BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/061
25 de junio de 2001
 

PREVENCION DEL VIH/SIDA
 
La prevención de las infecciones por el VIH sigue siendo una primera línea de defensa esencial contra la epidemia de SIDA. Dos decenios de experiencia —en países tan dispares como el Brasil, Tailandia y Uganda— han demostrado que ciertos esfuerzos de prevención funcionan realmente y son más eficaces cuando involucran a las comunidades y se combinan con programas sólidos de asistencia y apoyo.

Tareas de prevención

• Hay pruebas fehacientes de que la prevención es eficaz, tal como se ha demostrado en colectivos gay urbanos de Norteamérica y Europa occidental, entre consumidores de drogas intravenosas en Australia y en poblaciones heterosexuales de países como el Brasil, el Senegal, Tailandia y Uganda.

• Por ejemplo, en Kampala, la capital de Uganda, las iniciativas de prevención (como parte de una movilización nacional contra el SIDA) permitieron reducir la tasa de prevalencia del VIH en muchachas adolescentes del 28% en 1991 al 6% en 1998. En Tailandia, el programa de utilización sistemática del preservativo contribuyó a controlar la epidemia durante los años noventa, y en Camboya la promoción agresiva de los preservativos parece que también está dando sus frutos.

• Cualesquiera que sean las tasas de prevalencia del VIH de un país, la inversión temprana en prevención compensa los posteriores costos sociales y de desarrollo, que son mucho mayores. La inversión en prevención entre los jóvenes es vital en cualquier etapa de la epidemia.

Fundamentos de una prevención satisfactoria

• Para el éxito, es esencial la existencia de políticas públicas que refuercen y respalden los programas de prevención. Los elementos básicos de una prevención satisfactoria son la comunicación (incluida la educación sobre salud sexual) y el cambio de comportamiento; la creación de un entorno que capacite a las personas para protegerse contra el virus; el fomento de los preservativos; el asesoramiento y las pruebas del VIH, y el tratamiento de las infecciones de transmisión sexual.

• Los programas de prevención deben concentrarse en las principales vías a través de las cuales se propaga el VIH, y abordar la seguridad hematológica, la transmisión maternoinfantil, el consumo de drogas intravenosas y la transmisión sexual.

• Como mínimo, la prevención debe formar parte de un conjunto integral de actividades que vinculen prevención y asistencia y que se integren en las estrategias más generales de desarrollo y salud pública de un país. Los países que logran conectar satisfactoriamente los programas de prevención, asistencia y apoyo obtienen grandes beneficios sociales y económicos, tal como se ha demostrado en el Brasil, por ejemplo. La prevención del VIH también reduce la prevalencia de otras enfermedades, incluidas las infecciones de transmisión sexual (ITS).

• Hay que poner énfasis especial e invertir recursos suficientes en proteger a las poblaciones vulnerables (como los profesionales del sexo, los varones que tienen relaciones sexuales con otros varones y los consumidores de drogas intravenosas) contra la infección por el VIH.

• Con independencia de su nivel de riesgo, todas las personas deben poseer una información básica y los medios para protegerse.

Pobreza y VIH

• El VIH/SIDA afecta tanto a ricos como a pobres, y tanto a los países desarrollados como a los que están en vía de desarrollo. No es una enfermedad de la pobreza, pero la agudiza, haciendo más difícil que las personas puedan mantener o recuperar sus medios de subsistencia anteriores. Esto, a su vez, hace que los individuos y sus familias sean más vulnerables a la infección por el VIH y a las enfermedades relacionadas con el SIDA. La reducción de la pobreza puede contribuir a limitar la vulnerabilidad de las personas a la epidemia.

• La inseguridad económica, los desplazamientos a causa de conflictos o desastres naturales, el analfabetismo, la violencia y el abuso y la exclusión social impiden que millones de personas puedan protegerse a sí mismas y proteger a los demás. Para resultar satisfactorios, los programas de prevención también deben capacitar a las personas para que elijan estrategias de vida más seguras. Esto exige la revisión de cualesquiera políticas sociales y económicas que comporten desigualdades, discriminación y exclusión social.

• Las condiciones económicas, culturales y sociales en las que viven las personas configuran sus opciones y su comportamiento. Cambiar esas condiciones —y las actitudes de los demás— puede permitir que las personas construyan su vida en torno a alternativas más seguras.

Adecuación de los programas preventivos

• Las campañas de prevención llegan a millones de personas, pero todavía pasan por alto a muchas más, especialmente jóvenes. Algunos estudios recientes en 17 países de tres continentes indicaron que más de la mitad de los adolescentes encuestados no conocían ningún método para protegerse contra el VIH/SIDA.

• Los preservativos, que son esenciales para la prevención, se están distribuyendo en mayor cantidad que en cualquier época precedente, pero todavía no están disponibles de forma universal. Se calcula que cada año se distribuyen 6000 millones de preservativos, pero se necesita un número mucho mayor (algunas estimaciones se cifran en 24 000 millones) para proteger a las poblaciones contra el VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

• El alcance de los programas de prevención a menudo es inadecuado, lo que crea situaciones en las que las actividades no llegan a los grupos de población más vulnerables a la infección por el VIH. Los grupos marginales (como los varones que tienen relaciones sexuales con otros varones, los profesionales del sexo, los consumidores de drogas intravenosas y los reclusos) tienen mayores probabilidades de ser olvidados en los esfuerzos de prevención.

• La prevención enraiza en las comunidades y a menudo tiene su origen en el activismo y en actividades populares pequeñas pero satisfactorias. Son esenciales las iniciativas de divulgación con la comunidad, la educación inter pares y el suministro de servicios. Igualmente importantes son aquellos planteamientos que involucran a personas influyentes y modelos de comportamiento. Los proyectos más fructíferos obtienen su inspiración y liderazgo a partir de personas que viven con el VIH/SIDA.

• La protección enérgica de los derechos humanos refuerza los programas de prevención. El éxito de las campañas preventivas depende también de la capacidad para afrontar el estigma y la discriminación. Cuando la epidemia se encubre bajo la vergüenza y el silencio, las personas tienen menores probabilidades de buscar y utilizar información, servicios y centros de prevención.

Una perspectiva más amplia de la prevención

• La información y los medios de protección deben llegar a todo el mundo, especialmente los sectores marginados de la sociedad. Las mujeres y los varones (incluidos los jóvenes) tienen que ser capaces de aplicar a su vida las enseñanzas y herramientas de las campañas de prevención. Por consiguiente, los programas de prevención deben vincularse con esfuerzos para abordar los factores subyacentes que hacen que las personas vivan en circunstancias —o elijan estrategias de supervivencia— que comportan mayores riesgos de infección.

• Mejorar el acceso a la educación, el empleo y los medios de subsistencia —especialmente en el caso de las mujeres— es una faceta indispensable de cualquier campaña eficaz de prevención. Los estudios también han demostrado que las personas con mayor nivel educativo tienden a tener más probabilidades de protegerse con preservativos durante las relaciones sexuales ocasionales. Las investigaciones han constatado que, especialmente en el caso de las muchachas jóvenes, incluso unos pocos años de escolarización adicional se traducen en un uso más frecuente de preservativos.
• En muchas sociedades, el VIH también se transmite a través de prácticas y comportamientos que pueden ser ilegales o tabúes. En tales circunstancias, la sanción legal y las actitudes públicas hostiles socavan los programas dirigidos a reducir el riesgo de infección entre las personas estigmatizadas. Esto no tiene por qué ser así. En Tailandia, por ejemplo, la campaña para asegurar el uso sistemático de preservativos en los prostíbulos desempeñó un papel muy importante en la capacidad del país para estabilizar su epidemia de VIH/SIDA.

• La despenalización comercio sexual, la homosexualidad, el consumo de drogas o la posesión de preservativos y agujas de inyección podría favorecer los esfuerzos de prevención y limitar la propagación del VIH. De forma similar, la existencia de leyes más severas contra la violación y su aplicación más estricta pueden contribuir a reducir la transmisión del VIH a través de relaciones sexuales por coacción.

• Los tipos de programas preventivos que se necesitan pueden variar según la situación de cada comunidad afectada, y también pueden fluctuar en cuanto a intensidad. En algunos casos, la prioridad puede consistir en programas de reducción del daño para usuarios de drogas intravenosas; en otros, convendrá dar preeminencia a la promoción de los preservativos y la educación sobre salud sexual. En algunos países, la modificación de las leyes de herencia podría contribuir a asegurar que las viudas no queden desamparadas y se vean forzadas a recurrir al comercio sexual para sostenerse a sí mismas y sostener a sus familias.

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