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Vida de contadora de muertas

México DF, 12 de abril de 2007

“La voz de la mujer llega lejos; levanta y hace caer personas, levanta y hace caer familias, levanta y hace caer naciones...”.
¿Por qué, entonces, la matriz del mundo, las poderosas dadoras de vida, merecedoras de honor y respeto padecen semejantes horrores, aquí, tan cerca...? Seguramente, ésa fue una de las incógnitas que quiso desvelar Esther Chávez cuando comenzó a luchar por esclarecer los crímenes que se producían y siguen ocurriendo en Ciudad Juárez, la ciudad que la vio nacer hace los suficientes años como para confiar en su relato, nacido de la experiencia. La ciudad que, también, la contempla contando muertas desde hace ya 15 años.

De ese relato de vida y lucha hizo partícipes a todos y todas los que quisieron presenciar el homenaje que se le rindió en el Centro de Información de Naciones Unidas en México. Sus palabras ayudaron pero, seguramente, no fueron bastante para describir esa desgracia que, como ella dice, “cuando se conoce, te cambia la vida; ya no eres la misma”.

Semejante desgracia es la de mujeres jóvenes que han de pagar con sus vidas el hecho de serlo. El hecho de haber nacido hembras en medio de un desierto patriarcal que hace creerse a los hombres con potestad suficiente como para vejar, violar, torturar y asesinar a las mujeres que les rodean.
Pero, ¿por qué nadie hace nada? Sólo gracias a la presión que ejercen grupos como Ocho de Marzo, fundado por Esther Chávez, entre otras activistas comprometidas con la causa han conseguido hacer visible las atrocidades que suceden en ese norte inhóspito y lograr que los Gobiernos federal y estatal reaccionen, poco a poco.

Cuando la iniciativa de Chávez la llevó a denunciar los casos de Ciudad Juárez ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), el Gobierno de la República nombró una Comisionada encargada, exclusivamente, de investigar y dar seguimiento a las diversas situaciones de violencia y asesinatos de mujeres que se producían en Juárez. Además, la Lda. María López Urbina, redactó, por orden del Gobierno, un informe en el que aparecían como involucrados de forma directa o indirecta más de 170 funcionarios públicos. El informe sirvió, únicamente, para que, algunos de ellos, pasaran una más que corta estancia en la cárcel y, después..., nada. Todo igual.

Pero, precisamente, para que todo cambie es por lo que Esther Chávez ha querido dar fuerza y valor a sus sucesoras. A las que quedarán al frente de la lucha. “El feminicidio no ha sido aún resuelto, la batalla ha de seguir porque el problema nos pertenece a todos”.
Toda esta labor, la suya propia, la de sus cómplices de causa, y la que les queda por hacer a sus sucesoras no ha sido, ni mucho menos, lo más parecido a un vergel en primavera. Amenazas, acusaciones injuriosas, calumnias... contra ella por querer ser contadora de muertas; también contra las demás; algunas compañeras lo pagaron con la vida.

Si, darlo todo por los derechos y la vida de las demás no es reconocido por el Estado, al menos aún queda el aplauso y agradecimiento de todas las familias, y de organizaciones nacionales e internacionales como Naciones Unidas o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, en sus reflexiones, llega a un punto clave de la cuestión y es que, estas luchadoras son pieza irremplazable en el camino hacia la consecución de un Estado de derecho, democrático y duradero.


 
 
 
 
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Última actualización
12/04/07