BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/062
25 de junio de 2001
 

SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS HACE UN LLAMADO A LA ACCION CONTRA EL VIH/SIDA
 
Llamamiento Mundial del Secretario General para la acción contra el VIH/SIDA

El Sr. Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, ha convertido la lucha contra el VIH/SIDA en una de sus prioridades personales y ha emprendido una campaña para estimular una movilización en gran escala del compromiso político y el aporte de fondos. En tres discursos importantes – en Abuja el 26 de abril, en Filadelfia el 30 de abril, y en Ginebra el 17 de mayo – el Secretario General esbozó los elementos esenciales de una estrategia mundial para derrotar al VIH/SIDA.

El Secretario General ha establecido cinco prioridades para la adopción de medidas:

• Impedir que la epidemia se siga propagando, especialmente dotando a los jóvenes – que están expuestos al mayor riesgo de infección – de los conocimientos y el poder para protegerse a sí mismos. Es necesario emprender campañas de concienciación a gran escala y proporcionar acceso a los servicios de asesoramiento voluntario, las pruebas de detección y, cuando resulte apropiado, a los preservativos. Cerca de una tercera parte de los 36 millones de personas que viven con el VIH/SIDA tienen entre 15 y 24 años de edad, y la mitad de los 5 millones de personas que quedaron infectadas el año pasado tenían menos de 25 años.

• Reducir la transmisión del VIH de madre a hijos, que el Secretario General calificó como “ la más cruel y más injusta de todas las infecciones”. Todas las madres tienen que estar en condiciones de saber si son seropositivas y las que lo sean deberán tener acceso a la terapia antirretroviral a corto plazo, que se ha demostrado que puede reducir la transmisión del VIH de madre a hijos hasta en un 50%. En el año 2000 únicamente, unos 600.000 niños en todo el mundo adquirieron el VIH, la inmensa mayoría de ellos de esta forma.

• Garantizar que el cuidado y el tratamiento estén al alcance de todos. Sobre la base de la reunión celebrada recientemente con dirigentes de seis de las empresas farmacéuticas más grandes del mundo, el Secretario General ha señalado que esas empresas están actualmente en condiciones de vender a los países en desarrollo, a precios considerablemente reducidos, medicamentos que salvan vidas. Alrededor del 95% de los 36 millones de personas infectadas por el VIH en el mundo vive en países en desarrollo, y menos de 25.000 personas de África al sur del Sáhara tienen actualmente acceso a una terapia antirretroviral. Sin embargo, el acceso a medicamentos a precios asequibles para luchar contra el VIH es solo una parte de un conjunto amplio de servicios de atención contra el VIH, que incluye el asesoramiento voluntario, la realización de pruebas de detección, la atención con base en el hogar y en la comunidad, y los tratamientos de las infecciones oportunistas.

• Lograr avances científicos decisivos. Hay que atribuir una mayor prioridad en los presupuestos científicos a la búsqueda de una cura del VIH/SIDA y, lo que es aún más importante, una vacuna contra la enfermedad, para salvar a generaciones venideras.

• Proteger a los que han resultado más vulnerables por la epidemia, especialmente a los huérfanos. Hay que prestar ayuda a los aproximadamente 13 millones de niños – la mayoría de ellos en el África subsahariana – que han perdido a su madre o a ambos padres como consecuencia del SIDA. En el discurso que pronunció en Filadelfia, el Secretario General pidió al auditorio que se imaginara los rostros humanos detrás de las estadísticas, y señaló que era una cifra superior a todos los niños de Pennsylvania, Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, Maryland, Virginia y Carolina del Norte juntos.

El Secretario General también ha identificado seis factores fundamentales necesarios para alcanzar esos objetivos:

Es necesario mostrar capacidad de liderazgo y determinación a todos los niveles – y especialmente entre los líderes nacionales – para romper el muro de silencio y desterrar el estigma en torno al SIDA, establecer estrategias para luchar contra la epidemia y atribuirle la prioridad que le corresponde en los presupuestos nacionales.

Las comunidades locales tienen que participar, porque, en última instancia, la batalla se librará y ganará a ese nivel. Los jóvenes necesitarán del apoyo de sus familias y comunidades para modificar su comportamiento y autoprotegerse. Es imprescindible, ante todo, que los que viven con el VIH/SIDA – los “principales expertos” – participen en la lucha.

Hay que potenciar el papel de la mujer, y las relaciones entre los hombres y las mujeres tienen que transformarse a todos los niveles de la sociedad. Solo cuando las mujeres participen plenamente en la adopción de decisiones que afectan a sus vidas podrán protegerse a sí mismas y proteger a sus hijos del VIH.

Es necesario fortalecer los sistemas de atención de la salud en los países en desarrollo. Para facilitar la atención y el tratamiento de todas las personas infectadas habrá que establecer sistemas de salud pública más eficientes y amplios. Sin ello, los medicamentos antirretrovirales más baratos pueden incluso resultar más perjudiciales que beneficiosos, si no se encaran los efectos secundarios que amenazan la vida, o si se interrumpe la terapia, lo que puede dar lugar a formas del VIH que sean resistentes a los medicamentos. Muchos pacientes no tienen siquiera acceso a antibióticos relativamente baratos o a otros medicamentos para tratar las enfermedades que atacan sus debilitados sistemas inmunológicos.

Hay que asignar cantidades adicionales de dinero. Según ONUSIDA, es necesario aumentar a una suma situada entre los 7.000 y los 10.000 millones de dólares el total de los recursos que se dedican a la prevención y la atención del SIDA en los países de ingresos medianos y bajos. En la actualidad, los ciudadanos, los gobiernos nacionales y los donantes internacionales gastan una quinta parte de esa cifra. Se prevé que una parte de los nuevos fondos para engrosar este “cofre de guerra” provendrá de los propios países afectados, como resultado de una modificación de las prioridades en los presupuestos gubernamentales o del sector privado. Pero también se necesita que una parte importante de los fondos proceda de los gobiernos y el sector privado de los países industrializados. El Secretario General ha propuesto que los nuevos recursos aportados por los donantes podrían canalizarse efectivamente por conducto del Fondo Mundial para la salud y la lucha contra el SIDA. Ese Fondo deberá estar en condiciones de destinar recursos rápidamente a los lugares donde más se necesiten, y cada país o comunidad que reciba apoyo deberá demostrar que se están obteniendo resultados reales entre las personas más expuestas a los riesgos. Las decisiones relacionadas con el Fondo se adoptarán en forma abierta y transparente, y los recursos deberán apoyar a una gama de organizaciones que se dediquen a combatir la epidemia y ayudar a los afectados, en un marco nacional. Aún se están elaborando, en consulta con gobiernos, donantes y expertos, algunos detalles relacionados con el Fondo. Pero el Secretario General espera que se establezca y esté funcionando antes de finales del 2001. Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos han hecho ya promesas iniciales de contribuciones superando los 400 millones de dólares, así como el Crédit Suisse, el Comité Olímpico Internacional, y el propio Secretario General, quién donó el valor de la medalla de la libertad que recibirá de la ciudad de Filadelfia en julio. Se esperan otras firmes contribuciones durante la celebración del período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicado a la lucha contra el VIH/SIDA, los días 25 a 27 de junio de 2001, y durante la Cumbre del G8 en julio del 2001.

Es necesario que muchos asociados trabajen conjuntamente para hacer realidad esta campaña:

Todos los gobiernos deben llevar a cabo las tareas que les corresponden, pero los gobiernos del mundo industrializado deben recaudar la mayor parte de los fondos. En la Cumbre del Milenio celebrado el año pasado, los gobiernos se comprometieron a detener y comenzar a reducir la propagación del VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades infecciosas para el año 2015, a ayudar a los niños huérfanos por causa del SIDA y fomentar la capacidad de África para detener la propagación de la enfermedad. Los líderes de los gobiernos de los países afectados deben poner en práctica un plan estratégico a escala nacional para luchar contra el SIDA, dar prioridad a esta cuestión en los presupuestos nacionales y pronunciarse públicamente contra la vergüenza y el estigma del SIDA.

Las organización no gubernamental deben ser reconocidas como asociados vitales sobre el terreno en los países en desarrollo, como activistas que luchan contra el estigma y la discriminación, y como agentes creativos que realizan aportes a la formulación de políticas.

El sector empresarial – y no solo las empresas farmacéuticas – deben asumir su parte de responsabilidad. Todas las empresas que realicen actividades en un país en desarrollo debería informar a sus propios empleados y, en sentido más amplio, a las comunidades, acerca de la protección contra el VIH; facilitar a sus empleados y las personas a su cargo la realización voluntaria de pruebas de detección y servicios de asesoramiento, y prestar apoyo material y moral a los que viven con el VIH/SIDA. Las empresas farmacéuticas tienen la responsabilidad adicional de reducir los precios de los medicamentos que salvan vidas. Seis importantes empresas han convenido en acelerar la reducción de los precios de los medicamentos utilizados contra el SIDA en los países menos adelantados, especialmente en África, y en recortar los precios en otros países en desarrollo.

Las fundaciones deben utilizar su influencia para movilizar la opinión pública. También se alienta a las fundaciones a que armonicen sus programas y, en consecuencia, eliminen las lagunas en la financiación. Varias fundaciones ya han dado muestras de una gran capacidad de liderazgo en la lucha contra el SIDA.

La familia de las Naciones Unidas tiene que organizarse mejor para intensificar sus esfuerzos y coordinar la lucha en un marco coherente, dejando de lado las rivalidades institucionales y las controversias doctrinales.

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