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El G20 y la economía real: ¿Qué está en juego?

  • Artículo de opinión por Juan Somavía, Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)

En vísperas de la reunión de los líderes del G20 este fin de semana en Toronto, nuevamente nos enfrentamos a una coyuntura crítica.

A pesar de la frágil recuperación económica, el desempleo a nivel mundial supera los 210 millones de personas, su punto más alto en la historia. Se precisarán crear 470 millones de puestos de trabajo a lo largo de los próximos diez años para ir  absorbiendo los trabajadores que ingresen al mercado laboral. El desempleo juvenil ha alcanzado niveles inaceptables. Se están revirtiendo los avances logrados en la reducción del número de trabajadores pobres que viven con menos de 1,25 dólares por día. La economía informal y el trabajo vulnerable van en aumento.

La percepción general sobre la falta de justicia – antes visto como un problema principalmente en los países en desarrollo – se está expandiendo rápidamente en el mundo desarrollado. Según un próximo informe de la OIT, la confianza en los gobiernos ha bajado en alrededor de 10 por ciento desde el comienzo de la crisis. El descontento y las tensiones sociales están creciendo y se ven traducidas en protestas en contra de las medidas de ajuste y a favor de más trabajo.

Todavía hay tiempo de revertir esta situación, pero debemos tomar las medidas correctas. Hasta hace ocho semanas, el “Consenso de Pittsburg” –en referencia a las decisiones acordadas por el G20 durante su reunión en esa ciudad en septiembre del año pasado– era considerado como el camino correcto para salir de la crisis, es decir: ubicar el empleo de calidad al centro de la recuperación e ir cancelando las medidas de estímulo de manera gradual a medida de que la recuperación económica y del empleo se fuera afianzando.

De repente, este consenso comenzó a ser cuestionado. La preocupación en torno a la crisis de la deuda soberana y el creciente déficit fiscal en  Europa llevó a que se tomaran decisiones tendientes recortar el gasto social, elevar las tasas de interés e impulsar drásticas medidas de ajuste. La historia ha demostrado que estas medidas pueden poner en peligro la misma recuperación que estamos tratando de lograr. También sabemos que frenarán la recuperación del empleo en el corto plazo.

Estos temas dominaron los debates de la Conferencia Internacional del Trabajo –la reunión anual de la OIT– que acaba de concluir en Ginebra. La Conferencia es un encuentro único que reúne a más de 4.000 delegados de gobiernos, trabajadores y empleadores de todo el mundo en representación de la “economía real”. Sus voces expresaron preocupación, miedo y frustración frente a la evolución de la respuesta a la crisis y ante la posibilidad de que el lento avance de la recuperación económica se pierda en términos de creación de empleo, apoyo a las empresas y ayuda a los desempleados.

Sus mensajes pueden resumirse en los siguientes puntos:

Primero, precisamos una estrategia equilibrada de políticas convergentes que proteja y promueva las inversiones productivas y el crecimiento con alto coeficiente de empleo, y que lo haga de una manera responsable desde el punto de vista fiscal.

Segundo, precisamos crecimiento que genere trabajo. Eso significa profundizar lo acordado en Pittsburg, cuando los líderes llamaron a “ubicar el empleo al centro de la recuperación”.

Tercero, debemos asegurar que las personas –y en especial los trabajadores jóvenes– tengan los conocimientos y habilidades necesarias para realizar los trabajos que son creados.

Cuarto, la creación de empleo debe ser un objetivo prioritario para los gobiernos, al igual que lo es la baja inflación, las políticas fiscales ordenadas y demás objetivos macroeconómicos.

Quinto, y esto es muy importante, precisamos un sistema financiero que esté al servicio de la economía real, no lo opuesto.

Se espera que el crecimiento económico mundial este año sea de alrededor de cuatro por ciento. ¿Pero qué importancia tiene esto para una persona que no puede conseguir trabajo o que no cuenta con una protección social adecuada en tiempos de crisis? ¿Y qué hay de las pequeñas empresas que tienen dificultades para conseguir crédito y que no pueden beneficiarse de la frágil recuperación económica? Estas son las preguntas que deberíamos estar respondiendo.

Lo cierto es que la única salida sustentable de la crisis es por medio de la reactivación de la economía real, la creación de más empleos y, por lo tanto, el aumento de los ingresos de los gobiernos.

Al mismo tiempo, y desde luego, precisamos abordar la cuestión del déficit fiscal y la deuda soberana, que requiere soluciones sustentables a mediano y largo plazo. Pero debemos empezar ya. Los países, teniendo en cuenta su particular situación, pueden implementar estrategias equilibradas, graduales y creíbles a la hora de anular las medidas de estímulo que han servido para rescatar a la economía mundial de una profunda recesión y que han salvado o creado millones de puestos de trabajo desde que comenzó la crisis.

Deseo transmitir aquí el profundo apoyo de los mandantes de la OIT a la responsabilidad que ha asumido el G20 y, por consiguiente, a las difíciles tareas que enfrenta. El mensaje de nuestros mandantes resalta la importancia del diálogo político y social, tanto a nivel nacional como internacional, a la hora de encontrar el equilibrio político justo que permita encarar todos estos temas. Lo que está en juego es el futuro de la economía real.

 
 
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Última actualización
5/01/09