Acabar,
por fín, con el clientelismo y la corrupción.
Éste era el reto de la iniciativa de la
oficina del PNUD en México cuando inició,
en julio del pasado año, con ocasión
de las elecciones presidenciales el Proyecto de
protección de programas sociales en contextos
electorales. El objetivo: convencer a la ciudadanía
de su deber de denunciar los malos usos de los
programas sociales en las épocas pre y
electorales. Casi un año después,
el Museo de Antropología de la Ciudad de
México acoge del 25 al 27 de abril la celebración
del seminario internacional Candados y Derechos:
Protección de programas Sociales y Construcción
de Ciudadanía, donde el PNUD presentará,
ya en forma de publicación, las lecciones
aprendidas de esa experiencia, pionera en América
Latina.
“Tener
derecho a tener derechos” éso es
lo que define, de forma integral, una democracia
según afirmó, Martín Santiago,
Director Regional Adjunto del PNUD para América
Latina y Caribe. Algo por lo que deben trabajar
incesantemente las “democracias de baja
intensidad” como las que, según el
Profesor Guillermo O´Donnell, pueblan América
Latina. es por “tener capacidad para exigir
al Estado que actúe como tal”.
La
democracia concebida, únicamente, como
el derecho de sufragio universal, libre y secreto
quedó atrás; está superada
ya por otra que implica la existencia de un ciudadano
pleno con capacidad para exigir al Estado la obertura
de ciertas necesidades, (Estado Social) y para
exigirle una rendición de cuentas fiable
y periódica sobre sus acciones (Estado
de Derecho).
Terminar
con sistemas políticos clientelares donde
los programas de ayudas sociales se los lleva
quien es “amigo” del presidente, del
gobernador o del intendente es el objetivo último
del proyecto copatrocinado por el PNUD, cuya concepción
de democracia tiene enormes ligaduras con el desarrollo
humano y, por ende, con la meta de conseguir que
las personas perciban sus vidas como dignas de
ser vividas, como explicaría el premio
Nobel de Economía, Amartya Sen.
No hay peor crimen ético y político
que desviar recursos públicos destinados
a quienes más lo necesitan, aseguró
Thierry Lemarresquier, Coordinador Residente del
PNUD en México, pero, quizá sí
puede haberlo y es coaccionar a esos mismos ciudadanos
necesitados para que inclinen su voto en un sentido
bajo la amenaza de no ser elegios como beneficiarios
de fondos que, objetivamente, necesitan para subsistir.
Cuando esto sucede estamos ante la acción
de un Estado amoral y fantasma, pues como dice
el Profesor O´Donnell “la corrupción
niega la esencia misma del Estado” ya que
es, intencionadamente, incapaz de ejercer la función
para la que fue concebido.
La cuestión central es hacer que el resto
de América Latina comience también
a diagnosticar e identificar las lagunas de corrupción
que ennegrecen y desvirtúan los conceptos
de Estado y de democracia. Que comiencen a exigir
y a tomar la palabra al Estado para que el gobierno
del pueblo pueda ser tal en toda la región.