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LAS MUJERES INDÍGENAS DE HOY: EN RIESGO Y UNA FUERZA PARA EL CAMBIO

Las mujeres indígenas de hoy no se pueden categorizar fácilmente. Las podemos encontrar en una variedad de circunstancias, en su lugar de origen en la comunidad indígena rural e independiente, en la pobreza en la reserva, en un edificio en la gran ciudad o en los suburbios, o siendo pionera de una reunión intergubernamental. Desafortunadamente, muchas mujeres indígenas hoy están en riesgo, ya sea que fueran colonizadas hace mucho tiempo o que estén sujetas a las fuerzas actuales de la globalización. Pero donde quiera que se la encuentre, es esencial en la supervivencia de su familia, su comunidad y su cultura.

Las mujeres indígenas del mundo en desarrollo enfrentan muchas amenazas comunes: la pobreza, con poco o ningún acceso al cuidado de la salud y la educación; los conflictos armados; la contaminación; la minería y la tala a gran escala; la invasiones de mineros ilegales; los gobiernos poco comprensivos; la pérdida de sus tierras; y el tráfico de personas, sólo para nombrar unas cuantas. En todas partes su salario es bajo, les dan los trabajos más insignificantes y a menudo están sujetas a discriminación, humillación y abuso sexual.

Hoy alrededor del mundo, las poblaciones de pueblos indígenas están aumentando las presiones causadas por el conflicto armado, la globalización y la extracción de recursos, resultando en la pérdida de los estilos de vida tradicionales, la migración de las tierras indígenas o la pérdida del estatus de las mujeres indígenas en el escenario tradicional.

Las mujeres indígenas alrededor del mundo, tanto de sociedades tradicionales como no tradicionales, están de acuerdo en una de sus más grandes preocupaciones: el impacto negativo de su exclusión de los procesos de toma de decisiones que les afecta a ellas, ya sea que involucren las instituciones locales, gubernamentales, intergubernamentales o de la sociedad civil. Las mujeres indígenas tienen una importante contribución que hacer a todos los niveles de negociación y en tiempos de conflicto. Su inclusión generalmente apoya los mejores resultados sostenibles ambientalmente que preservan la salud de sus comunidades así como de sus identidades culturales.


La pérdida de tierras lleva al trabajo explotador

En América Latina, miles de mujeres y niñas indígenas desesperadas, que han perdido recientemente sus tierras y empobrecidas, terminan fácilmente en el comercio del sexo. Debido a la epidemia del SIDA, el turismo del sexo se ha mudado. Hoy en día, es una industria creciente en América Latina. Después de Tailandia, Brasil es hoy considerado el segundo país con el más alto nivel de tráfico sexual de niños en el mundo. La ciudad de Guatemala se ha convertido en el centro del tráfico internacional de sexo en el mundo, con chicas sacadas como contrabando en toda América Central. Los estimados del número de niños brasileños que viven en la prostitución van desde 250,000 a casi 2 millones. Los cambios económicos y los conflictos militares en América Latina han tenido terribles consecuencias para las mujeres y los niños indígenas. La guerra ha desplazado a millones. Cientos de miles de campesinos indios han perdido sus granjas cuando los subsidios del gobierno para la exportación de cultivos fueron detenidos por la "reestructuración" o acuerdos de comercio. Las propiedad de dichos pequeños campesinos fueron rápidamente compradas por grandes agroindustrias, y luego los campesinos indios sin tierras se trasladaron a la ciudad a buscar trabajo o migrar a cualquier lugar.

En la Amazonía brasileña, la extracción de oro, la tala de árboles y la posibilidad de adquirir tierras han atraído grandes números de invasores a áreas habitadas por pueblos indígenas anteriormente desconocidas por los forasteros. Una vez que los recién llegados contactaron a dichas comunidades indígenas y comenzaron a pagar y negociaron con mujeres por sexo. Desde no hace mucho esta es una forma aceptada para adquirir bienes y alimentos. Mucho antes, algunos de los pueblos indígenas dejaron de cultivar alimentos. Una sociedad tradicional a la cual ingresa un gran número de hombres mineros puede ser dañada rápidamente y el mayor impacto recae en las jóvenes, quienes esencialmente se convierten en prostitutas.

Otras mujeres indígenas dejan sus lugares de origen para buscar trabajo en las maquiladoras, plantas de ensamblaje que contratan mano de obra barata para ensamblar partes de otro mercado y regresan el producto terminado a ese mercado. Las maquiladoras prefieren contratar a mujeres porque las pueden hacer trabajar largas horas, en las peores condiciones y por menos dinero que a los hombres. Y como las mujeres son emigrantes, no tienen redes familiares sólidas para protegerlas. La violencia y la discriminación contra las mujeres en las maquiladoras han sido ampliamente documentadas, incluyendo la humillación, el abuso sexual y la intimidación, las agresiones sexuales, los golpes, los desnudos, las pruebas de embarazo forzadas, el despido de mujeres embarazadas y la violencia contra los organizadores del sindicato.


Ataque multinacional:
Mujeres indígenas y extracción


A menudo, las últimas reservas de recursos naturales y las grandes extensiones de tierra son los hogares de los pueblos indígenas. En los intereses del desarrollo económico, las corporaciones multinacionales tienen frecuentemente acceso internacional a la mano de obra barata y a los recursos encontrados en las tierras indígenas, si no es en la tierra misma, para hoteles resorts y campos de golf, para ecoturismo y parques de reservas. En muchas áreas, la propiedad de tierras se está consolidando en las manos de las grandes compañías y cientos de miles de pueblos indígenas están siendo forzados a emigrar.

Pero aún si se le permite a la comunidad conservar su tierra, cuando una compañía minera, una corporación multinacional o un proyecto de desarrollo interviene en la comunidad, puede interrumpir el delicado balance del estilo de vida independiente de la comunidad y comenzar la progresión de su caída. Dependiendo de la situación, las mujeres indígenas independientes, la embarcación primaria para la transmisión de la cultura y el idioma, puede rápidamente convertirse en dependiente y sin poder de decisión.

Las operaciones mineras a gran escala introducidas en las comunidades en Papúa Nueva Guinea y en las Filipinas brindan un buen ejemplo. En una isla de Papúa Nueva Guinea, las mujeres, tradicionales propietarias de tierras, fueron reducidas en unos pocos años de una posición casi igualitaria a los hombres a una de dependencia subordinada con carga de trabajo en aumento y sin ingresos, y en algunos casos se convirtieron en víctimas de la violencia doméstica.

De "mujeres propietarias" a "mujeres dependientes"

Antes de que la minería llegara a la Isla de Misiman en 1989, las mujeres tradicionalmente heredaban y tenían propiedad sobre la tierra, asimismo tenían un papel importante en la vida pública, con un estatus casi igual al de los hombres. En sus cultivos de subsistencia, los hombres preparaban la tierra para los grandes jardines que las mujeres administraban y cuidaban. El control que tenían las mujeres sobre los camotes que cultivaban les daba una cierta cantidad de poder y control.

Cuando la compañía minera llegó a negociar por la tierra, sus funcionarios eligieron negociar sólo con los hombres de la comunidad, aunque las mujeres eran las propietarias. El resultado fue que, de todas las regalías y rentas, el pago de la compañía iría eventualmente a los hombres y las mujeres no tenían la palabra para decidir en qué se gastaría el dinero. De repente, los hombres pudieron adquirir dinero y gastarlo sin consultar a las mujeres.

La acción de la compañía minera impidió directamente la producción de alimentos. Primero, había menos árboles de alimentos por la pérdida de tierra. Segundo, porque muchos de los jóvenes, que querían efectivo, fueron a trabajar para la compañía, no había hombres suficientes para preparar la nueva tierra para las mujeres que trabajaban en el jardín. Ya que las mujeres no podían producir suficiente alimento, necesitaban dinero para comprarlo. Pero los hombres tenían control del dinero, el cual también podían gastar en cerveza y licor.

Hoy en la isla, con la introducción del dinero y la exposición a los alimentos y bienes comprados en tiendas, los valores sociales han caído rápidamente. Las estructuras sociales tradicionales se han derrumbado, produciendo "una brecha de generaciones" que ha dañado el derecho de las mujeres. Y con el licor y la borrachera viene la violencia doméstica y los altos índices de divorcio.

La mina cerrará en un año o dos. El desempleo se elevará; el dinero se agotará; el medio ambiente será dañado rápidamente y no se recuperará. En el corto tiempo que la compañía minera ha estado allí, las mujeres, alguna vez en igual posición que los hombres, están subordinadas a los hombres y son dependientes de ellos. Las mujeres no tendrán muchos medios de obtener nuevamente su derecho perdido una vez que la compañía, con sus trabajos, dinero y alimentos, deje la isla. Otra consecuencia puede ser fácilmente imaginada si las mujeres han sido incluidas en las negociaciones para el uso de sus propias tierras.

De "mujer minera" a "ama de casa"

La historia en la Cordillera de las Filipinas tiene similitudes y diferencias. Las mujeres y hombres indígenas han trabajado como iguales en operaciones minerales de pequeña escala por generaciones, pero ahora por la minería a gran escala, han sido conducidas a buscar trabajo informal fuera de las comunidades, con resultados predecibles. Algunas de las mujeres deben quedarse en casa para cuidar a los niños, mientras que otros niños han sido enviados a trabajar en la ciudad para ayudar a que la familia se sostenga. Las mujeres que se quedan en casa se han convertido en amas de casa, económicamente dependientes de sus esposos. Los recursos de agua se han secado por la minería y las mujeres deben caminar largas distancias para obtener agua para sus necesidades domésticas. Algunas veces pasan horas en fila antes de caminar largas distancias de regreso con sus pesadas cargas.

Con el empleo ha venido el desempleo, y con el desempleo ha llegado un nuevo comportamiento familiar antisocial a las grandes ciudades, como consumir alcohol y apostar. Muchos padres no pueden enviar a sus niños a la escuela, de manera que hay más gente joven caminando por las calles. Otros padres trabajan fuera. Ya que las madres pasan menos tiempo con sus hijos, las formas tradicionales se están perdiendo. Las familias se desmoronan y las comunidades indígenas que algunas veces estuvieron muy unidas y fuertes se están debilitando. Cuando las mujeres encuentran trabajo, reciben menos salario que los hombres por el mismo trabajo. Algunas veces buscan trabajo como empleadas del hogar, donde a menudo son humilladas y abusadas sexualmente.

Antes era diferente. La minería de la familia tradicional que estuvo vigente por mucho tiempo fue sostenible e igualitaria, con valores y rituales culturales. Una mujer minera tenía su propia fuente de ingreso y un estatus casi igual al del hombre. En la agricultura el trabajo también era cooperativo. Pero ahora la agricultura ya no es provechosa: los campos de arroz se han secado por el impacto que ha tenido la minería en el nivel freático.

La compañía minera no tuvo problema en ganar el título completo en esta tierra. En tiempo de la colonización, los pueblos indígenas no creían necesitar un pedazo de papel para probar su propiedad sobre la tierra, así que ellos, a comparación de sus educados vecinos, nunca la registraron. Hoy la minería terminó, pero la compañía minera está comprometida en nuevas empresas: zonas económicas especiales, ecoturismo, producción de agua mineral y desarrollo de subdivisión, entre otros. El gobierno aún reconoce el pedido de la compañía minera sobre la tierra en la que los pueblos indígenas siempre han vivido.

No obstante, la resistencia indígena ha trabajado en la Cordillera, donde las mujeres han tomado un gran papel activo en la lucha contra las operaciones mineras de gran escala. En 1937 y 1962, las mujeres de Ibalov y Kankana-ey de Itogon ganaron la compensación por cultivos perdidos del agotamiento de sus recursos de agua. Y entre 1989 y 1997 la mina abierta de la compañía minera vio su entrada bloqueada por cuatro nuevas comunidades. La noticia sobre los efectos de la mina abierta sobre la agricultura de arroz húmedo se esparció y no se ha abierto ninguna otra mina en la Cordillera.

Las mujeres indígenas en las áreas de conflicto y en el mantenimiento de la paz

Hoy, los ojos del mundo se enfocan a cualquier lugar, los conflictos en áreas habitadas por pueblos indígenas en África, Asia y América Latina han aumentado. En sociedades afectadas por la guerra, es común que las mujeres traigan adelante la sociedad. En la Declaración de Manila que surgió de la Conferencia Internacional sobre Resolución del Conflicto, Construcción de la Paz, Desarrollo Sostenible y Pueblos Indígenas (Diciembre 2000) los pueblos indígenas pusieron en claro sus deseos de que las mujeres sean incluidas en la toma de decisiones en todos los niveles, en tiempos de paz y de guerra.

El valor de las mujeres indígenas en la prevención de conflictos y la construcción de la paz es cada vez más reconocido. Se están haciendo esfuerzos para emplear sus talentos y habilidades naturales como mediadoras y para encontrar lugares donde puedan emplear sus papeles tradicionales como mediadoras en operaciones multinacionales de mantenimiento de la paz.

En un reciente panel de alto nivel en las Naciones Unidas muchas mujeres indígenas presentaron documentos sobre el tema, junto con los Estados Miembros del Consejo de Seguridad y los funcionarios de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

Stella Tamang, presidenta del Comité Internacional de Mujeres Indígenas, dijo al panel que muchos, si no todos, los conflictos armados actuales toman lugar en áreas donde viven pueblos indígenas. Mientras los conflictos toman vidas inocentes y desplazan a miles de familias, nadie ve que las mujeres indígenas están protegiendo a los ancianos, a los enfermos y los niños de su país, en Nepal. Las mujeres "están gritando, pero no son escuchadas ni vistas." El conflicto armado, dominado y perpetrado por los hombres, es una lucha, mencionó, entre las cualidades tradicionales masculinas de la fuerza física, energía, enojo, ambición y odio, contra las cualidades femeninas del amor, el afecto, el perdón y la tolerancia.

En el conflicto actual en Nepal, anotó, las mujeres juegan papeles importantes como mediadoras, negociadoras y luchadoras. Ya que muchos de los hombres han sido enviados fuera, las mujeres indígenas de Nepal son ahora las únicas que cuidan, que brindan alimento y protegen: se han convertido en negociadoras tanto con las fuerzas de seguridad del gobierno como con los rebeldes para la protección y supervivencia de sus familias, muchas de los cuales están ahora encabezadas por mujeres.

Concluyó diciendo que las mujeres indígenas de muchas tradiciones tienen excelentes mediadores y resuelven conflictos naturalmente:* Las mujeres de Nepal de Tamang son instruidas desde el nacimiento para mediar y resolver los conflictos entre los miembros de la familia y entre familias. Para esto tendrán que hacer mucho, incluyendo cocinar alimentos especiales o realizar rituales.

* En las Filipinas las mujeres de Maranao generalmente juegan el papel de mediadoras en situaciones de conflicto. Cuando hay un conflicto familiar, siempre hay una mujer que trata los asuntos críticos y resuelve el problema de las partes. Las mujeres son muy respetadas e influyentes en la comunidad.

* En la tribu Arumanen Manobo en Filipinas las mujeres son enviadas como emisarias a los adversarios para resolver conflictos. Las mujeres ven el papel de mediar y resolver conflictos como una responsabilidad importante en su comunidad y lo hacen aún a costa de sus propias vidas. Por lo general tienen éxito y previenen que el conflicto empeore.

* Entre los pueblos pastorales de Maasai de África oriental, las mujeres, especialmente las madres de los guerreros, son tan veneradas que ningún guerrero podría lastimarlas. Las mujeres de Maasai algunas veces se quitan sus faldones para demostrar su debilidad y compasión por ambas partes. Las mujeres y algunas veces incluso las niñas son muy útiles en la restauración de la paz en una situación de conflicto.* En las comunidades Samburu y Maasai, las mujeres, las niñas y las ancianas no son nunca atacadas durante los conflictos armados. El gesto de cortar el pasto, un objeto de gran valor, y sostenerlo es un pedido de detener la lucha.

Aunque la mediación de una mujer no siempre termina un conflicto, puede a menudo ayudar a preparar el camino calmando una situación y permitiendo que se den las negociaciones. Además de mediar, la Sra. Tamang comentó que las mujeres también son excelentes negociadoras y deben ser incluidas, tanto a nivel nacional como internacional, en las negociaciones de paz. También pidió que fueran capacitadas en procesos de paz más formales.
Carmen Jerez, Directora de la Red Educaciones de Ambayata (Ecuador), informó al panel sobre las situaciones que afectan a las comunidades indígenas en América Latina. Ella dijo: "No queremos ser solo víctimas que observan a sus hijos, esposos y familias ser asesinados hasta que estemos obligadas a dejar nuestros territorios y comenzar otra vida en ciudades y países que nos miran con indiferencia y nos marginan completamente. Las mujeres indígenas no debemos volvernos invisibles."

Los "grandes poderes", dijo, observan a los pueblos indígenas como un obstáculo para el desarrollo, pero para los pueblos indígenas y especialmente para las mujeres, la madre tierra, Pachamama, "nos ha sido prestada por un período de vida y cada generación debe cuidar de ella para las generaciones futuras."

Comentó que a las mujeres indígenas no les gusta ver la tragedia de la guerra repitiéndose una y otra vez. Y es por eso que están ansiosas por participar en todos los niveles de la prevención de conflictos, resolución de conflictos y construcción de la paz después del conflicto. En América Latina ya han demostrado que tienen la capacidad de hacerlo efectivamente y su participación está basada en un diálogo entre las culturas que promueva el respeto.

Un final feliz: el Tamang

Las fábricas de alfombras en Katmandú están llenas de jóvenes Tamang. Y porque son muy hermosas, de todas las mujeres de Nepal en el comercio de sexo del sur de Asia, la mitad son Tamang. Hoy, en Nepal, los Tamang son una minoría indígena que representa sólo el 4 por ciento de la población, marginada y apartada. Históricamente siempre han vivido en las montañas, a lo largo de la frontera tibetana, con una rica tradición cultural que incluye un idioma muy distinto del nepalés. La sociedad es patriarcal y en los malos momentos las mujeres y jóvenes son las que más sufren.

Los tiempos son malos hoy en Nepal. Con más de la mitad de la población viviendo debajo de la línea de la pobreza, 42 por ciento de niños entre los 5 y 14 años trabajan para ganar algún ingreso adicional para la familia.

Cuando Stella Tamang vio cuántas niñas Tamang trabajaban en las fábricas de alfombras en Katmandú, construyó una escuela, el Bikalpa Gyan Kendra (Centro de Aprendizaje Alternativo) para ayudarlas a aprender habilidades que podían usar para llevar dinero a sus pueblos. Stella Tamang quiso enviar a las niñas de regreso a sus pueblos con opciones económicas que les permitieran mantener su dignidad e independencia y al mismo tiempo preservar la cultura Tamang. La escuela inscribe a niñas entre los 13 y 17 años en un programa residencial de 18 meses. La currícula incluye agricultura sostenible, jardinería de mercado, artes manuales tradicionales como el tejido, la fabricación de canastas, cómo tener una pequeña tienda o una guardería y la resolución de conflictos. Luego de aprender las artes manuales tradicionales, como el tejido, las estudiantes crean una pequeña tienda, donde venden sus productos. La Sra. Tamang lo describe así: "Este es un programa de aprender y ganar, porque si las estudiantes no pueden ganar dinero, sus padres no las enviarán a aprender."

Las graduadas de la escuela han descubierto que pueden regresar a sus pueblos e iniciar empresas con micro crédito o pueden seguir para completar su educación formal y seguir carreras como enfermería o enseñanza. Algunas estudiantes tuvieron el espíritu empresarial mientras aún estaba en la escuela e iniciaron una guardería para los niños Tamang que veían en Katmandú con necesidad de cuidado mientras que sus madres trabajaban en las fábricas de alfombras. Ahora las madres trabajadoras de Tamang tienen un lugar donde dejar a sus hijos y las jóvenes Tamang están ganando dinero.Desgraciadamente, Stella Tamang ha descubierto que, a pesar del éxito de su escuela y sus chicas, aún están luchando contra la tradicional cultura Tamang. Algunas veces las familias sospechan, están temerosas de hacer un sacrificio financiero al enviar a sus hijas a la escuela, en vez de a la fábrica de alfombras o el burdel. Ellos no creen en la promesa de que sus hijas estarán seguras y felices, y no creen en las promesas de independencia económica y un futuro brillante. Pero es difícil vencer al éxito.

Mujeres indígenas: camino al futuro

Guiadas por su necesidad de preservación y protección, las mujeres indígenas han estado participando en el área internacional por décadas, asistiendo a conferencias internacionales que atrajeron primero la participación indígena, como la Cumbre para la Tierra de Río de 1992 y la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos de 1993 en Viena, y la participación en la Conferencia sobre Mujeres de 1995 en Beijing y el seguimiento de la Sesión Especial de la Asamblea General en el 2000. Como voces indígenas, son escuchadas más claramente en las Naciones Unidas, al igual que las voces de las mujeres indígenas que se hacen escuchar de manera más distintiva, aparte de los pueblos indígenas, y aparte de las mujeres en general. Ahora el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Temas Indígenas es totalmente operativo, las mujeres indígenas están recibiendo más apoyo institucional mientras buscan enfocar la atención a las necesidades de su grupo especialmente vulnerable.




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