BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/060
25 de junio de 2001
 

UN FONDO MUNDIAL PARA LA SALUD Y EL SIDA
 
La inversión de miles de millones de dólares en el combate contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo podría salvar millones de vidas. Los que están ya afectados por esas enfermedades podrían vivir más tiempo y llevar una vida más sana. Incluso los países más gravemente afectados serían capaces de recuperar el terreno perdido en su lucha contra la pobreza y las desigualdades.

Como resultado de los compromisos adoptados en la cumbre de los países del G-8 en Okinawa en julio de 2000 y de una subsiguiente reunión de expertos en salud en diciembre de 2000 en la misma ciudad, dio comienzo el trabajo sobre el terreno para mejorar las perspectivas de confrontación del VIH/SIDA y de las enfermedades infecciosas en cuatro países. Eso condujo a ahondar en nuevos mecanismos de financiación para aumentar el flujo de recursos para los países en desarrollo. Gradualmente se estableció el consenso de que un solo fondo –con un enfoque inicial en el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo- sería el mejor punto de partida.

Se pretende que este fondo contribuya a estimular un compromiso financiero y político suplementario, a facilitar la adquisición de productos básicos y a atraer a nuevos asociados en la lucha para controlar aquellas enfermedades.

Los esfuerzos para crear el fondo recibieron un fuerte impulso cuando el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, hizo un llamamiento para el establecimiento de un fondo mundial para el SIDA y la salud en la cumbre de la Organización de la Unidad Africana celebrada en Abuja en abril de 2001.

Unas semanas más tarde, a comienzos de junio de 2001, los representantes de más de 50 países, de organizaciones multilaterales y no gubernamentales, de fundaciones privadas y de otras partes interesadas se reunieron para celebrar la primera reunión importante sobre el fondo.

La reunión logró un alto nivel de consenso y se acordó que el nuevo fondo se concentraría en el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo, fomentaría un enfoque integrado en esas tres enfermedades y se orientaría a fortalecer y ampliar los procesos de desarrollo existentes en lugar de ocuparse de nuevos proyectos.

Está previsto que el fondo entre en funcionamiento para fines de 2001. Estará abierto a las aportaciones de los gobiernos, las fundaciones, el sector privado y las personas particulares.

Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, así como el Crédit Suisse, el Comité Olímpico Internacional y el propio Secretario General de las Naciones Unidas, que donó la recompensa en metálico correspondiente a la Medalla de la Libertad de Filadelfia que ganó en julio, han prometido unas aportaciones iniciales que suman un total de más de US$ 400 millones. Se prevé obtener otros compromisos firmes en metálico con motivo del periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicado al VIH/SIDA y de la cumbre de los G-8 en julio de 2001.

Sentando las bases de una asociación innovadora entre países en desarrollo, donantes y el sistema multilateral, el fondo tendrá un órgano directivo independiente. Durante los próximos tres meses se establecerán los mecanismos necesarios para configurar la secretaría, el asesoramiento técnico y la composición del órgano directivo.

El fondo está concebido como un sistema para movilizar, gestionar y desembolsar recursos nuevos y adicionales. No se han establecido metas financieras concretas para el fondo. Sin embargo, se ha acordado que no sustituirá los cauces existentes para financiar los programas de lucha contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo. Tampoco está previsto que reemplace las propias inversiones de los países en desarrollo para controlar esas enfermedades.

En discusiones preliminares se ha decidido que el fondo estaría respaldado por un conjunto de principios, entre los que figuran la necesidad de conseguir una mejor coordinación en los esfuerzos para hacer frente a las enfermedades, de mejorar la transparencia y flexibilidad de esos esfuerzos, y de apoyar el liderazgo y la adopción de decisiones a nivel nacional. También es importante destacar la ocasión que brinda el fondo para reducir el trabajo que deben hacer los gobiernos nacionales cuando tratan con los donantes, para lograr una asignación de recursos más equitativa y para posibilitar un enfoque más claro en los resultados.

La inversión de miles de millones de dólares en el combate contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo podría salvar millones de vidas. Los que están ya afectados por esas enfermedades podrían vivir más tiempo y llevar una vida más sana. Incluso los países más gravemente afectados serían capaces de recuperar el terreno perdido en su lucha contra la pobreza y las desigualdades.

Como resultado de los compromisos adoptados en la cumbre de los países del G-8 en Okinawa en julio de 2000 y de una subsiguiente reunión de expertos en salud en diciembre de 2000 en la misma ciudad, dio comienzo el trabajo sobre el terreno para mejorar las perspectivas de confrontación del VIH/SIDA y de las enfermedades infecciosas en cuatro países. Eso condujo a ahondar en nuevos mecanismos de financiación para aumentar el flujo de recursos para los países en desarrollo. Gradualmente se estableció el consenso de que un solo fondo –con un enfoque inicial en el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo- sería el mejor punto de partida.

Se pretende que este fondo contribuya a estimular un compromiso financiero y político suplementario, a facilitar la adquisición de productos básicos y a atraer a nuevos asociados en la lucha para controlar aquellas enfermedades.

Los esfuerzos para crear el fondo recibieron un fuerte impulso cuando el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, hizo un llamamiento para el establecimiento de un fondo mundial para el SIDA y la salud en la cumbre de la Organización de la Unidad Africana celebrada en Abuja en abril de 2001.

Unas semanas más tarde, a comienzos de junio de 2001, los representantes de más de 50 países, de organizaciones multilaterales y no gubernamentales, de fundaciones privadas y de otras partes interesadas se reunieron para celebrar la primera reunión importante sobre el fondo.

La reunión logró un alto nivel de consenso y se acordó que el nuevo fondo se concentraría en el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo, fomentaría un enfoque integrado en esas tres enfermedades y se orientaría a fortalecer y ampliar los procesos de desarrollo existentes en lugar de ocuparse de nuevos proyectos.

Está previsto que el fondo entre en funcionamiento para fines de 2001. Estará abierto a las aportaciones de los gobiernos, las fundaciones, el sector privado y las personas particulares.

Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, así como el Crédit Suisse, el Comité Olímpico Internacional y el propio Secretario General de las Naciones Unidas, que donó la recompensa en metálico correspondiente a la Medalla de la Libertad de Filadelfia que ganó en julio, han prometido unas aportaciones iniciales que suman un total de más de US$ 400 millones. Se prevé obtener otros compromisos firmes en metálico con motivo del periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicado al VIH/SIDA y de la cumbre de los G-8 en julio de 2001.

Sentando las bases de una asociación innovadora entre países en desarrollo, donantes y el sistema multilateral, el fondo tendrá un órgano directivo independiente. Durante los próximos tres meses se establecerán los mecanismos necesarios para configurar la secretaría, el asesoramiento técnico y la composición del órgano directivo.

El fondo está concebido como un sistema para movilizar, gestionar y desembolsar recursos nuevos y adicionales. No se han establecido metas financieras concretas para el fondo. Sin embargo, se ha acordado que no sustituirá los cauces existentes para financiar los programas de lucha contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo. Tampoco está previsto que reemplace las propias inversiones de los países en desarrollo para controlar esas enfermedades.

En discusiones preliminares se ha decidido que el fondo estaría respaldado por un conjunto de principios, entre los que figuran la necesidad de conseguir una mejor coordinación en los esfuerzos para hacer frente a las enfermedades, de mejorar la transparencia y flexibilidad de esos esfuerzos, y de apoyar el liderazgo y la adopción de decisiones a nivel nacional. También es importante destacar la ocasión que brinda el fondo para reducir el trabajo que deben hacer los gobiernos nacionales cuando tratan con los donantes, para lograr una asignación de recursos más equitativa y para posibilitar un enfoque más claro en los resultados.

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