Consejo
de Derechos Humanos

*Artículo
de opinión por Louise Arbour, Alta Comisionada
de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
Hoy,
los miembros del nuevo Consejo de Derechos Humanos tomarán
sus lugares armados con un poderoso nuevo mandato, y con
ello se estarán embarcando en una gran empresa
con la que se espera fortalecer el sistema de derechos
humanos de las Naciones Unidas y equiparlo para responder
mejor a los retos de nuestro tiempo. El Consejo representa
un momento definitorio para el trabajo de la Organización
relacionado con la “protección de todos los
derechos humanos y las libertades fundamentales para todos”.
No
obstante, sería una grave equivocación pensar
que estamos empezando de cero. Los sesenta y un años
de antigüedad del sistema de derechos humanos de
las Naciones Unidas heredan un legado de orgullo, que
la extinta Comisión ayudó a formar. Se ha
legislado una riqueza de normas y estándares internacionales
sobre derechos humanos, se han establecido numerosos mecanismos
independientes para el monitoreo de esos estándares,
y se ha manifestado en favor de los defensores de los
derechos humanos, de las víctimas y los vulnerables
alrededor del mundo. El reto ahora será asegurar
que el nuevo Consejo esté a la altura de ese valioso
legado histórico, mientras hace lo necesario para
promover y proteger los derechos humanos en las condiciones
de hoy en día.
Varias
de sus características nuevas nos dan razones para
creer que el Consejo será mucho mejor que su predecesor.
Incluso la forma mediante la cual fueron seleccionados
sus miembros el mes pasado, marcó un cambio positivo
frente a la “manera de siempre”. Antes, los
miembros de la Comisión eran preseleccionados a
puerta cerrada y después “elegidos”
por aclamación. En contraste, los nuevos miembros
del Consejo tuvieron que competir por asientos, y los
candidatos que triunfaron tuvieron que ganar el apoyo
de la mayoría de los estados miembros, mediante
voto secreto. Por primera vez en la historia, los candidatos
se comprometieron de forma voluntaria a promover y defender
los derechos humanos, y se espera que ellos cumplan con
este compromiso o de lo contrario se enfrenten a una posible
suspensión del Consejo.
La
resolución que establece el Consejo subraya la
importancia de dar fin a la doble moral, un problema que
plagó a la Comisión pasada. Lo que los debates
politizados del pasado trataban de ocultar es el hecho
irrefutable de que todos los estados tienen problemas
de derechos humanos y que todos deben ser responsabilizados
por sus deficiencias. La prueba, por consiguiente, no
es de membresía, sino de responsabilidad. Con este
propósito, un mecanismo de revisión periódica
universal ofrecerá al Consejo – y al mundo-
la oportunidad de examinar los registros de los 191 estados
miembros de las Naciones Unidas. Este es un desarrollo
muy importante del potencial para mejorar los derechos
humanos en todo el mundo.
Posiblemente
lo más importante es que el Consejo se reunirá
a lo largo del año mientras que la Comisión
se limitaba a seis semanas, lo cual afectaba de forma
importante su efectividad y flexibilidad. Con este valioso
tiempo adicional, el Consejo tendrá la capacidad
para emprender iniciativas de prevención que permitan
desactivar crisis emergentes, y para dedicar atención
particular a organizar una capacidad de respuesta en el
campo en situaciones donde se observen las primeras señales
de una crisis de derechos humanos. El Consejo también
cuenta con un mecanismo mejorado para reunirse con el
propósito de hacer frente a crisis urgentes de
derechos humanos en tiempo real.
Sin
embargo, todos estos cambios tendrán poca utilidad
a menos que los miembros del nuevo Consejo estén
preparados para ver más allá de sus intereses
políticos inmediatos y abracen la causa de las
víctimas de los derechos humanos alrededor del
mundo. Esto requerirá un liderazgo de sólidos
principios por parte de cada uno de ellos. La elección
del Embajador De Alba de México, un fuerte defensor
de los derechos humanos, como el primer Presidente del
Consejo, es una señal bienvenida de que los miembros
del nuevo Consejo están comprometidos. Significa
que la guía del nuevo organismo ha sido puesta
a salvo en manos imparciales y competentes.
El
futuro del Consejo está cargado de retos –
muchos de los cuales requieren intensos debates y discusiones.
Los miembros tendrán que tomar decisiones difíciles,
comenzando con una revisión del trabajo de la Comisión.
El nuevo organismo deberá erigirse sobre las fortalezas
reconocidas de la Comisión y conservar sus mejores
características y buenas prácticas. Claramente,
lo que no se necesita es cualquier acción que debilite
los mecanismos del sistema de los derechos humanos.
En
el corazón de este tema está la forma en
cómo los miembros del Consejo buscarán darle
mayor fuerza a la puesta en práctica de los estándares
actuales de los derechos humanos y a sus versiones evolucionadas.
Resulta deseable que se otorgue la misma prioridad a todos
los derechos humanos – económicos, sociales
y culturales, así como civiles y políticos.
Por encima de todo, este marco mejorado y más efectivo
requiere que los estados miembros estén listos
para actuar, más que para declarar solamente. La
Comisión superó el reto de su época
al fijar los estándares mundiales para los derechos
humanos. Que la era del Consejo sea la era de la implementación.
Los estados miembros lo han prometido. El público
lo espera. Las víctimas y los vulnerables, en todo
el mundo, no merecen menos.