“El
futuro de las poblaciones del mundo depende
del futuro de sus jóvenes”,
Arie Hoekman, Representante del
Fondo de Población de las Naciones
Unidas (UNFPA) en México.
Hoy
los jóvenes ya representan más
de 1.700 millones, más o menos
el 27% de la población total de
este planeta. Demasiados jóvenes
para que la clase política mundial
continúe obviando las necesidades
y derechos de muchos de ellos: los obligados
a emigrar, los que son victimas de abusos,
los que tienen que dejar la escuela a
los 12 años para trabajar...
Este
domingo se celebra, un año más,
el Día Internacional de la Juventud
todavía con enormes desafíos
por enfrentar por parte de los Estados
en lo referente a los derechos y problemas
de los jóvenes. Arie Hoekman aseguró
durante la conferencia de prensa celebrada
en el Centro de Información de
la ONU en México con motivo del
día de los jóvenes que “la
imaginación, los ideales, y la
energía de la juventud del mundo
son vitales para el desarrollo de nuestras
sociedades”.
Los
obligados a emigrar. La mayoría
de los que hoy son oficialmente calificados
como jóvenes o sea, la población
entre los 14 y 35 años de edad,
han nacido en las grandes urbes mundiales,
pero muchos, cada vez más, se ven
obligados a emigrar, a abandonar su lugar
de origen para intentar encontrar una
vida más digna. Llegan a las diferentes
tierras prometidas de los cinco continentes
de formas varias; a veces en camiones
atestados, otras en los bajos de los mismos
que no se encuentran menos concurridos,
el tren es otra opción y, en ocasiones,
lo que se impone son los propios pies.
Una vez allí, el dorado casi siempre
pierde su brillo, o gran parte de él.
No
hay suficientes escuelas y las que existen
no alcanzan el nivel necesario de calidad
educativa. Los gobiernos se olvidan de
atraer la suficiente inversión
para producir empleos dignos y el consiguiente
dinamismo económico, los servicios
de salud no son eficientes y la información
sobre salud sexual y reproductiva no abunda.
Ha habido avances, como ha recordado UNFPA,
pero aún falta trabajo por hacer.