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La globalización y las estrategias de desarrollo

La globalización no ha cumplido las promesas de crecimiento, mayor empleo, mejores salarios y un mayor bienestar proclamados por aquellos que promueven el libre comercio y las corrientes financieras. En un marco de lento e irregular crecimiento de la economía mundial, los beneficios de la globalización no han llegado de la misma manera a todos los países y a las diferentes regiones de cada uno de ellos. La brecha entre los ingresos de los ricos y los pobres es ahora más marcada y la pobreza se ha agravado en muchos países en desarrollo. A comienzos de los años noventa, el PIB medio per cápita en los países desarrollados era 17 veces superior al de los países en desarrollo, mientras que en el año 2000 la proporción pasó a ser de 20 a 1.

Es necesario volver a examinar las estrategias de desarrollo en los planos internacional y nacional. A nivel internacional, existen pruebas fehacientes de que las convulsiones externas originadas en los sistemas financieros y en los sistemas comerciales internacionales, como las corrientes de capital privado inestables y las fluctuaciones de los precios de los productos básicos, desatan crisis y situaciones difíciles en los países en desarrollo. Estas crisis a su vez alimentan la inestabilidad económica, impidiendo el desarrollo y acentuando la pobreza. Los niveles de deuda, que en algunos casos son insostenibles para los países en desarrollo, representan un riesgo para el sistema financiero internacional que debe tenerse en cuenta. En el plano nacional, los resultados de las reformas económicas liberales de los años noventa son variadas: por lo general el crecimiento económico ha sido lento y la privatización, la liberalización y la inversión extranjera directa han llevado a una mayor concentración de la industria.

La receta que consiste en adoptar la misma política de desarrollo en todas partes ha sido objeto de un rechazo generalizado, reconociéndose en cambio la necesidad de tener en cuenta la diversidad al diseñar estrategias de desarrollo nacionales. Por ello, el Estado debe ejercer la función fundamental de crear un entorno normativo que propicie las inversiones del sector privado y el crecimiento económico.

Comercio más acentuado, pero crecimiento más lento

La participación de los países en desarrollo en el comercio mundial ha aumentado, pasando de alrededor del 24% en 1990 al 32% en 2000. Sin embargo, este crecimiento de las exportaciones de los países en desarrollo está sumamente concentrado: el Asia oriental produce más del 75% de las exportaciones de manufacturas del mundo en desarrollo y una mayor proporción de productos de alta tecnología, mientras que el comercio del Asia meridional y el África subsahariana ha registrado un aumento de sólo el 2%, según datos de Oxfam. En la mayoría de los países en desarrollo, el aumento de las exportaciones no se ha traducido en un crecimiento más rápido del PIB. En particular en los países más pobres, que en su mayoría se encuentran en África y dependen aún en gran medida de las exportaciones de productos básicos diferentes del petróleo y de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD), el crecimiento económico ha sido escaso. Los países del Sur han liberalizado el comercio más rápidamente que los países industrializados del Norte, a raíz de lo cual el conjunto de las importaciones ha ido en alza en momentos en que disminuye la AOD. Esta situación no hace sino empeorar la difícil situación de los países que ya soportan la carga de una pesada deuda externa, que la hace cada vez menos sostenible. En muchos países las obligaciones absorben una gran proporción de los ingresos de exportación. La Iniciativa para la Reducción de la Deuda de los Países Pobres muy Endeudados vinculada a una sólida gestión económica es un paso importante, pero no será suficiente para garantizar la sostenibilidad de la deuda en el futuro.

Muchos países en desarrollo, en particular en América Latina, dependen ahora de las entradas de capital privado para financiar sus déficit en cuenta corriente, pero la inestabilidad de los mercados financieros internacionales y las corrientes de capital a corto plazo a los países en desarrollo a menudo han obstaculizado la gestión de las tasas de interés y los tipos de cambio de manera acorde con un crecimiento económico sostenido. La UNCTAD insta a que se cree un sólido sistema mundial para vigilar las corrientes de capital a corto plazo y especulativo y emitir la alerta ante cualquier posible inestabilidad.

Replanteamiento de las estrategias para el desarrollo

En la actualidad se coincide en la necesidad de replantear las estrategias de desarrollo en los planos internacional y nacional. Para promover el desarrollo hace falta crear un clima comercial de confianza y además facilitar los recursos necesarios para satisfacer las necesidades sociales y económicas. Para ello se debe asegurar una mayor coherencia entre las visiones nacionales e internacionales del comercio y el desarrollo, lo que significa que la coordinación de las políticas financieras, monetarias y tecnológicas a nivel internacional deben crear un marco que permita el éxito de las estrategias de desarrollo. Por esta razón se ha elegido la coherencia como tema central de la UNCTAD XI. En la conferencia de São Paulo se intenta promover la coherencia entre los procesos mundiales y las estrategias de desarrollo nacionales, haciendo hincapié en el vínculo que existe entre las negociaciones comerciales y el sector productivo, según afirma el Secretario General de la UNCTAD, Sr. Rubens Ricúpero.

La experiencia de posperidad de los países en desarrollo es un buen ejemplo de estrategias nacionales eficaces. Una de las lecciones importantes es que la rápida expansión de las inversiones sostenibles puede llevar a una modificación en la estructura económica, que pasaría del sector primario a las manufacturas y los servicios, junto con un aumento progresivo de la productividad. Otra lección es que no puede confiarse sólo en las fuerzas del mercado y la inversión extranjera directa (IED) para lograr el aumento sostenido de la inversión: el Estado debe desempeñar un papel activo en ese proceso. Los gobiernos nacionales también deben alentar la disponibilidad del préstamo, crear un marco jurídico sólido para el comercio, construir infraestructuras y favorecer la existencia de una fuerza laboral capacitada. Asimismo, los acuerdos regionales en el ámbito del comercio y las finanzas, así como la mejora de las infraestructuras regionales, pueden promover el crecimiento y crear mercados más grandes, reduciéndose así la dependencia de los mercados tradicionales.

Los retos que se aproximan

La globalización y la liberalización no pueden reemplazar las fuerzas internas de crecimiento. Una integración cautelosa y bien gestionada en la economía mundial, organizada de forma lógica y adaptada al nivel de desarrollo económico e institucional de cada país, puede servir de apoyo para los inversores y productores locales. Las políticas económicas internas de los países en desarrollo – en particular las que se refieren al comercio, las inversiones y la tecnología – se ven ahora limitadas por los compromisos derivados de los préstamos contraídos y el comercio internacional. Así pues, es necesario replantearse las cuestiones de un espacio adecuado de políticas nacionales y la flexibilidad de las políticas en los países en desarrollo además de buscar la forma de utilizar este espacio de la manera más eficaz.

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- La globalización y las estrategias de desarrollo
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