BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 02/025
19 de marzo de 2002
 

EL SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS,
KOFI ANNAN, SE DIRIGE AL CONGRESO MEXICANO
 
Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, al Congreso Mexicano.

[Señor Presidente]
Excelencias,
Señoras y Señores,

Es un gran honor haber sido invitado a dirigirme al Congreso Mexicano, honor que considero como una muestra de su firme compromiso en favor de los nobles ideales de las Naciones Unidas y de nuestro trabajo común en pro de la paz y el progreso de la condición humana.

También lo considero una oportunidad para proseguir la tarea realizada en la histórica reunión de parlamentarios que se celebró hace un año y medio en la Sede de las Naciones Unidas como parte de la Cumbre del Milenio. En esa ocasión, los presidentes de 145 parlamentos nacionales hicieron una importante contribución al exponer su extraordinaria visión de la paz y el progreso en el siglo XXI.

Efectivamente, ustedes como parlamentarios tienen un papel fundamental que desempeñar en los asuntos mundiales. El parlamento es un lugar donde se tratan algunos de los asuntos más importantes del país. Un lugar donde los representantes elegidos por el pueblo mexicano –un rico mosaico de opiniones, tradiciones y creencias- se reúnen para dialogar y debatir. De este Congreso emanan las leyes del país: leyes que afectan a los medios y condiciones de vida de las gentes; leyes que ratifican acuerdos internacionales; leyes que convierten los ideales y las resoluciones de las Naciones Unidas en medidas concretas en el plano nacional.

Así pues, los parlamentarios tienen enormes responsabilidades. Son ustedes los primeros que deben dar voz a las luchas y aspiraciones de los pueblos de México. Ustedes deben asegurarse de que los intereses de los pobres, los marginados y los vulnerables ocupan un lugar preferente en el debate nacional. Como puente entre el Estado y la sociedad, deben dar ejemplo, trabajando de manera democrática, transparente y responsable en beneficio de la población y del país. Y habida cuenta de que la mayoría de los principales problemas de hoy –desde la degradación del medio ambiente hasta el tráfico de drogas- tienen una dimensión internacional, ustedes también sirven de puente entre lo local y lo universal.

Hoy quisiera concentrar mis observaciones en tres cuestiones de importancia capital en las que el Parlamento mexicano está especialmente bien situado para aportar su contribución: la Corte Penal Internacional; las operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz; y la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de Monterrey, que ha reunido esta semana en México a tantos Jefes de Estado, dirigentes empresariales, grupos de la sociedad civil y demás personalidades.


[Corte Penal Internacional]

Permítanme referirme en primer lugar a la Corte.

El antiguo sueño de contar con una Corte Penal Internacional permanente está cerca de hacerse realidad. Al día de hoy 139 países ya han firmado el Estatuto aprobado en Roma en 1998 y 55 países lo han ratificado o se han adherido a él; sólo faltan 5 de los 60 necesarios para que el Estatuto entre en rigor. Me complace que México haya firmado el Estatuto. Conozco bien la sociedad con que ustedes están considerando el próximo paso, que será el decisivo.

La Corte Penal Internacional ha sido definida como la pieza que falta en el sistema jurídico internacional. Como saben ustedes, la Corte Internacional de Justicia de La Haya sólo se ocupa de causas civiles entre los Estados. Y los dos tribunales penales internacionales que existen para Rwanda y la exYugoslavia se limitan a esas dos situaciones. Sin una Corte Penal Internacional permanente, los actos de genocidio y las violaciones más graves de los derechos humanos seguirán impunes. Efectivamente, como dijo una vez José Ayala Laso, el primer Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, “es más probable que una persona sea imputada y juzgada por matar a un ser humano que por matar a 100 mil”.

La Corte no será, como han sugerido algunos, una entidad supranacional, que se injiera en la soberanía y en los sistemas jurídicos de los países. Al contrario, aplicará en sus actuaciones el principio de la complementariedad. Ahora, hay criminales notorios que quedan impunes cuando las instituciones nacionales de justicia penal no quieren o no pueden actuar. En esas circunstancias –y sólo en esas circunstancias- será competente la Corte Penal Internacional.

Nuestra esperanza es que, al castigar a los culpables, la Corte Penal Internacional aporte cierto consuelo a sus víctimas supervivientes y a las comunidades que han sido objeto de sus crímenes. Más importante aún es que esperamos disuadir a futuros criminales de guerra y hacer más próximo el día en que ningún dirigente, ningún Estado, ninguna junta y ningún ejército tengan en ningún lugar del mundo la posibilidad de conculcar impunemente los derechos humanos.

Sé que ustedes comparten ese objetivo. Por este motivo México desempeñó un papel activo en el proceso que condujo a la aprobación del Estatuto de Roma y en las negociaciones ulteriores sobre la forma en que actuará la Corte. Espero que ustedes ratifiquen ahora el Estatuto, de forma que México pueda estar presente cuando la Asamblea de los Estados Partes se reúna por primera vez –probablemente en septiembre del año en curso- para adoptar decisiones sobre diversas cuestiones importantes.


[Mantenimiento de la paz]

Permítanme ahora referirme al mantenimiento de la paz.

La capacidad de las Naciones Unidas para contener los conflictos, y para reestablecer la paz, es uno de los principales criterios que se utilizan para juzgarnos, y está bien que así sea. Al tratar de responder a esos desafíos hemos tenido grandes éxitos, pero también hemos sufrido terribles reveses. Ninguno de nosotros ha olvidado las tragedias de Somalia, Rwanda y Bosnia-Herzegovina.

Hace dos años pedí a un grupo de personalidades independientes que recomendaran de qué formas las Naciones Unidas podían hacer mucho más eficaces sus operaciones de paz. El informe del grupo concluyó que, durante demasiado tiempo las operaciones de mantenimiento de la paz habían sido utilizadas por los Estados Miembros para dar la impresión de que estaban “haciendo algo” en respuesta a la indignación pública, especialmente cuando no había voluntad de tomar las medidas adecuadas, o cuando no había consenso sobre qué era “lo adecuado”.

En el informe se destacaba que en algunas ocasiones tomar las medidas adecuadas supone no desplegar una operación, sencillamente por que no existen las condiciones necesarias para el éxito; en otras palabras, por que no hay ninguna paz que mantener. Esto no significa que las Naciones Unidas renuncien simplemente a toda responsabilidad en una determinada situación. Todo lo contrario; además del mantenimiento de la paz, hay muchas otras formas en que la comunidad internacional pueda ayudar a la población víctima de un conflicto.

Sin embargo, en otros casos tomar las medidas adecuadas significan desplegar operaciones mucho mejor dotadas de personal, equipo y recursos. Esencialmente, el informe exhortaba a acabar con las medias tintas y con los planteamientos quiméricos. Sus importantes recomendaciones abarcan todos los aspectos, desde la logística, la planificación para imprevistos y el despliegue rápido hasta la dotación de personal, la financiación y el análisis. Muchas de las recomendaciones están dentro del ámbito de mi competencia y la Secretaría se ha esforzado mucho en aplicarlas. Pero otras muchas requieren la aprobación, la adopción de medidas o la aportación de recursos adicionales por parte de los Estados Miembros, por no hablar de un apoyo más amplio de los gobiernos y de los pueblos.

Este es el aspecto en que ustedes, como parlamentarios, pueden ser decisivos. México ocupa actualmente un puesto de miembro en el Consejo de Seguridad y de este modo puede ayudar al Consejo a definir mandatos claros. Ustedes también pueden ayudar a explicar esas operaciones a sus electores, ya que la comprensión y el apoyo del público son un ingrediente básico para el éxito.

Ya en 1949 México aportó personal al Grupo de Observadores Militares de las Naciones Unidas en la India y en Pakistán. Más recientemente, agentes de policía mexicanos participaron en la ONUSAL, la operación que contribuyó a que el proceso de paz diese frutos en El Salvador. Deseo darles las gracias por estas contribuciones y manifestar la esperanza de que en el futuro México participe en más operaciones de este tipo y tenga incluso una mayor responsabilidad en nuestros esfuerzos por poner coto a los conflictos.


[Financiación para el desarrollo]

Por último, déjenme referirme a la conferencia de Monterrey, que tan vivo debate ha suscitado en las últimas semanas. Ciertamente me complació saber que ustedes están profundamente involucrados en este proceso, al haber celebrado un foro sobre el tema hace tan sólo tres días aquí en México, D.F.

La conferencia de Monterrey es una parte crucial de nuestras iniciativas por promover nuevos y urgentes apoyos a nuestra labor en pro del desarrollo económico y social. En la Cumbre del Milenio los dirigentes políticos de todo el mundo acordaron que debemos utilizar los 15 primeros años de este nuevo siglo para lanzar una gran ofensiva contra la pobreza, el analfabetismo y la enfermedad. Y fijaron una serie clara de objetivos, con los que medir el éxito o el fracaso: los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Pero esos objetivos no se alcanzaran sin recursos: recursos humanos, recursos naturales y también, fundamentalmente, recursos financieros.

Como ustedes saben por experiencia propia, los países en desarrollo no quieren limosnas. Entienden que son ellos mismos los que deben adoptar políticas adecuadas para movilizar la inversión privada de sus propios ciudadanos y del extranjero. Tienen que aceptar el mercado, conseguir la estabilidad económica, combatir la corrupción, mantener el imperio de la ley y proteger los derechos de propiedad.

Lo que piden es una oportunidad justa para salir de la pobreza gracias al comercio, sin tener que hacer frente a aranceles y contingentes ni competir con los productos subvencionados de los países ricos. Muchos quieren el alivio de unas deudas insostenibles. Y para poder prescindir de limosnas, muchos piden una mano que les ayude, aumentando la ayuda de los países más ricos.

Hasta ahora, la mayoría de los países desarrollados han reaccionado con escepticismo ante esta solicitud, estimando que ya se había despilfarrado demasiada ayuda en decenios anteriores a causa de gobiernos corruptos o ineficaces. Pero se dan cuenta cada vez más de que vivimos en un solo mundo, no en dos, y de que nadie puede sentirse cómodo o seguro en este mundo mientras tantos padecen sufrimientos y privaciones.

Ya hemos oído importantes anuncios de aumentos de ayuda del Presidente Bush y la Unión Europea. Quizás tan importante como las sumas que prometen sea el hecho de que han triunfado los argumentos en favor de la ayuda. Esta es una buena noticia para los millones y millones de hombres, mujeres y niños que desean mejorar sus vidas si se les concede la oportunidad.

En su condición de parlamentarios, ustedes pueden hacer mucho para que los recursos financieros de México –adquiridos con tanto esfuerzo- se gasten de manera sensata, invirtiéndolos en las personas. Yo los animo a hacer su parte, en México y en el extranjero, ahora que pongamos en práctica el “Consenso de Monterrey”.


[Conclusión]

Señoras y Señores,

Sé que estos desafíos -fomentar la justicia, la paz y el desarrollo en el mundo- encuentran aquí en México oídos favorables.

México es uno de los miembros fundadores de las Naciones Unidas y durante más de medio siglo ha desempeñado un papel importante en la misión de la Organización. Prestó un apoyo crucial al proceso de paz en América Central. Ha participado en los esfuerzos por convertir a América Latina en una zona libre de armas nucleares y firmado convenciones fundamentales para la prohibición de las armas químicas y las minas antipersonal. Los organismos de las Naciones Unidas trabajan en estrecha colaboración con sus homólogos mexicanos para proteger el medio ambiente y promover los derechos de los pueblos indígenas.

Esta colaboración se ve reforzada por la transformación política y económica que México esta experimentando. Abandonaré esta gran ciudad con destino a Monterrey con la seguridad de que ustedes, los representantes del pueblo de México, comprenden no sólo el peso de las responsabilidades que recaen sobre sus hombros, sino también la urgencia con que debemos actuar todos juntos.

Muchas gracias

Presidente Mazaryk no.29, piso 6
Col. Chapultepec Morales
C.P. 11570
tel. 5263-9727


* Sólo para uso informativo, no es documento oficial