BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/057
25 de junio de 2001
 

VIH/SIDA, SEGURIDAD ALIMENTARIA Y DESARROLLO RURAL
 
Las crecientes relaciones entre las zonas rurales y urbanas gracias a las mejoras en las redes de transporte y por el aumento del comercio y la migración han provocado un crecimiento rápido en las tasas de prevalencia del VIH en las zonas rurales. En esas zonas, el SIDA está pasando a ser una amenaza aún mayor que en las ciudades del mundo en desarrollo.

El SIDA y las zonas rurales

• El acceso a la información y los servicios de salud es menor en las zonas rurales que en las ciudades. Los habitantes de las zonas rurales es menos probable que sepan cómo tienen que protegerse a sí mismos contra el VIH. Si se ponen enfermos, también hay menos probabilidades de que reciban tratamiento adecuado.

• Las comunidades rurales soportan cargas especialmente pesadas, ya que muchos residentes urbanos infectados por el VIH suelen regresar a sus comunidades rurales cuando caen enfermos.

• Diversos estudios han puesto de manifiesto que las tasas de prevalencia del VIH pueden ser insólitamente elevadas entre las poblaciones móviles. Por consiguiente el VIH/SIDA afecta desproporcionadamente a los sectores agrícola, del transporte y la minería, que dependen de grandes cantidades de trabajadores migratorios.

Socavando el desarrollo

• Al atacar a los individuos en la flor de su vida laboral y paterna, el SIDA impide que los conocimientos teóricos y prácticos sean traspasados a las generaciones siguientes. Sus efectos son particularmente severos en África subsahariana. En un estudio realizado en Kenya se halló que solamente el 7% de las familias agrícolas encabezadas por huérfanos tenían conocimientos adecuados sobre la producción agrícola.

• En el Ministerio de Agricultura de Kenya, se calcula que aproximadamente el 58% de todas las defunciones que se producen entre sus funcionarios se deben al SIDA, mientras que un 16% del personal del Ministerio de Agricultura e Irrigación de Malawi está viviendo actualmente con esa enfermedad. Los investigadores han calculado que el VIH/SIDA está causando la pérdida de hasta el 50% del tiempo del personal de extensión agrícola en África subsahariana.

• En las partes más gravemente afectadas de Tailandia, un tercio de las familias rurales con algún miembro infectado por el VIH ha sufrido una reducción de la mitad en su producción agrícola, lo cual amenaza su seguridad alimentaria. Alrededor del 15% han tenido que sacar de la escuela a sus hijos, y más de la mitad de las personas mayores han sido abandonadas a su suerte.

• Con frecuencia las familias y los hogares rurales afectados por la epidemia se ven forzados a vender propiedades productivas para sufragar los gastos sanitarios y de los servicios funerarios. Sustituir esos bienes es muy difícil. El precio que debe pagarse puede ser el desarrollo a largo plazo de empresas y comunidades rurales.

Unos sistemas agrícolas más débiles

• Más de una tercera parte del producto interno bruto de los países africanos más gravemente afectados proviene de la agricultura. Los sistemas de cultivo intensivo con un bajo nivel de mecanización y poca producción son particularmente vulnerables a la epidemia.

• Desde 1985 el SIDA ha causado la muerte a cerca de 7 millones de trabajadores agrícolas en los 25 países africanos más afectados. Se estima que para 2020 la epidemia podría haberse cobrado hasta un 25% de la mano de obra agrícola en los países más gravemente afectados.

• En comparación con otras enfermedades, el SIDA ataca principalmente a las personas del grupo de edad productivo, es decir, de 15 a 49 años de edad. El SIDA reduce la productividad a medida que un número mayor de personas caen enfermas y deben dedicarse más a atender a los que están enfermos o acudir a los servicios funerarios.

La seguridad alimentaria, en peligro

• La pérdida de bienes y de trabajadores productivos afecta gravemente a la capacidad familiar de producir y comprar alimentos. Los datos procedentes de Namibia demuestran que se están generalizando la venta y matanza de cabezas de ganado para dar apoyo a los enfermos y proporcionar comida a los asistentes a los servicios funerarios. Eso pone en peligro la industria del ganado, así como la seguridad alimentaria a largo plazo y las opciones de supervivencia de las comunidades.

• En las zonas muy afectadas, muchas familias acogen a parientes enfermos y adoptan a huérfanos, lo cual reduce la cantidad de alimentos disponibles para cada miembro de la familia. Como consecuencia, los niveles de nutrición tienden a descender y la salud de las personas resulta más afectada.

Las mujeres, en primera línea

• Las mujeres cuyos esposos son trabajadores migratorios son especialmente vulnerables al VIH/SIDA, ya que esos últimos pueden tener otras parejas sexuales. Asimismo, en momentos de inseguridad económica algunas mujeres pueden tener relaciones sexuales a cambio de dinero u otros bienes.

• En las zonas rurales, como en las ciudades, la epidemia viene a sumarse a las cargas ya sumamente pesadas que soporta la mujer: como trabajadora, cuidadora, educadora y madre. Al mismo tiempo, en algunos países, su condición jurídica, social y política contribuye a hacerla más vulnerable al VIH/SIDA.

• En algunos casos, las tradiciones que velan por el acceso de la viuda a la propiedad pueden contribuir a la propagación del VIH. Un ejemplo de ello es la costumbre que obliga a un varón a tomar como esposa a la viuda de su hermano. Desafortunadamente, las iniciativas que ponen coto a esas prácticas, si bien son eficaces en la contención de la transmisión del VIH, también pueden dejar a las viudas sin acceso a la propiedad y los alimentos.

• Estudios llevados a cabo en diversos países han puesto de manifiesto que algunas mujeres rurales cuyos esposos han fallecido por causa del SIDA han recurrido al comercio sexual para ganarse la vida, puesto que no tenían derechos legales de herencia de la propiedad de sus esposos.


Abordar los problemas

• Unos programas de prevención, atención y apoyo que sean eficaces requieren una mayor comprensión de la dinámica de la epidemia en las zonas rurales. A pesar de que se trata de una cuestión compleja, se tiene constancia de un creciente conocimiento de mejores sistemas para abordar los problemas del SIDA que son específicos de las zonas rurales.

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