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En
su Balance preliminar 2006 la CEPAL señala que la región
está hoy mejor preparada para afrontar un posible deterioro de
la economía mundial.
El
diagnóstico sobre la actual fase de crecimiento que atraviesa América
Latina y el Caribe puede resumirse en tres palabras: “optimismo
con cautela”. Así lo señala la CEPAL
en su informe Balance
preliminar de las economías de América Latina y el Caribe
2006, dado a conocer la semana pasada por su Secretario Ejecutivo,
José Luis Machinea.
“Optimismo”, porque la región no sólo está
creciendo más sino mejor en comparación con su historia
económica reciente. “Cautela” por una parte porque
los resultados alcanzados se apoyan en un escenario internacional muy
favorable pero que puede cambiar en el futuro cercano y, por otra, porque
los países tienen aún por delante importantes cuestiones
pendientes para asegurar la sostenibilidad del crecimiento.
El período positivo que está atravesando la región
está permitiendo una recuperación del producto por habitante
que, después de estar prácticamente estancado durante 20
años, acumulará entre el 2003 y el 2007 un crecimiento del
orden del 16% (ver gráfico 1).
Este crecimiento, en comparación con períodos similares,
se caracteriza por estar relativamente más apoyado en la inversión
que en el consumo. Este último está creciendo menos que
el ingreso, dando lugar a un aumento del ahorro de los países de
la región que, de este modo, está financiando el aumento
de la inversión.
Por otra parte, el aumento de los ingresos públicos, en muchos
casos aprovechando los mejores precios de los productos de exportación,
y un mayor cuidado sobre los componentes del gasto fiscal, permiten que
los países mantengan sus cuentas públicas en orden generando,
incluso, excedentes que son utilizados para disminuir los niveles de endeudamiento
(ver gráfico 2).
Este menor endeudamiento, sumado a los cambios operados en los perfiles
de la deuda, a favor de una mayor participación de los instrumentos
expresados en moneda nacional, con tasa de interés fija y a mayor
plazo, contribuye a disminuir la vulnerabilidad externa de la región
y se suma a los elementos positivos que caracterizan la presente coyuntura
(ver gráfico 3).
La cautela, por otra parte, se asocia a la mayor incertidumbre vinculada
con la evolución de la economía mundial, teniendo en cuenta
la alta probabilidad de que se produzca una desaceleración del
crecimiento de la economía norteamericana, propulsor fundamental
del nivel de actividad económica global.
En la medida en que este tránsito hacia una menor tasa de crecimiento
sea gradual -y hay razones para confiar en que esto sea así- cabe
esperar que el proceso de crecimiento que nuestra región atraviesa
no se vea significativamente afectado, al menos en el corto plazo. Esto
como consecuencia de que, por los factores antes señalados, la
región está mejor preparada para afrontar un deterioro del
escenario externo.
Entre las razones que justifican la cautela también hay elementos
de la política interna de los países.
En primer lugar, en algunos países la combinación de elevadas
tasas de interés y tipos de cambio apreciados puede conspirar contra
el crecimiento. Por otra parte, aunque la tasa de inversión ha
crecido, aún no es suficiente para sostener un crecimiento que
permita aumentar la productividad y generar empleos en una cantidad suficiente
para disminuir lo más rápidamente posible la aún
elevada tasa de desocupación.
La reducción de la pobreza y la mejora de la situación social
de América Latina y el Caribe así lo requieren.
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Ver
gráficos adjuntos a este comunicado de prensa **
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