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Las Lecciones de Haití

  • Artículo de opinión por Jan Egeland, Director del Instituo Noruego de Relaciones Internacionales.

Una vez que los haitianos hayan recibido sus alimentos básicos de supervivencia, agua y cuidados médicos, el mundo deberá invertir en una reducción de riesgos que sea adecuada a las necesidades de esta nación que ha sido arrasada por los desastres. O ¿acaso queremos continuar administrando costosas curitas cada cinco años por el resto del siglo?

En cada desastre de grandes magnitudes ocurren las mismas cosas: Se centra demasiado la atención en el socorro internacional, mientras que los esfuerzos locales y la preparación nacional son mayormente ignorados. Las miles de personas rescatadas por activistas comunitarios quedan sin registro mientras que quienes son salvados por grupos internacionales se convierten en encabezados mundiales. Las múltiples historias gráficas de las víctimas que recibieron o no ayuda externa opacan las lecciones principales de Haití, del tsunami y del Huracán Katrina: la mayoría de las vidas, de las extremidades y hogares que se perdieron podrían haberse salvado. Medidas simples de preparación y prevención aceptadas por las naciones en el 2005 durante la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres ya han salvado un número incontable de vidas en otras islas caribeñas y en otras partes. Sin embargo, no hemos logrado proporcionarle a los haitianos una primera línea de defensa contra los frecuentes huracanes, inundaciones, deslaves y terremotos.

En cada catástrofe, el mundo se alarma de que a la ayuda de las naciones donantes que están a unas cuantas horas de distancia por vía aérea le pueda tomar una o más semanas para librar los retrasos y llegar a las miles de personas atrapadas en medio de la infraestructura dañada. Por lo general, los periodistas exageran la inseguridad y los saqueos en medio de la catástrofe y los socorristas el miedo a las epidemias. Con frecuencia se olvidan de los graves índices de mortalidad, de enfermedades y delincuencia que existían antes del desastre.

En la intensa cobertura en tiempo real durante la fase de emergencia, hay una gran cobertura de algunos vuelos de socorro individuales y proyectos entre los cientos de esfuerzos paralelos que tienen lugar. Así que se hacen juicios infundados sobre los enormes esfuerzos de socorro nacionales e internacionales con base en unos cuantos casos simbólicos. Otros también creen, de manera errónea, que la ayuda militar en los desastres naturales es controvertida.

El terremoto de Haití devastó no sólo a una de las sociedades más pobres del planeta ni a una ciudad de millones, originalmente planeada para menos de 100,000, también afectó gran parte de los dos centros de comando principales para la coordinación del socorro: el gobierno central de Haití, el cual por definición debería guiar al esfuerzo de emergencia nacional, así como las Naciones Unidas en Puerto Príncipe, que está a cargo de coordinar la asistencia internacional.

A las operaciones de socorro de emergencia siempre les siguen las evaluaciones y auditorías independientes. Después del tsunami en el 2004 y del terremoto de Pakistán en el 2005, se pensó que los esfuerzos de socorro de emergencia lograron cubrir las necesidades inmediatas y permitieron actividades rápidas de recuperación inicial. Sin embargo, la Coalición para la Evaluación del Tsunami concluyó que la respuesta internacional fue más efectiva cuando "permitió, facilitó y apoyó a los actores locales y nacionales” y que los actores internacionales tuvieron menos éxito en las actividades de recuperación y reducción de riesgos que en la fase de socorro.

Temo que fallemos de nuevo en aprender las lecciones correctas de la tragedia de Haití. Como bien se ha documentado, el socorro internacional de emergencia es uno de los pocos sectores bien organizados dentro de las relaciones internacionales. Dentro de las primeras horas de emergencia, ya estaban en camino los primeros equipos de coordinación de socorro de Naciones Unidas y diez millones de dólares del Fondo central para la acción en casos de emergencia, manejado por Naciones Unidas, ya estaban disponibles para iniciar con las actividades necesarias para salvar vidas. Durante los primeros días, se organizaron cien grupos internacionales de socorro organizados en una docena de equipos operacionales funcionales que proporcionaron asistencia, desde agua y sanidad hasta alimentos y logística.

Pero el socorro de emergencia internacional siempre llega demasiado tarde para las decenas de miles que mueren innecesariamente en edificios públicos inseguros y unidades habitacionales y no puede lidiar con la ola inicial de cientos de miles de personas traumatizadas tanto física como mentalmente. Quienes resultaron afectados en este terremoto ya eran extremadamente vulnerables, viviendo en la pobreza y en el hacinamiento, donde nadie había invertido en una prevención adecuada de desastres. Durante décadas, hemos permitido que los desastres cobren muchas más vidas de Haití que en otros países caribeños y en otras naciones en desarrollo.

Todas las evaluaciones prueban que son los niveles de inversión en el desarrollo y la prevención los que determinan cuántos seres humanos perderán sus vidas, miembros y sustento durante un desastre. Así que la cuestión principal no es si se usaron muy pocos helicópteros los primero cinco días, sino si queremos regresar cada cinco años durante este siglo con socorro de emergencia o si optamos por ayudar a los haitianos a protegerse de los riesgos naturales.

 

 


 

 
 
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Última actualización
5/01/09