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| No. 07/066 |
19
de junio de 2007
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"Hace
falta una planificación anticipada para asimilar El presente comunicado fue emitido hoy en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York y será analizado en su contexto Latinoamericano este jueves 21 de junio en la sede de CEPAL en Santiago de Chile . En vista del profundo impacto que está teniendo el envejecimiento en el desarrollo económico y social en todo el mundo, las políticas de respuesta podrían facilitar la adaptación y aprovechar los beneficios de los cambios demográficos. A medida que la proporción de personas de edad avanzada siga aumentando a ritmos sin precedentes en todo el mundo, el porcentaje de la población en edad laboral disminuirá y la propia fuerza de trabajo irá envejeciendo, según el Estudio Económico y Social Mundial 2007 (WESS). Los países en desarrollo que todavía cuentan con una creciente población juvenil, especialmente los países de bajos ingresos, experimentarán un gran crecimiento de su fuerza de trabajo hasta 2050. Ese crecimiento puede crear oportunidades para desarrollar la economía poniendo en práctica las políticas adecuadas, según el WESS. Por otra parte, el informe señala que en muchos países en desarrollo ya está teniendo lugar un proceso de envejecimiento de la población a un ritmo más rápido y a niveles más bajos que el que se registró en los países desarrollados. Según las tendencias actuales, se prevé que, para 2050, prácticamente el 80% de la población mundial mayor de 60 años vivirá en lo que son ahora países en desarrollo. Figura
1 Fuente:
Naciones Unidas/Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DAES). En el Estudio se llega a la conclusión de que, pese a las numerosas respuestas que se han propuesto para superar las posibles consecuencias negativas del envejecimiento en el crecimiento económico, incluida la migración internacional y la contratación externa, posiblemente sean más importantes las medidas encaminadas a estimular el aumento de la productividad. En la mayoría de los casos, el aumento de la productividad tendrá que ir acompañado de medidas encaminadas a frenar la disminución de la oferta de fuerza de trabajo, como el aumento de las tasas de participación de las mujeres y los trabajadores envejecientes. Según el Estudio, entre 60 y 85% del aumento que hace falta en la productividad para mantener un porcentaje determinado de crecimiento de la producción en los países desarrollados tendría que ser compensado con los posibles efectos negativos de un crecimiento más lento de la fuerza de trabajo respecto del crecimiento de los ingresos. Es poco probable que la migración internacional sea una solución a la reducción de la fuerza de trabajo en los países desarrollados porque no se prevé que ningún país admita la enorme cantidad de migrantes necesarios para llenar ese vacío. Para compensar el aumento previsto de la proporción de envejecientes a cargo, en el Estudio se calcula que la Unión Europea, por ejemplo, necesitaría una llegada neta constante de 13 millones de inmigrantes anuales en los próximos 50 años, mientras que el Japón y los Estados Unidos tendrían que absorber unos 10 millones de inmigrantes anuales. Por otra parte, la contratación externa de fuerza de trabajo en otros países puede compensar la escasez de fuerza de trabajo desplazando la producción hacia el exterior, sin embargo, no reduciría la presión sobre el sistema de pensiones de vejez porque no comprende la ampliación de la cantidad de contribuyentes necesaria en el propio país. Más presión sobre los sistemas de seguridad social y atención de la salud El envejecimiento afectará también la seguridad de los ingresos de los envejecientes y la viabilidad financiera de los sistemas de pensiones y los costos de los sistemas de atención de la salud. Los niveles de vida suelen ser más bajos para la personas de edad más avanzada. Además, el 80% de la población mundial no tiene una protección suficiente en materia de salud, discapacidad y riesgos relacionados con los ingresos en su edad avanzada. En los países en desarrollo solamente, según cálculos, unos 342 millones de envejecientes carecen actualmente de la seguridad de un ingreso suficiente. Ese número aumentará a 1.200 millones para 2050, si no se amplía la cobertura de los actuales planes de pensiones. La
pobreza en la vejez tiende a ser elevada en países que carecen
de un sistema estructurado y amplio de pensiones; la introducción
de pensiones de vejez o de transferencias en efectivo para las personas
de edad avanzada ha sido un instrumento poderoso para reducir la pobreza
en la vejez tanto en países en desarrollo como en países
desarrollados. Figura
2
Simulación
del costo para los países en desarrollo de un sistema universal
de pensiones sociales para mantener a las personas mayores a salvo de
la pobreza extrema, 2005 y 2050. Por otra parte, en países donde se brinda amplia protección, los planes de pensiones se hallan bajo presión debido al aumento de la longevidad, a un diseño defectuoso de los programas, a la mala administración, al crecimiento económico insuficiente y a una generación de empleos inadecuada. Por ello hacen falta reformas urgentes. En el Estudio se aduce que el diseño de los sistemas de pensiones tiene que basarse en un criterio amplio. Los sistemas de pensiones se tienen que adaptar a las condiciones concretas de cada país. En este sentido, el sistema de pensiones puede considerarse una estructura integrada por múltiples estratos o columnas que se adecuen a las características y necesidades imperantes en los distintos sectores de la sociedad. La sostenibilidad financiera es un principio rector importante en el diseño de un sistema de pensiones, pero no es el único: el objetivo final es ofrecer seguridad económica mínima para todos. Por ello, algunos de los demás principios pertinentes que hay que tener en cuenta son velar por la solidaridad, la posibilidad de acceso y un nivel de beneficios suficiente. Según el Estudio, en general, la dinámica demográfica no plantea un problema insoluble para los planes de pensiones de vejez. El envejecimiento de la población constituye un desafío para los sistemas nacionales de salud. En el caso de los países desarrollados, el envejecimiento puede entrañar un aumento de los costos de la atención médica y hospitalaria e intentos de mantener la atención de la salud y los cuidados prolongados para la población envejeciente a un nivel y con una calidad suficientes. El problema para muchos países en desarrollo es aún mayor ya que, con los escasos recursos con que cuentan, todavía tienen que resolver muchos problemas básicos de salud, al tiempo que se ocupan de hacer frente al aumento de la demanda de servicios de atención de la salud resultante del creciente número de envejecientes entre sus poblaciones. El problema de adaptar los actuales sistemas de atención de la salud y cuidados prolongados a los constantes cambios demográficos y epidemiológicos es grande. Sin embargo, el impacto demográfico en el gasto destinado a los servicios de salud en los próximos 50 años representaría no más de algunos puntos porcentuales del producto interno bruto. Como se alega en el Estudio, factores que no son el envejecimiento resultan ser más importantes en el incremento futuro de los gastos de atención de la salud, como los cambios en el comportamiento de las personas que procuran servicios de salud, la incompetencia en la prestación de esos servicios, la introducción de nuevas tecnologías médicas, el aumento de los precios de los productos farmacéuticos y de las pólizas de seguro de salud. El envejecimiento de la población influirá definitivamente en los gastos de atención de la salud, pero no deberá consumir grandes porcentajes insostenibles del ingreso nacional en el futuro. La composición del gasto en atención de la salud tendrá que experimentar cambios sustanciales al atribuirse cada vez más importancia a los servicios médicos y los cuidados de larga duración. Además, los encargados de formular políticas deben considerar la realización de intervenciones destinadas a los cuidados preventivos y a la educación para la salud, como desalentar el hábito de fumar y beber en exceso y promover el ejercicio físico para reducir la obesidad. Estas medidas podrían ayudar a reducir los riesgos de desarrollar enfermedades crónicas como cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares a edad avanzada y ser parte de las medidas encaminadas a frenar el incremento de los costos de atención de la salud.
En el Estudio Económico y Social Mundial 2007 se subraya que los problemas que plantea el rápido envejecimiento de la población, aunque son grandes, se pueden superar mediante políticas bien concebidas y sin una excesiva presión sobre los recursos disponibles. En el Estudio se exhorta a los gobiernos y a la comunidad internacional a que redoblen sus esfuerzos para incorporar el envejecimiento en el programa internacional de desarrollo a fin de realizar los objetivos del Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento. Recapitulando: Si necesita más información, consulte http://www.un.org/esa/policy/wess/ o póngase en contacto con Rob Vos, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, + 1 212 963 4838, vos@un.org o Franck Kuwonu, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, +1 212 963 8264, correo electrónico: kuwonu@un.org. El Centro de Información de las Naciones Unidas se encuentra en Presidente Masaryk 29, Piso 2. Col. Chapultepec Morales, México D.F.
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Presidente
Mazaryk no.29, piso 2 |
* Sólo para uso informativo, no es documento oficial |
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