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Deuda

  • Artículo de opinión por Supachai Panitchpakadi, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)

La principal cuestión para los países en desarrollo, resultante de la actual crisis de crédito americana, es la medida en que ellos se encuentran desvinculados y protegidos de ella. La situación económica global es frágil, especialmente si las pérdidas del sector financiero de las compañías norteamericanas y europeas comienzan a diseminarse del otro lado del globo.

Esta diseminación no puede ser pasada por alto dado que los mercados financieros globales están volviéndose cada vez más integrados e interdependientes. Si la fragilidad se disemina, se socavarían algunos de los logros conseguidos por muchos países en desarrollo en los años recientes, a través del gerenciamiento de su deuda nacional, incluyendo su sostenibilidad y composición. Los impactos en los países más pobres serían aún peores.

Tales riesgos interrelacionados subrayan la importancia de discutir una nueva agenda de políticas acerca de la deuda externa durante la próxima UNCTAD XII en Accra, Ghana. También debería dársele primordial importancia al progreso hacia una mejorada arquitectura financiera de la economía global.

Las buenas noticias son que, como grupo, los países en desarrollo no tendrán más problema con su deuda externa neta, porque sus reservas internacionales totales crecieron a un ritmo récord en 2007, incrementadas casi hasta igualar su deuda externa correspondiente a 2006. Algunos están experimentando un rápido crecimiento, combinado con un vasto superávit de bienes del exterior por encima de sus obligaciones.

Remarcablemente, la relación con respecto al PIB de las deudas interna y externa de los países en desarrollo ha caído cerca del cinco por ciento durante los últimos seis años. La participación de deuda pública comprometida por los gobiernos a los acreedores extranjeros ha también disminuido, pese a que se conservan amplias diferencias entre regiones. Por ejemplo, la deuda externa pública es menor al 30 por ciento de la deuda pública total en el este y en el sud de Asia, mientras que supera el 55 por ciento en Europa oriental.

Esto es representativo, ya que señala un cambio hacia mayores préstamos domésticos y sugiere que el acceso al financiamiento externo no es necesario para todos los países o a todo momento. Algunos estudios muestran menor confianza en el capital externo, si el patrimonio neto o la deuda ayudan más que dificultar el mayor crecimiento económico. Dichos estudios desafían la vieja creencia de que la financiación externa es condición necesaria para impulsar el desarrollo en los países pobres.

Cambios dramáticos han ocurrido en la composición de tomadores y prestadores de fondos. Notablemente, la deuda a largo plazo del sector público con respecto a acreedores oficiales externos, tanto multilaterales como bilaterales,  cayó a  42 por ciento en 2006 de 50 por ciento en 2000. Al mismo tiempo, la participación de la deuda externa total a largo plazo frente a los acreedores privados aumentó a 71 por ciento de 59 por ciento. 

En términos generales, las cifras de la deuda de los países en desarrollo en 2006 muestra menores déficit externos promedio, menores tasas de deuda externa y mayores reservas internacionales. Pero las ganancias no son equitativamente compartidas. Varios pequeños países en desarrollo todavía poseen grandes deudas externas y contrariamente a las promesas, el alivio de la deuda no ha sido accesorio a los flujos regulares de asistencia. Grandes diferencias regionales permanecen entre algunos países de Asia que gozan de un ratio de deuda externa baja, mientras que aquellos de Europa del Este y Asia Central hacen frente a grandes y crecientes ratios.

La nueva agenda de políticas sobre deuda externa debería reconocer que la incapacidad de repago, la cual está en el corazón de la sostenibilidad de la deuda, es diferente de la necesidad de recursos externos. A menudo, ella resulta del insuficiente acceso a liquidez externa más que a insolvencia. Los países fuertemente endeudados encuentran dificultad en pedir prestado a pesar de que ellos necesitan más inversiones redituables para pagar a los acreedores. Una implicación es que los países en desarrollo deberían ser ayudados a crear nuevos instrumentos financieros e instituciones adecuadas a sus necesidades.

Otros  pueden permitirse el pedir más, pero eso podría tener un efecto adverso sobre su desarrollo económico y social. No deberían ser penalizados por bajos niveles de endeudamiento y mejor manejo económico a través del trato injusto consistente en su esfuerzo por el aliviamiento de la deuda. El pago de la deuda es un problema tanto para los países de ingresos bajos como para los de ingresos medios.

Los países de bajos ingresos usualmente tienen una gran exposición a los acreedores oficiales mientras que los de ingresos  medios tienden a tener mayor deuda comercial. Ambos necesitan ayuda cuando la crisis de la deuda golpea. Por lo tanto, se necesitan mecanismos de solución de deuda interconectados aunque separados para ellos. La prevención de la crisis de deuda también requiere información más rápida y más detallada acerca de la estructura de toda la deuda pública interna yendo más allá del foco usual sobre la deuda externa. 

UNCTAD XII provee un foro para tomar en cuenta los nuevos y esperanzadores elementos de la situación de deuda de los países en desarrollo, de acuerdo a la región y al nivel de desarrollo. También ofrece una oportunidad para iniciar la adecuación de medidas que permitan a todos los participantes en la economía global de avanzar en conjunto en un modo que convenga a todos los participantes.


 

 
 
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Última actualización
18/11/08