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Las
emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de las actividades
humanas están ocasionando el calentamiento del planeta. La concentración
de dióxido de carbono en la atmósfera es superior a la de
cualquier otro momento de los últimos 600.000 años y aumenta
a un ritmo cada vez mayor.
La prueba más elocuente del cambio climático se halla en
las regiones polares. El Ártico se está calentando a un
ritmo dos veces superior a la media mundial. La extensión y el
grosor del hielo marino perpetuo del Ártico están disminuyendo,
zonas de permafrost que estaban congeladas desde hace siglos se están
deshelando y los casquetes polares de Groenlandia y la Antártida
se están derritiendo con una rapidez que nadie había previsto.
Ello tiene profundas consecuencias para la población y los ecosistemas
del Ártico. Al menguar el hielo marino, se reduce el hábitat
de las especies árticas vulnerables. Los cambios también
afectarán a las comunidades indígenas del Ártico,
para las cuales el medio natural es no sólo fuente de alimentos,
sino también la base de su identidad cultural.
Sin embargo, no se trata de un problema que afecta únicamente a
las regiones polares. El lema elegido para el Día Mundial del Medio
Ambiente de 2007 —“Melting Ice: A Hot Topic!” (El deshielo:
un asunto candente)— denota las repercusiones que el cambio climático
está teniendo en todas las regiones. Los habitantes de las islas
bajas y las ciudades costeras de todo el mundo se enfrentan al riesgo
de inundación creado por la subida del nivel del mar. Las compañías
aseguradoras de todo el mundo pagan cada año más y más
indemnizaciones por los daños causados por inclemencias climáticas
extremas. A medida que retroceden los glaciares, aumenta la preocupación
de los gobiernos con respecto al futuro del suministro de agua. Además,
para el tercio de la población mundial que vive en zonas áridas,
especialmente de África, las perturbaciones asociadas al cambio
climático amenazan con exacerbar la desertificación, la
sequía y la inseguridad alimentaria.
La dependencia de la sociedad del uso de combustibles fósiles hace
peligrar el progreso económico y social y nuestra seguridad futura.
Afortunadamente, tenemos numerosos instrumentos de política y tecnológicos
a nuestro alcance para evitar la crisis que se avecina, pero necesitamos
más voluntad política para aplicarlos. Los países
desarrollados, en particular, pueden contribuir más a reducir las
emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar la eficiencia energética.
También pueden promover el desarrollo limpio en las economías
en rápido crecimiento, como el Brasil, China y la India, y el uso
de medidas de adaptación en los países que hacen frente
a las consecuencias más graves del cambio climático.
En este Día Mundial del Medio Ambiente, reconozcamos la necesidad
de frenar los dramáticos cambios ambientales que se están
produciendo en los polos y en todo el planeta y comprometámonos
a cumplir el papel que nos corresponde en la lucha contra el cambio climático.
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