biodiversidad.
En todas
estas áreas existen iniciativas que se pueden aplicar
ahora mismo -si se utilizan las tecnologías disponibles
y se proporcionan los incentivos correctos. Si invertimos adecuadamente
en la investigación, la ciencia nos dará muchas
más soluciones. El conocimiento siempre ha sido la llave
para el desarrollo humano y será también la clave
para el desarrollo sostenible.
Esta agenda
puede parecer demasiado ambiciosa para algunos y a otros lamentablemente
limitada. Sin embargo, creo que representa un comienzo, esencial
y posible, con el que debemos arrancar si queremos conservar
la esperanza de una vida decente para nuestros hijos y nietos.
De esto trata escencialmente la Cumbre de Johannesburgo.
*
Traducción no oficial del Centro de Información
de las Naciones Unidas para México, Cuba y República
Dominicana