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Una estrategia mundial
de lucha contra el terrorismo
por Kofi A. Annan
Hace un año, 192 personas inocentes
eran brutalmente asesinadas en el atentado terrorista cometido
contra varios trenes suburbanos en Madrid. En los últimos
años, miles de personas más han sido víctimas
del terrorismo en todas partes del mundo. El terrorismo
es una amenaza para todos los Estados y todos los pueblos.
También es un ataque directo a los valores básicos
que propugnan las Naciones Unidas: el Estado de derecho;
los derechos humanos; la protección de la población
civil; el respeto recíproco entre las personas de
diferentes religiones y culturas; y la resolución
pacífica de las controversias.
Por ese motivo, las Naciones Unidas deben estar a la vanguardia
de la lucha contra el terrorismo. Lo que se necesita es
una estrategia amplia y basada en una serie de principios,
que todo el mundo pueda apoyar y aplicar. Propongo a continuación
una estrategia de ese tipo, dividida en cinco puntos que
llamo "las cinco des".
En primer lugar, debemos disuadir a los grupos descontentos
de elegir el terrorismo como táctica para alcanzar
sus objetivos. Eligen esa opción porque creen que
es eficaz y que contará con el apoyo popular. Esas
ideas preconcebidas son la verdadera "causa profunda"
del terrorismo. Nuestra tarea consiste en demostrar que
son erróneas.
La autoridad moral de las Naciones Unidas se ha visto menoscabada
durante demasiado tiempo por inacabables discusiones sobre
lo que es el terrorismo: si pueden cometerlo o no los Estados,
así como los grupos no estatales, y si incluye o
no los actos de resistencia contra la ocupación extranjera.
Ha llegado la hora de poner fin a esas disputas. La utilización
deliberada de la fuerza por los Estados contra la población
civil ya está prohibida en el derecho internacional.
Por otro lado, el derecho a oponer resistencia no puede
entrañar el derecho a asesinar o dañar deliberadamente
a civiles.
Afirmemos claramente que constituye terrorismo todo acto
que obedezca a la intención de causar la muerte o
lesiones corporales graves a civiles o no combatientes,
con el propósito de intimidar a una población
u obligar a un gobierno o a una organización internacional
a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo. Esa definición
tendría una gran fuerza moral, por lo que insto a
los dirigentes mundiales a que se unan para respaldarla.
En segundo lugar, debemos dificultar a los terroristas el
acceso a los medios para llevar a cabo sus atentados. Eso
significa privarles de posibilidades de viajar, recibir
apoyo financiero o adquirir material nuclear o radiológico.
El terrorismo nuclear todavía es tratado muchas veces
como ciencia ficción. Ojalá lo fuera. Por
desgracia, vivimos en un mundo con muchos materiales peligrosos
y abundantes conocimientos tecnológicos, en que algunos
terroristas están abiertamente decididos a causar
matanzas de dimensiones catastróficas.
El Grupo de los Ocho y el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas han adoptado medidas para eliminar materiales peligrosos,
imponer controles eficaces de las exportaciones y colmar
ciertas lagunas que presenta el régimen de no proliferación.
La Iniciativa de lucha contra la proliferación del
Presidente Bush es otra medida importante. Esas medidas
deben aplicarse con todo rigor.
Mi tercera "de" se refiere a la necesidad de que
los Estados desistan de prestar apoyo a los grupos terroristas.
En el pasado, el Consejo de Seguridad ha aplicado sanciones
repetidamente contra Estados que acogían y ayudaban
a terroristas. Esa línea de firmeza debe mantenerse
y reforzarse. Todos los Estados deben saber que, si prestan
apoyo de cualquier tipo a los terroristas, el mundo tomará
medidas enérgicas contra ellos.
En cuarto lugar, debemos desarrollar la capacidad de los
Estados para prevenir el terrorismo.
Los terroristas utilizan a los Estados débiles como
refugio para escapar a la detención y para adiestrar
o reclutar a otros terroristas. Por consiguiente, la labor
de potenciar la capacidad y la responsabilidad de todos
los Estados debe ser uno de los principales componentes
de nuestra lucha mundial contra el terrorismo. Esa labor
entraña la promoción del buen gobierno y el
Estado de derecho, con unas fuerzas profesionales de policía
y seguridad que respeten los derechos humanos.
Pocas amenazas ponen de manifiesto más nítidamente
esa necesidad que el terrorismo biológico. Pronto
habrá en todo el mundo decenas de miles de laboratorios
capaces de sintetizar agentes infecciosos con insospechadas
posibilidades mortíferas. Hay enfermedades infecciosas
letales que pueden propagarse por todo el mundo -intencionadamente
o no- en pocos días.
La mejor defensa contra ese peligro consiste en fortalecer
los sistemas de salud pública, especialmente en los
países pobres, en que muchas veces esos sistemas
son deficientes. La Organización Mundial de la Salud
ha realizado una meritoria labor de vigilancia de los brotes
de enfermedades infecciosas mortales y de control de su
propagación. Sin embargo, si se produjera un brote
incontenible, de origen natural o provocado por el hombre,
serían los sistemas de salud locales los que estarían
en primera línea de acción. Necesitamos impulsar
una gran iniciativa para establecer esos sistemas.
Tenemos, por último, la quinta "de", que
no es en absoluto la menos importante: debemos defender
los derechos humanos y el Estado de derecho. El terrorismo
es un ataque directo contra esos valores básicos.
En nuestra lucha contra el terrorismo no podemos sacrificar
esos valores, porque de ese modo estaríamos entregando
una victoria a los terroristas. La preservación de
los derechos humanos no solamente es compatible con una
estrategia eficaz de lucha contra el terrorismo, sino que
constituye un elemento esencial de esa estrategia.
Voy a pedir a todos los departamentos y organismos de las
Naciones Unidas que contribuyan a poner en práctica
esta estrategia. Sin embargo, el trabajo más duro
corresponde a los Estados Miembros de las Naciones Unidas.
Los insto a que adopten mi estrategia de cinco puntos y
a que trabajen todos juntos para aplicarla.
Eso es lo mínimo que debemos a las víctimas
del terrorismo en todo el mundo. Hagamos, en su nombre,
todo lo que esté en nuestras manos para evitar que
otros seres humanos sigan su mismo destino.
El autor es Secretario General de las Naciones Unidas.
El presente artículo es una adaptación del
discurso que pronunció el 10 de marzo ante la Cumbre
Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad celebrada
en Madrid.
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