BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 010/99
31 de marzo de 2010
 

En pos de un nuevo futuro para Haití

 

 

Ban Ki-moon El Club de Golf de Petionville se extiende por una ladera desde la que se divisan Puerto Príncipe y el mar. Las otrora impecables calles del campo de golf acogen actualmente a cerca de 50.000 de los 1,2 millones de personas desplazadas a causa del terremoto, que se refugian, amontonados, en tiendas de campaña y bajo lonas facilitadas por las Naciones Unidas y los organismos internacionales de socorro.

Cuando lo visité la semana pasada, hacía sol. Parecía que la vida seguía su curso: los niños jugaban y las madres lavaban la ropa en tinas al aire libre. Muchas personas habían montado puestos y mercados improvisados en los que vendían alimentos, carbón, fruta, zapatos, shampoo... Bajo un sol resplandeciente es fácil ver tal cosa como una señal de esperanza y vida entre las ruinas. Pero cuando lleguen las lluvias, el terreno escarpado se convertirá en un lodazal, infestado de peligros y enfermedades. La esperanza parecerá lejana para quienes se vean obligados a permanecer en el campamento.

Hoy miércoles, los líderes mundiales se reunirán en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York para celebrar una conferencia de donantes de suma importancia, una expresión tangible de solidaridad con el Gobierno y el pueblo de Haití. El Presidente René Préval afirma que se trata de una “cita con la historia”, un pacto para poner los cimientos del que denomina “un nuevo Haití”, un Haití transformado. La misión consiste en ofrecer esperanzas y hacerlas realidad.

Durante semanas, los expertos se han dedicado a evaluar las necesidades y los costos de la catástrofe del 12 de enero. En colaboración, el Presidente Préval y su gobierno han elaborado un plan de acción estratégico para orientar la recuperación y el desarrollo del país. Se trata, sin lugar a dudas, de un documento con visión de futuro.

Un alto funcionario haitiano que recorría la devastada capital del país con el Enviado Especial de las Naciones Unidas, el ex Presidente Bill Clinton, señaló las ruinas del edificio del Parlamento nacional y del Palacio Presidencial. “No queremos restaurarlos”, dijo, refiriéndose a los históricos edificios coloniales derruidos. Habló de sustituirlos por algo totalmente nuevo, moderno y más acorde con las aspiraciones de Haití a ser una nación en desarrollo autosuficiente, con la esperanza genuina de tener ante sí un nuevo comienzo y un futuro próspero.

Tal es nuestro reto en Nueva York: no reconstruir, sino “volver a construir mejor”, para crear, literalmente, un nuevo Haití. El plan prevé el establecimiento de una nueva comisión provisional para la reconstrucción de Haití, que canalizará casi 4.000 millones hacia proyectos y programas específicos en los próximos 18 meses. Los recursos necesarios para la reconstrucción de Haití en los próximos 10 años se estiman en 11.500 millones de dólares.

Evidentemente, esa asistencia se deberá utilizar y coordinar bien. Deberá seguir proporcionando socorro de emergencia: alimentos, saneamiento y, lo más necesario en este momento, albergue. Hasta ahora hemos proporcionado tiendas de campaña y lonas a 1 millón de personas (aproximadamente las tres cuartas partes de los necesitados) y en las próximas semanas distribuiremos otras 300.000. En la actualidad disponemos de sitios grandes en los alrededores de Puerto Príncipe a los que podemos trasladar a los habitantes de las zonas expuestas a inundaciones cuando se inicie verdaderamente la temporada de lluvias. Entre tanto, la misión de las Naciones Unidas está adoptando todas las medidas necesarias para mantener la seguridad y, en particular, para velar por que las mujeres y los niños que viven en los campamentos estén a salvo de la violencia sexual.

A medida que la asistencia de emergencia va siendo reemplazada por la reconstrucción a más largo plazo, debemos reconocer que no podemos aceptar el statu quo. Lo que prevemos hoy es una renovación nacional total. Con la ayuda de la comunidad internacional, los dirigentes de Haití han concertado un nuevo contrato social con su pueblo. Ello comporta un gobierno plenamente democrático, sustentado en políticas económicas y sociales sólidas para luchar contra la pobreza extrema y eliminar las arraigadas diferencias en la distribución de la riqueza. También comporta la celebración de elecciones libres y limpias, organizadas con la ayuda de las Naciones Unidas, preferiblemente antes de que concluya el año.

Este contrato social tiene que empoderar a las mujeres, como jefes de familia y sustento del hogar, como nuevas empresarias, como defensoras de los vulnerables, con plenos derechos como encargadas de adoptar decisiones en incipientes instituciones democráticas y organizaciones de acción ciudadana. Tiene que ofrecer nuevas oportunidades de adelanto económico y, sobre todo, empleo. El programa de dinero por trabajo de las Naciones Unidas debería servir de modelo. A fin de cuentas, solo los haitianos pueden reconstruir Haití, más bien, construirlo de nuevo mejor.

Los dirigentes de Haití saben muy bien que esta nueva alianza requiere el compromiso de que haya buena gobernanza, transparencia y rendición mutua de cuentas, entre los que gobiernan y los gobernados, entre el sector público y el privado, entre Haití y la comunidad internacional. Requiere abordar con nuevos enfoques viejos problemas, como el del futuro de la sobrepoblada capital de Haití. Para que el país prospere, la infraestructura social y el desarrollo económico deben desplazarse de Puerto Príncipe a las distintas regiones y ciudades de todo el país. Por eso en el plan nacional de Haití se prevén abundantes recursos para la recuperación del medio ambiente, la reforma agraria y nuevas inversiones en la pesca y la agricultura.

En los próximos días, los dirigentes del mundo se unirán para apoyar solidariamente a Haití, una solidaridad que se medirá en años, una vez que haya pasado la conmoción inicial del desastre. Tengo la plena confianza de que, juntos, podemos ayudar a que Haití encuentre el rumbo hacia un futuro nuevo y muy diferente.

La tarea de construir ese futuro prometido empieza hoy en lugares como el campamento de Petionville, en primer lugar con el traslado de decenas de miles de personas a lugares seguros. Pero en última instancia, tenemos que ofrecer algo mucho menos tangible pero infinitamente más vivificante: esperanza. Y para Haití, la esperanza empieza hoy en Nueva York.

Presidente Mazaryk no.29, piso 2
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* Sólo para uso informativo, no es documento oficial