|
MENSAJE
DEL SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS, KOFI ANNAN,
AL PERSONAL DE LA ONU SOBRE EL
ATENTADO EN BAGDAD
Nueva York, 21 de agosto de 2003
Queridos
Amigos,
Nuestros
corazones cargan un gran peso por la pérdida.
Nuestros sentidos se conmocionan con las imágenes y
los sonidos de uno de los días más obscuros
en la historia de las Naciones Unidas.
Aún hoy, dos días después, las imágenes
siguen llegando a nosotros:
* En la televisión, vemos las imágenes de nuestros
colegas siendo evacuados en camillas de las ruinas del Hotel
Canal.
* En nuestras mentes, están las imágenes de
nuestros colegas, tal como los recordamos: hombre y mujeres
dinámicos en el mejor momento de sus vidas -activos,
intensos, llenos de esperanza y risas, de compasión;
y sobre todo, decididos a mejorar las cosas.
* Aquí en Nueva York, en Ginebra y en cualquier parte,
las imágenes de oficinas que una vez estuvieron llenas
de propósito y de vida, ahora están congeladas
en el tiempo, memoriales silenciosos a carreras que estuvieron
dedicadas a la causa de la paz.
Todo ello
nos confunde y aturde. Parece difícil creer que nunca
volveremos a ver cruzar la puerta a alguien con quien hemos
compartido una oficina, que nunca volverá a iluminar
nuestras vidas con sus sonrisas, que nunca nos motivará
con sus pasiones o impresionará con su talento. Nosotros,
que en nuestro trabajo vivimos envueltos en tragedias ajenas,
ahora nos enfrentamos a una tragedia propia. El dolor en nuestras
almas es casi insoportable.
Actualmente, sabemos que 17 personas han muerto, pero sólo
10 han sido identificadas. Se espera que el número
de muertos aumente, ya que algunos de los heridos se encuentran
en condiciones críticas, mientras otros siguen desaparecidos
y puede que permanezcan enterrados bajo los escombros. El
esfuerzo de rescate, y el proceso de identificación
de los cuerpos es dolorosamente lento. Doctores de las Naciones
Unidas están recorriendo los hospitales de la ciudad
para identificar a los supervivientes, algunos de ellos inconscientes
o demasiado heridos para hablar. Oficiales de seguridad se
encuentran reevaluando las condiciones en Iraq y en estaciones
de servicio por todo el mundo.
Tres terapeutas
para el manejo de crisis traumáticas se encuentran
ya en Bagdad, y otros dos están en camino, mientras
otros se encuentran disponibles también en Amman, Ginebra,
aquí en Nueva York y en varios lugares más.
Todos los recursos del sistema de Naciones Unidas están
siendo movilizados para responder a esta emergencia.
El personal
de las Naciones Unidas ya ha sido blanco de ataques anteriormente.
En años recientes, nos hemos reunido con demasiada
frecuencia para lamentar muertes y recordar a nuestros colegas
caídos. Pero el ataque del martes fue más deliberado
y cruel que ninguna agresión que haya sido dirigida
hacia nosotros hasta ahora.
Esto nos
obliga a estudiar más de cerca las condiciones en las
que estamos trabajando. Algunas de ellas tendrán que
cambiar, por más triste y doloroso que esto sea.
Hay muchas
consideraciones que deben ser tomadas en cuenta. Pero hoy
nos unimos como una familia afligida para hacer homenaje a
aquellos que hemos perdido.
Quisiera
poder decir algunas palabras de cada uno de ellos. No podré,
porque la lista sigue estando incompleta, y porque seguimos
en el proceso de notificar a los parientes más cercanos.
Pero permítanme
decir esto:
Trabajadores
secretariales, abogados, choferes o representante especial,
funcionarios iraquíes o internacionales, cada uno de
estos hombres y mujeres hicieron una contribución única
e invaluable a nuestro trabajo.
Cada uno
estaba comprometido con los derechos humanos, la soberanía
y el bienestar del pueblo iraquí. Muchos también
habían atendido las necesidades de otros pueblos.
Cada uno
hizo frente a adversidades, dejó a un lado la nostalgia
por su hogar y una vida tranquila, y conquistó sus
miedos para poder ayudar a otros a superar una era de terrible
sufrimiento.
Cada uno
le enseño al mundo el rostro bondadoso y de principios
del servicio público internacional.
Cada uno
nos dio algo de qué sentirnos orgullosos.
Ahora,
permítanme dirigirle un mensaje especial al personal
en Bagdad:
No podemos
conocer el impacto que ustedes están sintiendo. Sólo
podemos decir "gracias" por la tremenda fortaleza
que están mostrando en medio de esta terrible desgracia.
Su trabajo
ha sido fuente de una gran inspiración para todos nosotros,
y sobre todo para el pueblo de Iraq.
Queridos amigos,
Estamos
recibiendo condolencias de todas partes del mundo. Mandatarios
y ciudadanos por igual expresan su enorme tristeza por lo
que ha pasado. Espero que todos sientan un poco de consuelo
por la efusividad de estas muestras de solidaridad.
Si hay
alguna manera de honrar la memoria de nuestros colegas asesinados
en el cumplimiento de su deber, es seguir con nuestro trabajo,
con decisión y sin temor.
Las Naciones
Unidas no serán imprudentes. Pero, tampoco serán
intimidadas. El servicio de las Naciones Unidas no es un simple
trabajo. Es una vocación, y quienes nos han atacado
no lograrán desviarnos de ella. Encontraremos la manera
de continuar con nuestro trabajo, una manera de continuar
ayudando al pueblo iraquí a reconstruir su país
y recuperar su soberanía, bajo los líderes que
ellos mismos elijan.
Con este
espíritu, les pido a todos que se levanten y me acompañen
en un minuto de silencio, en honor a todas las víctimas
y mostrando nuestro pésame a todos los afligidos.
* * *
* *
Muchas
gracias. Si alguno de ustedes tiene preguntas haré
mi mayor esfuerzo por contestarlas.
|