Resumen de noticias

Esta semana
Anteriores

Comunicados

Este año
Anteriores

Artículos de opinión
Calendario
Conferencias de prensa y eventos relevantes en México
Galería de fotos
Temas de interés
Objetivos de Desarrollo del Milenio
2003: Año del Agua
Otros temas de actualidad

Sede de la ONU
Centro de noticias

Correo-e: jmdiez@un.org.mx

< Inicio

 
 

Sala de Prensa

 

 

 

Una estrategia mundial de lucha contra el terrorismo

por Kofi A. Annan

Hace un año, 192 personas inocentes eran brutalmente asesinadas en el atentado terrorista cometido contra varios trenes suburbanos en Madrid. En los últimos años, miles de personas más han sido víctimas del terrorismo en todas partes del mundo. El terrorismo es una amenaza para todos los Estados y todos los pueblos.

También es un ataque directo a los valores básicos que propugnan las Naciones Unidas: el Estado de derecho; los derechos humanos; la protección de la población civil; el respeto recíproco entre las personas de diferentes religiones y culturas; y la resolución pacífica de las controversias.

Por ese motivo, las Naciones Unidas deben estar a la vanguardia de la lucha contra el terrorismo. Lo que se necesita es una estrategia amplia y basada en una serie de principios, que todo el mundo pueda apoyar y aplicar. Propongo a continuación una estrategia de ese tipo, dividida en cinco puntos que llamo "las cinco des".

En primer lugar, debemos disuadir a los grupos descontentos de elegir el terrorismo como táctica para alcanzar sus objetivos. Eligen esa opción porque creen que es eficaz y que contará con el apoyo popular. Esas ideas preconcebidas son la verdadera "causa profunda" del terrorismo. Nuestra tarea consiste en demostrar que son erróneas.

La autoridad moral de las Naciones Unidas se ha visto menoscabada durante demasiado tiempo por inacabables discusiones sobre lo que es el terrorismo: si pueden cometerlo o no los Estados, así como los grupos no estatales, y si incluye o no los actos de resistencia contra la ocupación extranjera.
Ha llegado la hora de poner fin a esas disputas. La utilización deliberada de la fuerza por los Estados contra la población civil ya está prohibida en el derecho internacional. Por otro lado, el derecho a oponer resistencia no puede entrañar el derecho a asesinar o dañar deliberadamente a civiles.

Afirmemos claramente que constituye terrorismo todo acto que obedezca a la intención de causar la muerte o lesiones corporales graves a civiles o no combatientes, con el propósito de intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo. Esa definición tendría una gran fuerza moral, por lo que insto a los dirigentes mundiales a que se unan para respaldarla.

En segundo lugar, debemos dificultar a los terroristas el acceso a los medios para llevar a cabo sus atentados. Eso significa privarles de posibilidades de viajar, recibir apoyo financiero o adquirir material nuclear o radiológico.

El terrorismo nuclear todavía es tratado muchas veces como ciencia ficción. Ojalá lo fuera. Por desgracia, vivimos en un mundo con muchos materiales peligrosos y abundantes conocimientos tecnológicos, en que algunos terroristas están abiertamente decididos a causar matanzas de dimensiones catastróficas.

El Grupo de los Ocho y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han adoptado medidas para eliminar materiales peligrosos, imponer controles eficaces de las exportaciones y colmar ciertas lagunas que presenta el régimen de no proliferación. La Iniciativa de lucha contra la proliferación del Presidente Bush es otra medida importante. Esas medidas deben aplicarse con todo rigor.
Mi tercera "de" se refiere a la necesidad de que los Estados desistan de prestar apoyo a los grupos terroristas.

En el pasado, el Consejo de Seguridad ha aplicado sanciones repetidamente contra Estados que acogían y ayudaban a terroristas. Esa línea de firmeza debe mantenerse y reforzarse. Todos los Estados deben saber que, si prestan apoyo de cualquier tipo a los terroristas, el mundo tomará medidas enérgicas contra ellos.

En cuarto lugar, debemos desarrollar la capacidad de los Estados para prevenir el terrorismo.
Los terroristas utilizan a los Estados débiles como refugio para escapar a la detención y para adiestrar o reclutar a otros terroristas. Por consiguiente, la labor de potenciar la capacidad y la responsabilidad de todos los Estados debe ser uno de los principales componentes de nuestra lucha mundial contra el terrorismo. Esa labor entraña la promoción del buen gobierno y el Estado de derecho, con unas fuerzas profesionales de policía y seguridad que respeten los derechos humanos.

Pocas amenazas ponen de manifiesto más nítidamente esa necesidad que el terrorismo biológico. Pronto habrá en todo el mundo decenas de miles de laboratorios capaces de sintetizar agentes infecciosos con insospechadas posibilidades mortíferas. Hay enfermedades infecciosas letales que pueden propagarse por todo el mundo -intencionadamente o no- en pocos días.

La mejor defensa contra ese peligro consiste en fortalecer los sistemas de salud pública, especialmente en los países pobres, en que muchas veces esos sistemas son deficientes. La Organización Mundial de la Salud ha realizado una meritoria labor de vigilancia de los brotes de enfermedades infecciosas mortales y de control de su propagación. Sin embargo, si se produjera un brote incontenible, de origen natural o provocado por el hombre, serían los sistemas de salud locales los que estarían en primera línea de acción. Necesitamos impulsar una gran iniciativa para establecer esos sistemas.

Tenemos, por último, la quinta "de", que no es en absoluto la menos importante: debemos defender los derechos humanos y el Estado de derecho. El terrorismo es un ataque directo contra esos valores básicos. En nuestra lucha contra el terrorismo no podemos sacrificar esos valores, porque de ese modo estaríamos entregando una victoria a los terroristas. La preservación de los derechos humanos no solamente es compatible con una estrategia eficaz de lucha contra el terrorismo, sino que constituye un elemento esencial de esa estrategia.

Voy a pedir a todos los departamentos y organismos de las Naciones Unidas que contribuyan a poner en práctica esta estrategia. Sin embargo, el trabajo más duro corresponde a los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Los insto a que adopten mi estrategia de cinco puntos y a que trabajen todos juntos para aplicarla.

Eso es lo mínimo que debemos a las víctimas del terrorismo en todo el mundo. Hagamos, en su nombre, todo lo que esté en nuestras manos para evitar que otros seres humanos sigan su mismo destino.

El autor es Secretario General de las Naciones Unidas. El presente artículo es una adaptación del discurso que pronunció el 10 de marzo ante la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad celebrada en Madrid.

 

 

 

Contenido

 
 
© Derechos reservados CINU, 2000  
Última actualización
20/06/05