EL
DÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LA POBREZA
Por Louise Arbour
Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos
Con frecuencia la pobreza es causa y consecuencia de las
violaciones de los derechos humanos. No obstante, el vínculo
entre la privación extrema y el abuso sigue estando
al margen de los debates de política y de las estrategias
de desarrollo. Con objeto de señalar a la atención
esta correlación crucial pero a menudo ignorada,
el Día de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre,
se dedica este año a la lucha contra la pobreza.
Ello debe representar no sólo una oportunidad para
la reflexión sino también un llamado a la
acción para los gobiernos así como para
las comunidades que se ocupan de los derechos humanos
y el desarrollo con objeto de asegurar a todos una vida
digna.
Todos
los derechos humanos –el derecho a expresarse, el
derecho a votar, pero así también los derechos
al alimento, al trabajo, a la atención de la salud
y a la vivienda—revisten importancia para los pobres
porque las privaciones y la exclusión se interrelacionan
con la discriminación, el acceso desigual a los
recursos y las oportunidades y la estigmatización
social y cultural. La denegación de derechos hace
aún más difícil que los pobres participen
en el mercado de trabajo y tengan acceso a los servicios
básicos y los recursos. En muchas sociedades, se
les impide disfrutar de sus derechos a la educación,
la salud y la vivienda simplemente porque no están
a su alcance. Ello a su vez obstaculiza su participación
en la vida pública y su capacidad para ejercer
influencia en las políticas que los afectan y buscar
reparaciones contra la injusticia.
En
suma, la pobreza equivale no sólo a ingresos y
bienes materiales insuficientes, sino también a
la falta de recursos, oportunidades y seguridad que socavan
la dignidad y exacerban la vulnerabilidad de los pobres.
La pobreza también tiene que ver con el poder:
quién lo ejerce y quién no, en la vida pública
y en la familia. Para comprender y tratar de resolver
más eficazmente las modalidades arraigadas de discriminación,
desigualdad y exclusión que condenan a los individuos,
las comunidades y los pueblos a generaciones de pobreza
es indispensable llegar al centro mismo de las complejas
redes de las relaciones de poder en las esferas política,
económica y social.
No
obstante, a menudo se percibe la pobreza como una condición
lamentable pero accidental o como consecuencia inevitable
de las decisiones y los acontecimientos que ocurren en
otro lado o incluso como única responsabilidad
de aquéllos que la sufren.
Un
enfoque amplio de los derechos humanos no sólo
ha de abordar los conceptos erróneos y los mitos
que rodean a los pobres; también y más importante
aún ha de ayudar a encontrar formas sostenibles
y equitativas de salir de la pobreza. Al reconocer las
obligaciones explícitas de los Estados de proteger
a sus poblaciones contra la pobreza y la exclusión,
ese enfoque hace hincapié en la responsabilidad
del gobierno respecto de la creación de un medio
ambiente que fomente el bienestar público. También
permite que los pobres ayuden a moldear las políticas
para la realización de sus derechos y la búsqueda
de reparaciones eficaces cuando ocurren abusos.
Existen
sólidos fundamentos jurídicos para dicho
enfoque. Todos los Estados han ratificado por lo menos
uno de los siete tratados internacionales básicos
de derechos humanos, y el 80% ha ratificado cuatro o más.
Asimismo, la comunidad mundial ha suscrito los Objetivos
de Desarrollo del Milenio en que se establecieron metas
concretas para los esfuerzos internacionales conjuntos
con objeto de hacer frente a la pobreza y la marginación.La
Cumbre Mundial en 2005 reiteró esos compromisos.
Sean
cuales fueren las limitaciones de recursos, los Estados
pueden adoptar medidas inmediatas para luchar contra la
pobreza. Por ejemplo, si se pone fin a la discriminación,
en muchos casos se eliminarán los obstáculos
que se oponen a la participación en el mercado
de trabajo y se dará a las mujeres y las minorías
acceso al empleo. La mortalidad infantil puede reducirse
mediante intervenciones eficaces, de bajo costo y poca
tecnología. Por su parte, los Estados que estén
en posición de proporcionar asistencia deben intervenir
y ayudar.
Por
el contrario, la indiferencia y los cálculos restringidos
respecto de los intereses nacionales pueden obstaculizar
los derechos humanos y el desarrollo tanto como la discriminación.
El año pasado, Paul Wolfowitz, Presidente del Banco
Mundial, observó que “no es moralmente justificable
que los países ricos gasten 280.000 millones de
dólares, esto es, casi el producto interno bruto
total de África y cuatro veces más que el
monto total de la ayuda extranjera, en apoyar a los productores
agrícolas.”
En
uno de sus últimos discursos como Secretario General
de las Naciones Unidas, Kofi Annan declaró que
consideraba que el énfasis de la atención
mundial en la lucha contra la pobreza era uno de los mayores
logros de su mandato. Había hecho hincapié
en la vulnerabilidad crítica y en los ataques a
la dignidad humana que acompañan a la pobreza.
Cabe subrayar que el Secretario General determinó
que los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo
eran elementos indispensables de un mundo en el cual todas
las personas puedan vivir con una libertad más
amplia. Habida cuenta de que una de cada siete personas
del mundo sufre hambre, esa libertad depende de hacer
frente a la pobreza como uno de los problemas más
graves de derechos humanos de nuestro tiempo.
Día
de los Derechos Humanos 2006