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Nueva
York
20 de Julio del 2006
El
conflicto sangriento en que están sumidos
el Líbano y el norte de Israel tras la crisis
desencadenada por el ataque que llevó a cabo
Hezbolá a través de la Línea
Azul el 12 de julio sigue causando estragos.
Casi cada día se produce una nueva intensificación.
El
pueblo libanés, que había esperado
que los días sombríos de su país
hubieran quedado atrás, ha sido brutalmente
arrastrado de nuevo a la guerra. Ya han perdido
la vida más de 300 libaneses y más
de 600 han resultado heridos. Las víctimas
se encuentran principalmente entre la población
civil, y la tercera parte de ellas son niños.
Gran parte de la infraestructura en Beirut y en
el resto del país ha quedado destruida. El
Líbano sigue sometido a un bloqueo militar
israelí, impuesto por mar y por aire.
El pueblo israelí, que había esperado
que la retirada de Israel del Líbano —que
fue certificada por este Consejo hace seis años—
tuviera como resultado seguridad a lo largo de su
frontera septentrional, se encuentra sometido a
ataques constantes de Hezbolá con cohetes,
que cada día penetran más en territorio
israelí. Hasta la fecha han resultado muertos
28 israelíes y más de 200 han sufrido
heridas.
En
el frente humanitario las condiciones siguen deteriorándose.
Debido a las operaciones israelíes, los organismos
de las Naciones Unidas y sus asociados humanitarios
no han podido llegar a prácticamente ninguna
parte del Líbano meridional, ni siquiera
para evaluar las necesidades, y menos aún
para suministrar la asistencia que de hecho se necesita.
La falta de acceso y de evaluaciones in situ hace
difícil determinar la cifra exacta de las
personas necesitadas.
Sobre
la base de la información preliminar proporcionada
por la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas
en el Líbano (FPNUL), la Cruz Roja Libanesa
y el Gobierno del Líbano, los organismos
de las Naciones Unidas están trabajando actualmente
sobre la base de un total combinado de hasta 500.000
personas afectadas, que comprenden tanto los desplazados
internos como las personas asediadas. Esta cifra
incluye a nacionales de unos 20 países extranjeros.
Según extrapolaciones del Ministerio del
Interior del Líbano, estas cifras posiblemente
podrían duplicarse. Además, las autoridades
hacia Siria informan de que más de 140.000
personas han cruzado la frontera hacia Siria, la
mayoría de las cuales son nacionales del
Líbano, Siria y otros países árabes.
Desde
el comienzo de los enfrentamientos he estado constantemente
en contacto con los dirigentes regionales y mundiales,
tanto por teléfono como durante la Cumbre
del Grupo de los Ocho en San Petersburgo y mi visita
a Bruselas. El Grupo de los Ocho hizo pública
una importante declaración, que el Consejo
ha tenido la oportunidad de ver. Sin embargo, como
he subrayado reiteradamente, lo que se necesita
con más urgencia es la cesación inmediata
de las hostilidades, por tres razones fundamentales:
en primer lugar, para evitar la pérdida de
más vidas inocentes y para evitar causar
más sufrimiento; en segundo lugar, para permitir
pleno acceso humanitario a los que lo necesitan;
y, en tercer lugar, para brindar a la diplomacia
la oportunidad de preparar un conjunto de medidas
prácticas que proporcione una solución
duradera de la crisis actual.
Repito: deben finalizar las hostilidades. No obstante,
mientras éstas continúen es fundamental
establecer corredores seguros para que el personal
de asistencia humanitaria y los suministros de socorro
puedan llegar a la población civil.
La
labor humanitaria que enfrentamos es ingente y se
debe financiar con carácter de urgencia.
Espero poder emitir la próxima semana un
llamamiento de urgencia de las Naciones Unidas que
abarque un período de respuesta inicial de
tres a seis meses.
Debido
a los enfrentamientos constantes, las restricciones
impuestas por Israel y la destrucción de
muchas carreteras, la FPNUL no tiene libertad de
circulación y ni siquiera puede proporcionar
escoltas humanitarias a los desplazados. Su personal
permanece confinado en la sede de Naqoura y en sus
posiciones enla zona de operaciones. Un miembro
del personal de la FPNUL y su esposa han desaparecido
en Tiro desde el lunes, cuando el edificio en el
que vivían se derrumbó al ser alcanzado
por un ataque aéreo israelí. Estamos
muy preocupados por lo que les haya podido pasar,
ya que la carretera de acceso a Tiro es ahora intransitable
y los ingenieros de la FPNUL no han podido llegar
a la zona.
Lo
que FPNUL necesita ahora con carácter de
urgencia es el tiempo necesario para traer reservas
de alimentos, agua y combustible desde Israel para
su propio personal. Para que la FPNUL pueda continuar
cumpliendo sus tareas será preciso que distribuya
suministros de combustible a sus posiciones en las
próximas 24 horas.
No vamos a abandonar al pueblo libanés en
este momento de necesidad. Sin embargo, debemos
proceder con precaución. Para acudir en su
ayuda, nuestro Departamento de Seguridad y Protección
ha estado coordinando sus esfuerzos para garantizar
la protección del personal de todas las partes
del sistema de las Naciones Unidas en las zonas
afectadas y la de sus familiares. La mayor parte
del personal no indispensable y sus familiares han
sido trasladados fuera del país. Mientras
tanto, estamos incorporando más expertos
en asistencia humanitaria.
Seré sincero con el Consejo. La evaluación
de la misión es que existen graves obstáculos
para lograr una cesación del fuego e incluso
para disminuir la violencia de manera rápida.
El 13 de julio envié una misión urgente
a la región, dirigida por mi Asesor Especial,
el Sr. Vijay Nambiar, que estaba acompañado
por el Sr. Terje Roed-Larsen y el Sr. Álvaro
de Soto, de sobra conocidos por el Consejo. Les
envié para que instaran a todas las partes
a actuar con moderación y a examinar posibles
maneras de mitigar la crisis. El Sr. Nambiar y sus
colegas regresaron anoche a Nueva York, y se encuentran
ahora aquí conmigo. Estoy muy agradecido
a los Gobiernos de España y del Reino Unido
por haber hecho posible que abarcaran tanto terreno
en tan poco tiempo.
El ataque de provocación que llevó
a cabo Hezbolá el 12 de julio desencadenó
esta crisis. Está claro que el Gobierno del
Líbano no tenía conocimiento previo
del ataque. Sean cuales fueren los demás
propósitos que deseen lograr, las acciones
de Hezbolá, que ellos mismos describen como
de defensa de los intereses palestinos y libaneses,
en realidad no defienden a unos ni a otros.
Por el contrario, están tomando como rehén
a toda una nación y retrasando las posibilidades
de negociación de una paz amplia en el Oriente
Medio.
Ya
he condenado los ataques que cometió Hezbolá
contra Israel y he reconocido el derecho de Israel
a la legítima defensa de conformidad con
el Artículo 51 de la Carta de las Naciones
Unidas. Hoy lo reitero. También condeno el
desprecio temerario que muestra Hezbolá por
los deseos del Gobierno electo del Líbano
y por los intereses del pueblo libanés y
la región en general.
Israel
ha confirmado que su operación en el Líbano
persigue objetivos más amplios, de mayor
alcance que el retorno de sus soldados capturados,
y que su meta es poner fin a la amenaza que supone
Hezbolá. Se informó a la misión
de que la operación todavía no se
está acercando a la consecución de
ese objetivo.
Israel
declara que no tiene nada en contra del Gobierno
ni del pueblo del Líbano y que está
tomando precauciones extremas para evitar hacerles
daño. Sin embargo, como consecuencia de sus
acciones civiles y personal militar libaneses han
perdido la vida o resultado heridos, con grandes
daños de las infraestructuras. Si bien las
acciones de Hezbolá son deplorables y, como
ya he dicho, Israel tiene el derecho de legítima
defensa, se debe condenar el uso excesivo de la
fuerza.
No obstante, mientras que Israel ha declarado que
sus objetivos militares son atacar la infraestructura
y la fortaleza física de Hezbolá,
lo que ha logrado, en palabras del Primer Ministro
del Líbano, es arrasar el país. Tal
como el Primer Ministro Siniora también dijo
ayer, ningún gobierno puede sobrevivir sobre
las ruinas de una nación.
La misión informa de que muchos de sus interlocutores
en la región creen que, sea cual fuere el
daño que las operaciones de Israel estén
infringiendo a la capacidad militar de Hezbolá,
están contribuyendo poco o nada a disminuir
el apoyo popular a Hezbolá en el Líbano
o en la región, y lo que están haciendo
es debilitar al Gobierno del Líbano. En resumen,
el mismo Gobierno que Israel quisiera que expanda
su control a todo el territorio se ha convertido
en rehén de la crisis, está en menos
condiciones que nunca de desplegar sus fuerzas en
las zonas necesarias para controlar a Hezbolá
y está haciendo un llamamiento a la comunidad
internacional para que se produzca de inmediato
una cesación del fuego humanitaria.
Además,
cualquier analogía con la situación
en el Afganistán durante la etapa de los
talibanes es totalmente incorrecta. El Gobierno
del Sr. Siniora a todas luces defiende los valores
democráticos. Merece y debe recibir todo
el respaldo posible de la comunidad internacional.
Pese a nuestra valoración de que es difícil
lograr una cesación del fuego completa en
estos momentos, sigo opinando que la comunidad internacional
debe dejar en claro su postura sobre la necesidad
de una cesación inmediata de las hostilidades
y de que Israel realice un esfuerzo mucho mayor
y más fiable para proteger a los civiles
y la infraestructura civil mientras se establecen
las condiciones de esa cesación con carácter
de urgencia.
Tanto
el ataque deliberado por Hezbolá con cientos
de armas indiscriminadas contra centros de población
israelíes como el uso desproporcionado de
la fuerza y el castigo colectivo del pueblo libanés
por Israel deben detenerse. Los soldados secuestrados
deben ser liberados lo antes posible y, en cualquier
caso, el Comité Internacional de la Cruz
Roja (CICR) debe tener acceso a ellos inmediatamente.
El Gobierno de Israel debe permitir el acceso de
los organismos de asistencia humanitaria a los civiles.
Además, se debe respaldar urgentemente al
Gobierno del Líbano elegido democráticamente
en estos momentos de crisis.
Como
complemento a estas medidas urgentes, y en paralelo
a ellas, debemos continuar nuestros esfuerzos diplomáticos
para desarrollar cuanto antes un marco
político que se puede aplicar tan pronto
como se ponga fin a las hostilidades. La mayoría
de las personas en la región rechazan con
razón volver al statuo quo anterior, puesto
que no se puede esperar que una tregua basada en
un resultado tan limitado sea duradera.
La misión me ha planteado elementos que,
en mi opinión, deben servir de base política
para cualquier cesación del fuego duradera,
y sobre los que se han celebrado consultas con los
dirigentes del Líbano e Israel. Mis asesores
y yo seguiremos trabajando con esos elementos, en
diálogos con las partes y con los asociados
regionales e internacionales.
Entre
esos elementos figuran los siguientes: los soldados
israelíes detenidos deben ser transferidos
a las autoridades libanesas legítimas, bajo
los auspicios del CICR, para repatriarlos a Israel
y lograr la cesación del fuego.
Del lado libanés de la Línea Azul,
una fuerza de mantenimiento de la paz ampliada ayudaría
a estabilizar la situación, al trabajar con
el Gobierno del Líbano para ayudar a fortalecer
su ejército y desplegarlo plenamente en toda
la zona. Entre tanto, el Gobierno del Líbano
aplicaría plenamente las resoluciones del
Consejo de Seguridad 1559
(2004) y 1680
(2006), para establecer la soberanía y el
control libaneses.
El
Primer Ministro del Líbano confirmaría
de manera inequívoca al Secretario General
y al Consejo de Seguridad que el Gobierno del Líbano
respetará la Línea Azul en su totalidad
hasta que se haya llegado a un acuerdo definitivo
sobre las fronteras internacionales del Líbano.
Se establecería un marco para los donantes
inmediatamente para garantizar la financiación
de un conjunto de medidas urgentes de asistencia,
reconstrucción y desarrollo para el Líbano.
Se
establecería un mecanismo, formado por agentes
regionales e internacionales clave, para verificar
y garantizar la aplicación de todos los aspectos
del acuerdo. Se organizaría una conferencia
internacional con la amplia participación
libanesa e internacional para establecer los plazos
concretos de la aplicación rápida
y plena del Acuerdo de Taif y de las medidas adicionales
necesarias para que el Líbano cumpla sus
obligaciones internacionales en virtud de las resoluciones
del Consejo de Seguridad 1559
(2004) y 1680
(2006). La conferencia respaldaría también
la demarcación de las fronteras internacionales
del Líbano, incluida una resolución
definitiva sobre todas las zonas que son objeto
de controversia sobre todo las granjas de Shaba´a.
La carta de fecha 5 de junio de 2006 que dirigí
al Primer Ministro Siniora abarca esos aspectos.
La
planificación y la aplicación de estos
elementos deberían, en la medida de lo posible,
realizarse en forma paralela, repito, en forma paralela.
Deseo recalcar que, evidentemente, se debería
continuar trabajando a fin de desarrollar más
estas ideas, en estrecho diálogo con todos
los interesados. Sería necesario que el Consejo
examine la incorporación de los elementos
de dicho conjunto en un proyecto de resolución.
Entre
tanto, es evidente que las condiciones para el mantenimiento
de la paz no existen. Será necesario que
el Consejo de Seguridad decida qué hacer
con respecto a la FPNUL, cuyo mandato vence el 31
de julio. A mi juicio, el mantenimiento de la FPNUL
con su configuración actual y con su mandato
actual no es sostenible. ¿Acaso debe retirarse?
¿Acaso debe fortalecerse? ¿Acaso debe
sustituirse totalmente por otra? El contexto es
radicalmente diferente del que existía hace
apenas unas semanas.
También
debemos encontrar una vía de paz para Gaza,
a pesar de las cuestiones que entraña, tanto
como la necesitamos encontrar para el Líbano.
Me preocupa mucho la situación en Gaza. Los
palestinos que se encuentran allí están
sufriendo muchísimo; más de 100 personas,
muchas de ellas civiles, perdieron la vida sólo
en este último mes. Como resultado de la
destrucción de la planta de suministro eléctrico
de Gaza por Israel, más de un millón
de personas se han quedado sin electricidad durante
casi todo el día y la noche. Los israelíes
en el sur siguen siendo objeto de ataques con cohetes
Qassam, aunque, felizmente, no se han registrado
víctimas durante el mes transcurrido.
Exhorto
a que se ponga fin de inmediato la violencia indiscriminada
y desproporcionada en el conflicto entre Israel
y Palestina, y a que se vuelvan a abrir los cruces
que se cerraron. De lo contrario, Gaza seguirá
cayendo en un abismo de más sufrimiento y
caos, y la violencia se intensificará aún
más en la región.
En
las reuniones que mi delegación sostuvo con
el Presidente Abbas, él recalcó su
disposición a participar en un diálogo
adecuado con el Gobierno de Israel. Es vital que
no se permita que esta crisis regional frustre las
esperanzas que habían surgido al respecto.
Los esfuerzos del Presidente Abbas por encaminar
a la parte palestina hacia un gobierno de unidad
nacional que aborde los principios del Cuarteto
deben recibir el pleno respaldo de todos. Es preciso
que Israel se abstenga de llevar a cabo actos unilaterales
que prejuzguen las cuestiones relativas al estatuto
definitivo y convenga en negociar en el proceso
de paz.
Para
que se ponga fin a la violencia y se reanuden el
diálogo y el compromiso, la comunidad internacional
también deberá desempeñar el
papel que le corresponde y abordar la cuestión
israelo-palestina de manera enérgica y creativa.
Ello ayudaría a eliminar el pretexto utilizado
por los extremistas en toda la región, incluido
el Líbano. Como se concluyó en la
Cumbre del Grupo de los Ocho, y como lo recalcaron
los dirigentes árabes a la misión,
la necesidad de abordar las causas profundas de
los problemas de la región —la falta
de una paz amplia en el Oriente Medio— es
evidente. De hecho, es necesario que nos centremos
en la búsqueda de una paz amplia en el Oriente
Medio.
Nuestras
mentes y nuestros corazones deben estar junto a
los civiles en el Líbano, Israel y Palestina
que sufren a diario la violencia y que esperan que
las Naciones Unidas, como lo hacen muchos en la
región más amplia, hallen una solución
de la crisis actual.
Reconozco que hay enfoques diferentes en el Consejo.
Sin embargo, recordemos hoy lo que nos une: nuestra
compasión por las víctimas y por todos
los que han perdido a seres queridos —a quienes
queremos expresarles nuestras más profundas
condolencias— y nuestro deseo común
de lograr una paz estable y a largo plazo entre
Israel y sus vecinos. Ello exige que la comunidad
internacional, por conducto del Consejo, se pronuncie
con una sola voz en los próximos días.
Invito
al Consejo a examinar la aplicación paralela
del conjunto de medidas concretas que acabo de presentar.
El apoyo de la comunidad internacional en los ámbitos
político, de seguridad y financiero, será
decisivo para el éxito de todo el proceso.
Estoy firmemente convencido de que únicamente
la aplicación simultánea de los distintos
elementos de este conjunto podrá transformar
toda cesación de las hostilidades en una
cesación del fuego duradera. Cuando se logre
este objetivo, será preciso que la comunidad
internacional elabore un marco para la demarcación
definitiva de las fronteras del Líbano y
la reactivación del proceso de paz en el
Oriente Medio de manera decisiva.
Insto
al Consejo a que adopte medidas firmes para garantizar
la paz y la estabilidad en la región del
Oriente Medio, conforme al mandato que le confirió
la Carta de las Naciones Unidas.
incio
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