BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/140
11 de diciembre de 2001
 

UNRISD PRESENTA EL INFORME LA MANO VISIBLE: ASUMIR LA RESPONSABILIDAD POR EL DESARROLLO SOCIAL
 
La mano visible: Asumir la responsabilidad por el desarrollo social
es un informe del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD) que se presentó en la reunión de Geneva 2000, realizada en Ginebra, Suiza, en junio del año pasado. Acaba de ser publicada en forma de libro, gracias al apoyo financiero de las Naciones Unidas y de una serie de gobiernos, entre ellos el de México.

Este Instituto es una agencia autónoma de las Naciones Unidas que se encarga de hacer investigación multidisciplinaria sobre las dimensiones sociales de los problemas contemporáneos que afectan al desarrollo. En este informe se evalúan los esfuerzos recientes para reafirmar el valor de la equidad y la cohesión social en un mundo cada vez más individualista. Los mercados por sí mismos no tienen la capacidad de imaginar o de crear una sociedad justa para todos. Sólo las “manos visibles” del gobierno y los seres humanos con un sentido firme del bien público pueden lograrlo.

Así en La mano visible: Asumir la responsabilidad por el desarrollo social se hace una evaluación crítica —y lúcida— de los resultados de la Cumbre Social de Copenhague, a cinco años de su realización. En estos cinco años los acontecimientos han confirmado la incapacidad del modelo macroeconómico predominante para cumplir con los cambios que entonces se exigieron: aumento de las oportunidades de participación económica, generación de más y mejores empleos, distribución más equitativa de ingreso, mayor igualdad entre hombres y mujeres y mayor inclusión de la población en los beneficios del desarrollo. Lejos de ello, muchos de los indicadores en varias regiones subdesarrolladas del mundo se han deteriorado dramáticamente.
En este estudio pone de manifiesto que la confianza desmedida en la mano invisible de la economía de mercado está llevando al mundo a niveles insostenibles de desigualdad y miseria, por lo que es necesario encontrar un nuevo equilibrio entre lo público y lo privado. Actualmente, la política social permanece separada en gran parte de la economía, o se la considera como un apéndice que debe remediar, inútilmente, los aspectos perniciosos de un desarrollo económico de equivocado concepto. A menos que se cambie esta actitud, “la sociedad para todos” prevista por los signatario de la Declaración de Copenhague, no podrá estar a nuestro alcance.

En las últimas décadas se ha generado en el mundo más riqueza que nunca, pero sólo una ínfima fracción de ella se destina al desarrollo de los países en desarrollo (hasta 1998 sólo el 0.23 % del producto interno bruto [PIB] de los países donantes). Más aun, se han perfeccionado mecanismos de evasión y elusión fiscales en los que se refugian los grandes capitales. Se estima que los depósitos en los paraísos fiscales aascienden a los 8 billones de dólares (8 millones de millones de dólares, equivalentes al PIB de los Estados Unidos). Si se gravaran sus réditos se obtendrían 160 mil millones de dólares al año, casi el doble del gasto que correspondería para garantizar los servicios sociales básicos de la población mundial.

Asimismo, se revisan críticamente las reformas al sistema de pensiones y la movilización de recursos a partir de la base social, dejando frecuentemente en manos de los propios pobres el alivio de sus problemas. Muestra de ello son los 70 mil millones de dólares que envían anualmente los emigrantes del mundo a sus familias como una estrategia espontánea de superación de pobreza. También se revisan los programas de promoción de microempresas y microcréditos que, por lo general, no sacan a las personas de la pobreza.

El desarrollo social reclama intituciones democráticas eficaces a escala mundial. Las trnasiciones incompletas hacia la democracia continúan protegiendco a grupos poderosos que están acostumbrados a operar, precisamente, fuera de la arena democrática.

El término desarrollo sostenible centrado en las personas entraña recordar a la comunidad internacional que el desarrollo demanda algo más que crecimiento económico, que algunos razgos de la modernización conllevan costos inaceptables en cuanto al medioa ambiente y lo social y que se requiren enfoques económicos diferentes en los programas y políticas económicos por implementar.

Cinco años después de Copenhague hay pocos indicios de que en las metas y valores fundamentales que orienta el desarrollo mundial se incluya un sentido de mayor responsabilidad social. En todos los aspectos , desde la educación hasta las decisiones para invertir, los incentivos han sido reorientados para maximizar la ganancia individual. El inversionista ha llegado a ser mucho más inportante que el trabajador. Y el consumidor ha alcanzado un status más alto que le ciudadano.

 

La mano visible: Asumir la responsabilidad por el desarrollo social. Ginebra: UNRISD, noviembre 2001, VH-S/01/1, ISBN 92-9085-037-X.

 

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