Declaración Universal de los Derechos Humanos
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Un elemento esencial de la protección de los derechos humanos es la difusión amplia de los conocimientos y el fomento de la comprensión entre las poblaciones de cuáles son sus derechos y cómo pueden defenderlos. En la actualidad, la Declaración está disponible en más de 360 idiomas y es el documento que más se ha traducido en el mundo, lo que da testimonio de su carácter y su alcance universales.

El tema para el 2008, “Dignidad y justicia para todas las personas” refuerza la visión de la Declaración Universal de Derechos Humanos como compromiso con la dignidad y la justicia a escala universal. No se trata de un lujo ni una lista de deseos. La Declaración Universal de Derechos Humanos y sus valores básicos, la dignidad humana inherente, la no discriminación, la igualdad, la equidad y la universalidad se aplican a todos, en todos los lugares y en todo momento. La Declaración es universal, duradera y dinámica, y nos atañe a todos.

Al acercar el 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es oportuno destacar la pertinencia actual del documento, su universalidad, y su relación con todo lo que somos. Hoy la Declaración Universal de Derechos Humanos es más pertinente que nunca.

Universalidad

La Declaración Universal de Derechos Humanos fue el primer instrumento que estableció, hace casi 60 años, lo han pasado a ser valores universales en la actualidad: los derechos humanos son inherentes a todos y conciernen a la comunidad internacional en su totalidad. Redactada por representantes de todas las regiones y las tradiciones jurídicas, la Declaración Universal ha resistido la prueba del tiempo y los ataques basados en el “relativismo”. La Declaración y sus valores básicos, incluidos la no discriminación, la igualdad, la equidad y la universalidad, se aplican a todas las personas, en todos los lugares y en todo momento. La Declaración Universal de Derechos Humanos nos pertenece a todos.
En un mundo amenazado por las divisiones raciales, étnicas, económicas y religiosas, tenemos que defender y proclamar, más que nunca, los principios universales de justicia, equidad e igualdad que pueblos de todas las latitudes consideran tan importantes y que fueron consagrados primeramente en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Pertinencia actual

Los derechos humanos no son únicamente valores universales que trascienden las culturas y las tradiciones, sino que son valores de una quintaesencia local y compromisos contraídos a escala nacional en órganos internacionales y constituciones y leyes nacionales.
La Declaración representa un contrato entre los gobiernos y sus pueblos, quienes tienen derecho a exigir que ese contrato se respete. No todos los gobiernos han pasado a ser partes en todos los tratados de derechos humanos. Sin embargo, todos los países han aceptado la Declaración Universal de Derechos Humanos. La Declaración sigue afirmando la integridad y el valor humanos inherentes a todas las personas del mundo, sin distinción de ningún tipo.

Lucha permanente

La Declaración Universal de Derechos Humanos nos protege a todos, y también consagra una gama de derechos humanos. Los redactores de la Declaración Universal vieron un futuro de seres humanos libres del temor y de la miseria. Colocaron todos los derechos humanos en un pie de igualdad y confirmaron que los derechos humanos son esenciales todos para vivir una vida con dignidad.
La visión de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos ha inspirado a muchos defensores de los derechos humanos que han luchado en los últimos seis decenios para convertir esa visión en realidad. El impresionante edificio de derechos humanos internacionales que hizo posible la Declaración Universal de Derechos Humanos debe ser motivo de celebración. Pero aún no beneficia a toda la humanidad de igual manera.
La lucha dista mucho de haber concluido. Tenemos que reclamar la Declaración Universal de Derechos Humanos, apropiárnosla, pues tiene que ver tanto con nuestros derechos como con nuestras responsabilidades. Si bien es cierto que tenemos derecho a nuestros derechos humanos, también debemos respetar los derechos humanos de los demás y contribuir a lograr que los derechos humanos universales para todos lleguen a ser una realidad. En nuestros esfuerzos reside el poder de la Declaración Universal de Derechos Humanos: se trata de un documento vivo que seguirá inspirando a generaciones futuras.

 

Historia

A lo largo de la historia, los conflictos, en forma de guerras o levantamientos populares, se han producido a menudo como reacción a un tratamiento inhumano. La Declaración de derechos inglesa de 1689, redactada después de las guerras civiles inglesas, surgió de la aspiración del pueblo a la democracia. Exactamente un siglo después, la Revolución Francesa dio lugar a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y su proclamación de igualdad para todos. Pero muchos consideran que el Cilindro de Ciro, dado a conocer en el año 539 a.C. por Ciro El Grande del imperio aqueménida de Persia (antiguo Irán) tras conquistar Babilonia, es el primer documento de derechos humanos.

Después de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas, la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las de ese conflicto. Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta del as Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento.

El documento que más tarde pasaría a ser la Declaración Universal de Derechos Humanos se examinó en el primer período de sesiones de la Asamblea General, en 1946. La Asamblea revisó ese proyecto de declaración sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales y lo transmitió al Consejo Económico y Social para que lo trasmitiera a la Comisión de Derechos Humanos para su estudio al preparar una carta internacional de derechos humanos. La Comisión, en su primer período de sesiones, celebrado a principios de 1947, autorizó a su Mesa a formular lo que denominó "un anteproyecto de Carta Internacional de Derechos Humanos". Posteriormente, la labor fue asumida por un Comité de Redacción integrado por miembros de la Comisión procedentes de ocho Estados, que fueron elegidos teniendo debidamente en cuenta la distribución geográfica.

Las personas que sostenían los principios consagrados en la Declaración: el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos

Tres miembros de la Comisión de Derechos Humanos conversan antes de se reanude una reunión sobre el proyecto de Pacto de Derechos Humanos.
De izquierda a derecha: Dr. Charles Malik (Líbano), Profesor René Cassin (Francia) y la Sra. Eleanor Roosevelt (Estados Unidos de América). En segundo plano aparecen los asesores de los Estados Unidos, la Sra. Marjorie Whiteman y el Sr. James Simsarian.
Crédito: Foto de las naciones Unidas
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La Comisión de Derechos Humanos estaba integrada por 18 miembros de diversas formaciones política, cultural y religiosa. La Sra. Eleanor Roosevelt, viuda del Sr. Franklin D. Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos, presidió el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Junto a ella estaban el Sr. René Bassin, de Francia, quien redactó el primer proyecto de la Declaración, el Relator de la Comisión, Sr. Charles Malik, del Líbano, el Vicepresidente, Sr. Peng Chung Chang, de China, y el Sr. John Humphrey, del Canadá, quien preparó la copia de la Declaración. Pero todos reconocían que la Sra. Roosevelt era la impulsora de la aprobación de la Declaración.

La Comisión se reunió por primera vez en 1947. En sus memorias, la Sra. Roosevelt recuerda: “El Dr. Chang era un pluralista y mantenía de una manera encantadora que existía más de un tipo de realidad final. La Declaración, decía, debería reflejar ideas que no fueran únicamente las ideas occidentales y el Dr. Humphrey tendría que ser aplicar un criterio ecléctico. Su comentario, aunque dirigido al Dr. Humprhey, en realidad estaba dirigido al Dr. Malik, quien no tardó en replicar al exponer detenidamente la filosofía de Tomás de Aquino. El Dr. Humphrey se sumó con entusiasmo al debate, y recuerdo que en un momento dado el Dr. Chang sugirió que tal vez convendría que la Secretaría dedicara algunos meses a estudiar los fundamentos del confucianismo”

La versión definitiva redactada por el Sr. Cassin fue entregada a la Comisión de Derechos Humanos, que estaba sesionando en Ginebra. El proyecto de declaración enviada a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas para que formularan observaciones se conoció como el texto redactado en Ginebra.

El primer proyecto de la Declaración se propuso en septiembre de 1948 y más de 50 Estados Miembros participaron en la redacción final. En su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos en París. Ocho naciones se abstuvieron de votar, pero ninguna votó en contra. El Sr. Hernán Santa Cruz, de Chile, miembro de la Subcomisión de redacción, escribió: “Percibí con claridad que estaba participando en un evento histórico verdaderamente significativo, donde se había alcanzado un consenso con respecto al valor supremo de la persona humana, un valor que no se originó en la decisión de un poder temporal, sino en el hecho mismo de existir – lo que dio origen al derecho inalienable de vivir sin privaciones ni opresión, y a desarrollar completamente la propia personalidad. En el Gran Salón... había una atmósfera de solidaridad y hermandad genuinas entre hombres y mujeres de todas las latitudes, la cual no he vuelto a ver en ningún escenario internacional.”

El texto completo de la Declaración Universal de Derechos Humanos fue elaborado en menos de dos años. En un momento en que el mundo estaba aún dividido en un bloque oriental y un bloque occidental, encontrar un terreno común respecto de lo que sería la esencia del documento resultó ser una tarea colosal.

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