BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/116
9 de Noviembre de 2001
 

LOS RETOS QUE ENFRENTABA LA HUMANIDAD ANTES
DEL 10 DE SEPTIEMBRE CONTINUAN SIENDO URGENTES,
AFIRMA EL SECRETARIO GENERAL DE LA ONU

  Inicia con siete semanas de retraso el Debate General en la Asamblea General
• Participan más de 40 Jefes de Estado y de Gobierno

La siguiente es una traducción no oficial del mensaje que dará el Secretario General de las Naciones Unidas durante la inauguración del Debate General de la Asamblea General el 10 de noviembre de 2001.

Quisiera dar la bienvenida a quienes han acudido a Nueva York para este Debate General, y especialmente al Presidente de nuestro país anfitrión.

Nos estamos reuniendo casi siete semanas más tarde de lo que estaba previsto
–y todos sabemos la razón del cambio.

No hay palabras que puedan expresar nuestra repulsión y dolor por la insensata pérdida de vidas humanas del 11 de septiembre. Compartimos el dolor y la aflicción que sufre nuestro país anfitrión y nuestra ciudad anfitriona.

Igual que ellos, estamos determinados a vencer a estas fuerzas que nos han causado esta penosa experiencia.

Naciones Unidas es, verdaderamente, “la casa común indispensable de toda la familia humana”, como ya lo afirmaron nuestros Jefes de Estado y de Gobierno el año pasado. Pocas veces se había percibido tan ampliamente la necesidad que tenemos de contar con esta casa.

Cuando se ataca a una familia, es precisamente su casa común en donde los miembros se reunen para decidir qué hacer.

Excelencias,

Desde el día siguiente a la tragedia, mientras ustedes tomaban acciones en sus propios países y regiones, sus representantes aquí han estado trabajando –primero, expresando su condena y convicción. Después, trabajando a fondo en cada detalle sobre cómo se puede proteger el mundo.

Naciones Unidas también ha estado haciendo grandes esfuerzos para ayudar a las personas que sufren en Afganistán, y para ayudarlos a alcanzar un acuerdo sobre un gobierno incluyente.

Se podría pensar que ahora debemos enfocar todas nuestras energías en la lucha contra el terrorismo y en los problemas directamente relacionados.

Pero si nosotros hiciéramos esto, en cierta manera, estaríamos dando a los terroristas una especie de victoria.

Recordemos que los problemas que enfrentábamos al 10 de septiembre siguen siendo urgentes.

El número de personas que vive con menos de un dólar al día no ha disminuido.
Los muchos casos muertes por SIDA, malaria, tuberculosis, y otras enfermedades prevenibles no han disminuido.

Los factores que causan la desertificación, la pérdida de biodiversidad, y el calentamiento de la atmósfera terrestre, no han disminuido.

Además, muchas partes del mundo están afectadas por el flagelo de la guerra; gente inocente no ha dejado de ser asesinada, mutilada u obligada a dejar sus hogares.

En resumen, amigos, la agenda de paz, de desarrollo y de derechos humanos definida para nosotros en la Declaración del Milenio, no es menos urgente.

Por el contrario, ahora es más apremiante.

Pocas veces en la historia de la humanidad se había entendido tan claramente el peligro que representa la división dentro de la familia humana y la necesidad de resistir este peligro.

Enfrentamos dos futuros posibles: un choque mutuamente destructivo, entre las llamadas “civilizaciones” basado en la exageración de las diferencias religiosas y culturales; o el de una comunidad global, que respeta la diversidad y basada en los valores universales.

Este último debe ser nuestra elección. Pero, sólo podremos lograr esto si ofrecemos una esperanza real a los miles de millones que ahora están atrapados en la pobreza, las enfermedades y los conflictos.

Es por ello, que la reunión en curso de la Organización Mundial de Comercio es tan importante. Nunca había sido tan necesario llegar a acuerdos entre las naciones ricas y pobres sobre las reglas del sistema internacional de comercio.

Pero aún más decisivo será el uso que los Estados Miembros hagan de esta Organización, en los años siguientes.

Permítanme recordar algunos principios fundamentales que, considero, deben guiar nuestro trabajo.

Primero, las Naciones Unidas deben actuar siempre con apego a las leyes, tanto internacionales como nacionales.

Segundo, debemos valorar nuestras instituciones y procedimientos multilaterales, y utilizarlos al máximo.

Tercero, las Naciones Unidas deben colocar a la gente en el centro de todo lo que hagan –permitiéndole satisfacer sus necesidades y utilizar todo su potencial.

Esto sólo puede ser logrado en un mundo de Estados efectivos y responsables, que usen su soberanía para garantizar la seguridad de sus pueblos, y para defender –no violar-, sus derechos.

Cuarto, todos los actores en el sistema internacional deben trabajar conjuntamente para alcanzar metas en común.

Las Naciones Unidas deben concentrarse en aquellas áreas donde tienen una ventaja comparativa. En los casos donde otros tienen mayor pericia y recursos, se debe buscar asegurar que éstos apliquen su capacidad para resolver las necesidades comunes de la humanidad. En otras palabras, las Naciones Unidas deben atraer al mayor número posible de aliados.

Finalmente, lo que hacen las Naciones Unidas debe estar bien hecho. Debemos continuar mejorando nuestra habilidad para dar a todos nuestros miembros el servicio que ellos esperan, y satisfacer las prioridades que ustedes han identificado.

Quisiera ahora mencionar cuatro problemas urgentes, en los cuales nuestro desempeño debe ser decisivo.

Primero, la erradicación de la pobreza extrema.

En la Declaración del Milenio, los Jefes de Estado y de Gobierno decidieron reducir a la mitad, para el 2015, la proporción de la gente del mundo cuyos ingresos son menores a un dólar diario, los que sufren de hambre, y aquellos que son incapaces de obtener agua potable y segura.

Lograr este objetivo es una responsabilidad compartida. Los países en desarrollo deben hacer mucho. Pero, para alcanzar el punto donde ellos pueden beneficiarse realmente de las oportunidades del mercado, necesitan de la generosa ayuda de los países desarrollados. Haré todo lo que esté a mi alcance asegurar que esta cuestión fundamental sea abordada.

Segundo, fortaleceré mi compromiso con la lucha contra el VIH/SIDA –enfermedad que nuestros Jefes de Estado y de Gobierno prometieron detener, y comenzar a revertir para el 2015.

Para tener una esperanza de lograr lo que prometemos, debemos convertir este tema en una verdadera prioridad durante los años por venir.

Tercero, mantendré y reforzaré el enfoque de nuestro trabajo para prevenir los conflictos mortales.

No debemos esperar pasivamente a que las crisis se presenten, sino atacar la raíz de las causas de la violencia política.

Necesitamos sistemas de gobierno que promuevan la libertad de expresión y la justicia social, al mismo tiempo que se protejan las libertades civiles y los derechos de las minorías. Debemos atacar la enorme inequidad de oportunidades, que dividen profundamente a la gente en diferentes partes del mundo –y algunas veces en diferentes partes de un solo país.

Cuarto, tomo muy seriamente el compromiso hecho en la Declaración del Milenio, de proteger a “nuestros hijos y nietos de la amenaza de vivir en un planeta irremediablemente dañado por las acciones humanas, y cuyos recursos no serán suficientes para cubrir sus necesidades”.

Debemos poner la cuestión de la sostenibilidad donde corresponde, que es en el centro de las decisiones políticas.

El hilo común que une todas estas cuestiones es la necesidad del respeto fundamental por los derechos humanos. África es la región que presenta el mayor reto.

Estoy deteminado a integrar los derechos humanos cada vez más plenamente dentro de cada aspecto de nuestro trabajo.

Inspirado en la Declaración del Milenio, propongo asegurar que Naciones Unidas apoye plenamente las prioridades establecidas por los líderes africanos en la Nueva Alianza para el Desarrollo Africano.

Inevitablemente, debemos abordar todos estos problemas en los siguientes cinco años, día tras día. Pero hay dos eventos para el próximo año que requieren especialmente su atención: la Conferencia para la Financiación del Desarrollo, en marzo, y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, en septiembre.

Estas reuniones, si se preparan y manejan correctamente, pueden dar un impulso fundamental a nuestra lucha para erradicar la pobreza y lograr un verdadero desarrollo sostenible. Haré todo lo que esté en mi poder para garantizar el éxito de esta lucha. Les pido a todos ustedes que hagan lo mismo.

Ahora permítanme volver al último de mis principios fundamentales: el principio de que lo que haga esta Organización lo debe hacer bien.

Durante mi primer período he trabajado con ustedes para mejorar la eficiencia y coordinación de la Secretaría, y llevar mayor coherencia a la familia de Naciones Unidas.
¿Hemos logrado algo? Sí, lo hemos logrado.

Nuestra Organización es mejor y más eficiente que hace cinco años. Y su situación financiera ha tenido una mejoría finalmente –gracias al pago total de deudas por muchos Estados Miembros, y los abonos significativos de otros cuantos. En el futuro, mantengamos a la Organización sobre una base financiera sólida.

Pero, ¿hemos logrado darle a las personas del mundo el instrumento efectivo que necesitan? No, no lo hemos hecho.

Necesitamos pensar nuevamente acerca de la forma en que estamos trabajando, y si nuestro sistema es adecuado para realizar estas tareas.

Por ejemplo, ¿estamos realmente dedicando nuestros recursos y energías a las prioridades que nos han señalado?

¿Cómo puede la contribución de la sociedad civil –incluyendo al sector privado- realizarse de una manera mejor organizada?

¿Cómo pueden las Naciones Unidas funcionar más efectivamente como una sola entidad, en cada país donde trabaja?

Y, ¿cómo podemos garantizar, no sólo que contamos con el mejor personal posible, sino que ese personal, en todos sus niveles, sea estimulado para pensar y actuar con creatividad?

Sr. Presidente,

Esto puede parecer una forma prosaica para finalizar. Pero la gente del mundo nos juzgará con base en nuestra habilidad para realizar tareas específicas. No por la resonancia de nuestros discursos, ni por el número de decisiones a las que llegamos. Sino por la calidad de estas decisiones, y por el servicio que brindemos.

Por el bien de aquellos que esperamos salvar –ya se trate del terrorismo, de la guerra, de la pobreza, de la enfermedad, o de la degradación ambiental- tengamos la convicción de que sólo lo mejor es suficientemente bueno.

Preparémonos para que, en el futuro, demos sólo lo mejor.

Muchas gracias.

Presidente Mazaryk no.29, piso 6
Col. Chapultepec Morales
C.P. 11570
tel. 5263-9727


* Sólo para uso informativo, no es documento oficial