BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 08/045
8 de mayo de 2008
 

Las Naciones Unidas en Mexico solicitan que se luche contra la “inflacion de los pobres” en la crisis alimentaria

 
  • Se establece grupo de trabajo de las Naciones Unidas en México

  • Naciones Unidas llama a México a apoyar al Programa Mundial de Alimentos y a tomar medidas contra "Inflación de los pobres"

  • Coordinador Residente de la ONU da la bienvenida a plan emergente anunciado por el Secretario de Hacienda

Las agencias que integran el equipo de país de las Naciones Unidas en México acordaron sumarse al llamado internacional que advierte sobre el dramático aumento de los precios de alimentos a nivel mundial y el impacto que esta crisis puede tener entre los más vulnerables. Siguiendo las instrucciones del Secretario General, y como en numerosos otros países, se ha constituido un Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas en México sobre Crisis Alimentaria que integrará a las principales agencias del Sistema en el país.

Las acciones de ONU en México siguen a los acuerdos que el sistema alcanzó a nivel mundial en Berna, Suiza, la semana pasada durante la junta de los jefes ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas para la coordinación, presidida por el Secretario General, Ban Ki-moon y en el cual se dispusieron acciones inmediatas a nivel mundial y en cada país. En el encuentro el Secretario General planteó que se trata de una crisis de escala mundial cuyos efectos múltiples tienen su mayor impacto entre las poblaciones más vulnerables de los países más pobres. El aumento del hambre y la desnutrición está produciendo estragos en las capacidades de las Naciones Unidas de proporcionar asistencia humanitaria, particularmente porque no se han cumplido cabalmente las promesas internacionales de financiamiento.

Precisamente por ello, las Agencias de las Naciones Unidas en México acordaron solicitar del Presidente Felipe Calderón que considere la posibilidad de realizar una contribución extraordinaria al Programa Mundial de Alimentos, uniéndose a las aportaciones comprometidas por el Presidente de los Estados Unidos y el primer Ministro de Japón. En América Latina la llamada “inflación de los pobres” es de un 3%. Así califica la ONU a la inflación sobreañadida a la inflación general, que afecta a los hogares donde más de la mitad del ingreso se destina a la compra de alimentos ahora más caros. La crisis alimentaria pone en riesgo los logros alcanzados en los últimos 10 años de reducción de pobreza en la región. Es así que la realización del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza para el año 2015 se ve también amenazada. La ONU en México se ofreció para acompañar a las autoridades mexicanas en el diseño de políticas de contención de los impactos de la crisis alimentaria y solicitó que los incrementos del programa Oportunidades no se calculen en base al IPC sino a la “inflación de los pobres”, que es la que verdaderamente sufren los beneficiarios del programa.

Las Agencias del sistema en México recomiendan aprovechar el espacio fiscal que se genera en algunos países exportadores de petróleo o de grano, parcialmente beneficiados por los altos precios que se van a mantener durante los próximos años, para compensar las pérdidas de los sectores más pobres de la población y aumentar los esfuerzos de solidaridad social. Los principales afectados por esta crisis, también en México, son los más pobres. En los países menos avanzados, hasta el 90% de los hogares puede verse afectado. El aumento de precios de alimentos sólo beneficia al quintil más rico de las poblaciones rurales mientras que los pobres urbanos son casi universalmente damnificados. Un ejemplo del impacto potencial de la subida de precios es Indonesia, donde el 75% de la población más vulnerable son consumidores de arroz, por lo que un aumento en los precios de apenas el 10% significaría 10 millones más de personas viviendo en la pobreza. De no atajarse la crisis, unos 100 millones de personas que habían escapado a la pobreza extrema podrían volver a padecer el hambre.

El aumento en los precios de los alimentos es notable. Tras subidas constantes pero más moderadas en 2006 (9 %) y en 2007 (23%), 2008 ha presenciado una aceleración de la inflación alimentaria mundial. En marzo de 2008, el trigo estaba un 140% más caro que un año antes y el maíz un 30% más caro. El arroz subió un 9% en 2006 y un 17 % en 2007. En febrero de 2008 subió un 10% y otro 10% en marzo. En 36 meses, los alimentos han subido un 86%. En países como Haití el aumento anual es entre el 50 y el 100% y se observan ejemplos dramáticos en todos las regiones (21% en Costa Rica, 300% en Somalia, 50% en Filipinas en dos meses, 10-23% en Europa Central y Asia).

A nivel internacional se ha planteado dar a la seguridad alimentaria la mayor prioridad en el trabajo conjunto de las Naciones Unidas mediante acciones (tanto inmediatas como, a mediano y largo plazo) para detener el hambre y la escalada de precios de alimentos y aumentar la producción agrícola. Las iniciativas conjuntas de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las instituciones financieras regionales buscan no sólo una respuesta de emergencia a la crisis alimentaria sino también el desarrollo de políticas a mediano y largo plazo que prevengan este tipo de situaciones.

El Coordinador Residente de Naciones Unidas en México, Magdy Martínez-Soliman, dio la bienvenida a las actuaciones anunciadas por el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens, para hacer más productivo al campo mexicano, y elevar la producción agropecuaria, actuando en materia de riego y fertilizantes, para con ello combatir el alza internacional de los precios en granos. Ello coincide con las recomendaciones de la ONU a sus Estados miembro de actuar rápidamente para potenciar la oferta de alimentos a escala planetaria. La ONU considera que las anunciadas políticas públicas tendentes a garantizar el abasto de los alimentos, y evitar fuertes impactos en los precios de los principales granos protegen a los sectores más vulnerables de la población mexicana y son consistentes con las mejores prácticas internacionales.

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