BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 02/036
21, Marzo, 2002
 

DECLARACIÓN DEL SECRETARIO GENERAL, KOFI ANNAN, ANTE LA CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE LA FINANCIACIÓN PARA EL DESARROLLO
(MONTERREY, MÉXICO)

 


Estamos aquí para discutir el destino de seres humanos. No del ser humano en abstracto, sino de millones y millones de hombres, mujeres y niños de carne y hueso, todos los cuales anhelan mejorar su vida según sus propias preferencias y todos los cuales son capaces de hacerlo si se les da la oportunidad.


Actualmente no tienen esa oportunidad porque hay una multitud de problemas, pobreza, hambre, enfermedad, opresión, conflicto, contaminación, agotamiento de los recursos naturales, cada uno de los cuales hace más difícil escapar de los demás.


Por desarrollo entendemos dar poder a la persona para romper ese círculo vicioso.


Y para el desarrollo hacen falta recursos. Recursos humanos. Recursos naturales. Y también, y esto es determinante, recursos económicos.


Por eso estamos aquí, y es una satisfacción ver aquí a tantos de ustedes, en especial los que han venido de países desarrollados.


Se han dado cuenta, como se dan cuenta cada vez más y más de nuestros conciudadanos, de que vivimos en un mundo, no en dos, y de que nadie en este mundo puede sentirse cómodo ni seguro mientras tantos otros padecen sufrimientos y privaciones.


Es también muy satisfactorio ver aquí a tantos líderes del propio mundo en desarrollo.


No vienen a pedir limosna. Saben que ellos mismos tienen mucho que hacer para movilizar recursos internos en sus propios países, así como para atraer capital privado internacional y aprovecharlo.

Lo que sí están pidiendo es la oportunidad de hacer oír su voz y asegurarse de que se tienen en cuenta los intereses de sus países cuando se discute cómo administrar la economía mundial.


Están pidiendo también que sus países tengan la posibilidad de salir de la pobreza mediante el comercio, lo cual significa que los mercados del mundo desarrollado deben estar completa y verdaderamente abiertos a sus productos, y que deben eliminarse los subsidios injustos que desequilibran la competencia entre los productos. La promesa de Doha debe cumplirse.


Lo que muchos de ellos están pidiendo es alivio de una deuda que constituye una carga insoportable.


Y muchos de ellos están diciendo que, para poder prescindir de la ayuda en el futuro, sus países necesitan primero que se les dé una mano en la forma de un incremento significativo de la asistencia oficial para el desarrollo.


Hace dieciocho meses, los líderes políticos de todo el mundo decidieron en la Cumbre del Milenio que debemos utilizar los quince primeros años de este nuevo siglo para lanzar un ataque decisivo contra la pobreza, el analfabetismo y la enfermedad. Y nos dieron una medida clara del éxito o el fracaso: los Objetivos de Desarrollo para el Milenio.


Alcanzar esos objetivos antes del 2015 no significaría haber ganado la batalla por el desarrollo. Pero si no los alcanzamos sabremos que hemos perdido.


Y todos los estudios serios coinciden en que no podemos alcanzarlos sin al menos 50.000 millones de dólares más al año de asistencia oficial, aproximadamente el doble de la cantidad actual, aportados de una manera eficiente que, por ejemplo, deje a los países receptores la libertad de elegir a los proveedores y los contratistas que mejor respondan a sus necesidades.


La prueba más clara y más inmediata del espíritu de Monterrey será que los países donantes proporcionen esa ayuda.


Las nuevas propuestas que se hagan deben incrementar verdaderamente los recursos disponibles para el desarrollo y no reducirlos con el tiempo.


Algunos donantes tal vez sean reacios a comprometerse, porque no están convencidos de que la ayuda sirva.


A ellos les digo que repasen la historia. Abundan las pruebas de que la ayuda sirve. La ayuda trae consigo mejoras espectaculares de la alfabetización, y disminuciones espectaculares de la mortalidad infantil cuando es encauzada a países con líderes esclarecidos e instituciones eficientes. De hecho, un líder esclarecido puede utilizar la ayuda para establecer instituciones eficientes.

La ayuda es imprescindible, pero no es lo único. El desarrollo es un proceso complejo en el que muchos agentes distintos tienen que trabajar juntos, y no los unos contra los otros. Por poner sólo un ejemplo, no sirve de nada ayudar a los ganaderos que crían vacas en un país si, al mismo tiempo, se le exporta leche en polvo subvencionada.


Por eso es tan alentador ver aquí a ministros de economía y empresarios junto a los ministros de carteras de desarrollo. Y por eso el proceso de preparación de esta conferencia, con las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y las instituciones de Bretton Woods trabajando juntos como nunca antes lo habían hecho, ha sido tan extraordinario. Por fin todos hacemos frente juntos y de manera coherente a los problemas.


Sr. Presidente, ese es el verdadero espíritu de Monterrey, que debemos mantener en los meses y años venideros.


El "Consenso de Monterrey" no es un documento débil, como han afirmado algunos. Será débil si no lo llevamos a la práctica. Pero si cumplimos las promesas que contiene y seguimos trabajando juntos, puede marcar un cambio verdadero en la vida de los pobres de todo el mundo.


Asegurémosnos de que así sea.


Muchas gracias.

 

Presidente Mazaryk no.29, piso 6
Col. Chapultepec Morales
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* Sólo para uso informativo, no es documento oficial