ANTECEDENTES

En los años 60s y 70s se usó extensivamente el DDT para el control de vectores de la malaria en toda Mesoamérica, seguido por una disminución en su aplicación durante los años 80s y 90s. Debido a su persistencia en el ambiente, los remanentes y acopios de DDT existentes en los países representan una amenaza permanente para la salud humana y el ambiente.

Experiencias exitosas de control integrado de vectores de la malaria sin el uso de DDT se han desarrollado en México y varios países de Centroamérica. En México se ha demostrado la eficacia de estrategias alternativas que promueven la participación comunitaria y la colaboración entre instituciones gubernamentales, ONGs y grupos civiles que trabajan a nivel local.

Ante esta situación, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), junto con la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte (CCA) y los ministerios de salud de Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá diseñaron este proyecto que se desarrolla en dos fases: la primera, denominada Fase PDF-B, fue desarrollada entre 2000-2002 con el objetivo de elaborar diagnósticos situacionales del uso de DDT y el control de la malaria en el ámbito de los países y de la subregión, y elaborar una propuesta de proyecto a ser sometido al GEF. La segunda fase, se inició en Septiembre de 2003 con el convenio firmado entre el PNUMA y la OPS para el desarrollo del referido proyecto por un período de tres años.

La situación de la malaria en el contexto Mesoamericano:

La malaria afecta a 500 millones de personas en el mundo, en 90 países, estimándose que 200 niños mueren cada hora por esta enfermedad. En la región de Mesoamérica: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá, se estima que aproximadamente 89 millones de personas viven en ecosistemas aptos para la transmición de malaria, de los cuales el 35% viven en las áreas hiperendémicas, principalmente la costa atlántica de Costa Rica, Honduras, Guatemala y Nicaragua, y con gran población en riesgo en las zonas fronterizas y en la costa del océano pacífico de México.

La malaria es causada en las Américas por tres especies de protozoos del género Plasmodium (P): P. falciparum, P. vivax y P. malariae. En Centroamérica y México los principales vectores son Anopheles (A): A. presudopunctipennis, A. albimanus, A. vestitipenis y A. darlingi. La población más vulnerable son los niños, las mujeres embarazadas y los adultos mayores, especiamente de comunidades pobres, rurales e indígenas, con altas tasas de mortalidad y secuelas en los que sobreviven, deteriorando la calidad de vida y es causa de ausencia laboral. La enfermedad está asociada a las comunidades más pobres, debido a la falta de desarrollo social y económico de la población, el creciente asentamiento de las comunidades en áreas donde se encuentran los vectores transmisores potenciales, el crecimiento demográfico, las migraciones y la poca capacidad de los gobiernos para proporcionar los servicios públicos necesarios y culturalmente apropiados, principalmente a los habitantes de las zonas rurales más vulnerables.

Es importante también destacar las alteraciones a la biodiversidad de las regiones causadas por los cambios climáticos, la sobre-explotación de los recursos naturales y por la aplicación de larvicidas químicos que alteran el equilibrio depredador-presa, provocando situaciones favorables para la diseminación de plagas de insectos. Así como los cambios en los cursos de agua a causa de la deforestación, el mal uso de los recursos naturales y la contaminación provocada por la industira, afectan diariamente la calidad de vida de las poblaciones pobres asentadas en zonas bajas, cerca de los causes de agua o en zonas marginales, que configuran un ámbito ideal para el desarrollo del vector y la enfermedad.