BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 01/054
25 de junio de 2001
 

GENERO Y VIH/SIDA
 
Los papeles y relaciones entre los sexos influyen poderosamente en el curso y las consecuencias de la epidemia de VIH/SIDA. Ciertos factores relacionados con el género determinan hasta qué punto los varones, mujeres, muchachos y muchachas son vulnerables a la infección por el VIH; la forma en la que les afecta el SIDA, y los tipos de respuestas que son factibles en las diferentes comunidades y sociedades.

• Las desigualdades en función del sexo constituyen un factor importante que impulsa la epidemia de SIDA. Los diferentes atributos y papeles que las sociedades asignan a los varones y mujeres influyen profundamente en su capacidad para protegerse contra el VIH/SIDA y afrontar sus consecuencias. Para contener la propagación del VIH es necesario, pues, que se comprendan los derechos de las mujeres y que éstas pasen a ocupar un lugar más preeminente en todas las esferas de la vida.

• Las desigualdades basadas en el sexo se solapan con otras desigualdades sociales, culturales, económicas y políticas, y afectan a las mujeres y varones de todas las edades.

• Diversos factores incrementan la vulnerabilidad al VIH de las mujeres y muchachas jóvenes. Entre ellos cabe citar las normas sociales que niegan a las mujeres los conocimientos sobre salud sexual, así como las prácticas que les impiden controlar su cuerpo o decidir los términos en los que llevan a cabo sus relaciones sexuales. Otro elemento que agrava la vulnerabilidad de las mujeres es su acceso limitado a oportunidades e independencia económicas, junto con las múltiples tareas con las que se las carga tanto en el hogar como en la comunidad.
Los varones, y especialmente los muchachos jóvenes, también son vulnerables. Las normas sociales refuerzan su desconocimiento sobre cuestiones de salud sexual y, al mismo tiempo, ensalzan la promiscuidad. Esta vulnerabilidad aumenta todavía más a causa de la posibilidad de que empiecen a abusar de sustancias (como alcohol y otras drogas) u opten por tipos de trabajo que acarreen desplazamientos o ruptura familiar (por ej., mano de obra migratoria o reclutas del ejército).

El impacto en las mujeres

• En la mayoría de las sociedades, las muchachas y mujeres, en comparación con los varones, se enfrentan a riesgos más graves de infección por el VIH, ya que su menor nivel económico y social compromete su capacidad para elegir estrategias de vida más seguras y saludables.

• La proporción de mujeres que viven con el VIH/SIDA ha aumentado progresivamente en los últimos años. En 1997, el 41% de los adultos VIH-positivos eran mujeres. Tres años más tarde, esta cifra se había elevado al 47%. Sólo en África subsahariana, se estima que 12,2 millones de mujeres son portadoras del virus, en comparación con 10,1 millones de varones.

• Las mujeres se infectan a menudo a una edad más temprana que los varones. Por ejemplo, en 1998 la mayoría de las mujeres VIH-positivas de Namibia tenía entre 20 y 30 años, mientras que la mayor parte de los varones portadores del virus pasaba ya de los 40 años de edad. En algunos de los países más afectados, las muchachas adolescentes tienen una probabilidad de estar infectadas entre cinco y seis veces mayor que los muchachos de la misma edad.

• Hay pruebas crecientes de que una gran proporción de los nuevos casos de infección por el VIH se debe a la violencia de género en el hogar, la escuela, el lugar de trabajo u otras esferas sociales. Asimismo, en el contexto de las guerras y conflictos civiles, es frecuente que las mujeres y muchachas sean objeto de abuso sistemático (incluido el abuso sexual). Esto incrementa notablemente su probabilidad de contraer el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, aparte de tener embarazos no deseados.

• Las investigaciones han demostrado que, en mujeres que mantienen relaciones estables a largo plazo, hasta el 80% de las VIH-positivas contrajeron el virus a través de sus parejas (que se habían infectado a causa de sus actividades sexuales extramaritales o por consumo de drogas).

• Las mujeres, si son VIH-positivas, también sufren discriminación cuando intentan acceder a asistencia y apoyo. En muchos países, los varones tienen mayores probabilidades que las mujeres de ser ingresados en centros sanitarios. Asimismo, es más probable que los recursos familiares se dediquen a comprar medicamentos y organizar la asistencia para varones enfermos que para mujeres enfermas.

• Al mismo tiempo, la carga de cuidar a los familiares enfermos recae principalmente en las mujeres y las muchachas. A medida que crece el impacto de la epidemia de SIDA, las muchachas tienden a dejar la escuela para encargarse de las tareas de cuidar a los hermanos y padres enfermos.

Afrontar los desafíos

• La experiencia demuestra que el control de la epidemia depende en gran medida de la capacidad de las comunidades y familias para afrontar los comportamientos regidos por el género que incrementan las probabilidades de infección de las muchachas y muchachos, mujeres y varones. Esto, a su vez, exige políticas, estrategias y planes nacionales sólidos y coherentes.

• El Convenio sobre Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres (CEDM) constituye una base fundamental para introducir reformas jurídicas y otras medidas dirigidas a luchar contra la violación de los derechos humanos de las mujeres y proteger a las que estén infectadas o afectadas por el VIH/SIDA.

• Las mejores expectativas para frenar la epidemia radican en programas integrales de prevención y asistencia que tengan en cuenta una amplia gama de factores sociales, económicos, culturales y políticos. Tales programas deberían caracterizarse por un compromiso político de alto nivel para abordar de diferentes formas la dimensión de género de la epidemia (por ej., reformas jurídicas, como las estipuladas en el CEDM, y políticas, planes y estrategias nacionales sobre el VIH/SIDA).

• Estos programas también deberían garantizar la mejora de la información, asistencia y demás servicios de salud, así como su suministro a través de cauces culturalmente apropiados y sensibles a las diferencias de sexo. Igualmente importante es el desarrollo de una información sobre el VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual que sea específica para cada sexo, esté equilibrada en función del género y se dirija a diferentes audiencias en distintos contextos (por ej., para jóvenes dentro y fuera de la escuela, o para empleados en el hogar o el lugar de trabajo).

• Se requieren actividades innovadoras enfocadas a los muchachos y muchachas con el fin de promover actitudes y comportamientos más equitativos y mutuamente respetuosos, especialmente en las relaciones sexuales. También se necesitan programas orientados a la lucha contra la pobreza que proporcionen créditos y otras formas de ayuda a las mujeres y varones indigentes, así como medidas que aborden las necesidades especiales de las viudas y los hogares encabezados por niños.

Presidente Mazaryk no.29, piso 6
Col. Chapultepec Morales
C.P. 11570
tel. 5263-9727


* Sólo para uso informativo, no es documento oficial