BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 06/136
30 de noviembre de 2006
 

Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas,
Kofi Annan, con ocasión del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA

1° de diciembre de 2006

 

 

En los 25 años transcurridos desde que se declaró el primer caso de SIDA, esta enfermedad ha modificado el mundo: ha provocado la muerte de 25 millones de personas e infectado a otros 40 millones, y se ha convertido en la principal causa de muerte tanto de hombres como de mujeres entre los 15 y los 59 años de edad. El SIDA ha ocasionado el más grande retroceso en la historia de desarrollo humano. En otras palabras, ha pasado a ser el mayor reto que se plantea a nuestra generación.

Durante mucho tiempo, el mundo se negó a reconocer la situación, pero en los últimos 10 años la actitud ha cambiado. El mundo ha comenzado a asumir la lucha contra el SIDA con toda la seriedad que merece.

Hoy como nunca se están destinando grandes cantidades de recursos financieros a esa lucha, los enfermos tienen más acceso al tratamiento antirretroviral y varios países han logrado contener la propagación de la enfermedad. Sin embargo, el número de infecciones no ha disminuido y por ello tenemos que movilizar más que nunca la voluntad política.

El establecimiento hace 10 años del Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el virus de la inmunodeficiencia humana y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (ONUSIDA) permitió congregar los esfuerzos y recursos de diversas partes integrantes del sistema de las Naciones Unidas, y fue un hito que transformó la reacción al SIDA en el mundo entero. Hace cinco años, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas establecieron un nuevo hito al aprobar la Declaración de compromiso, que establece una serie de metas concretas, de amplio alcance y con plazos fijos, para combatir la epidemia.

Ese mismo año, habiendo decidido asignar al VIH/SIDA un lugar prioritario en mi labor como Secretario General, hice un llamamiento para que se creara un fondo de reserva de otros 7.000 a 10.000 millones de dólares anuales. Hoy es para mi un gran orgullo ser patrocinador el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria, mediante el cual se han distribuido más de 2.800 millones de dólares a distintos programas en todo el mundo. Últimamente hemos recibido una gran cantidad de financiación adicional de los donantes bilaterales, de la hacienda pública de los países, la sociedad civil y otras fuentes. Las inversiones anuales para hacer frente a la amenaza del SIDA en los países de ingresos bajos y medianos es actualmente de más de 8.000 millones de dólares. Desde luego, se necesita mucho más: para 2010, el monto que se precisará para responder debidamente a la epidemia superará a los 20.000 millones de dólares al año. Pero al menos hemos comenzado a recaudar recursos y establecer las estrategias necesarias.

La reacción ante el SIDA ha comenzado a cobrar impulso y por ello lo que está en juego reviste aún más importancia. No podemos permitir que se malogren los adelantos ya alcanzados ni que se frustren los enormes esfuerzos de tantas personas. La tarea consiste ahora en conseguir que se cumplan todos los compromisos, incluido el de alcanzar el objetivo de desarrollo del Milenio de detener y comenzar a reducir la propagación del VIH para el año 2015, como convinieron todos los gobiernos del mundo. Los dirigentes de todos los niveles deben reconocer que detener la propagación del SIDA es también un requisito para la consecución de casi todos los otros objetivos, que constituyen, en conjunto, el plan convenido de la comunidad internacional para construir un mundo mejor en el siglo XXI. Los dirigentes deben responder por sus compromisos ante sí mismos, y ante todos nosotros.

Esa responsabilidad, esa rendición de cuentas que es el tema de este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, exige que cada presidente y primer ministro, cada parlamentario y cada político, declaren su firme decisión de poner fin al SIDA. Para ello deberán ofrecer más protección a todos los grupos vulnerables, ya sean las personas que viven con el VIH, los jóvenes, los trabajadores del sexo, los usuarios de drogas inyectables o los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Deberán trabajar lado a lado con las agrupaciones de la sociedad civil, que son decisivas en esta lucha. Y también deberán tratar de efectuar auténticos cambios positivos para infundir más poder y confianza a las mujeres y las niñas y transformar las relaciones entre las mujeres y los hombres de todos los sectores de la sociedad.

Pero no sólo debe exigirse responsabilidad a quienes ocupan posiciones de autoridad sino también a todos nosotros. La responsabilidad supone, por ejemplo, que los empresarios contribuyan a prevenir el VIH en los sitios de trabajo y en las comunidades en general y que cuiden de los trabajadores enfermos y sus familias. Supone que los trabajadores de la salud, los dirigentes comunitarios y los grupos religiosos escuchen y se interesen, sin emitir juicios. Supone que los padres, los esposos, los hijos y los hermanos defiendan y protejan los derechos de las mujeres. Exige que los maestros alimenten los sueños y respondan a las aspiraciones de las niñas. Exige también que los hombres velen por que sus congéneres asuman su responsabilidad y comprendan que la verdadera hombría está en proteger a otros del peligro. Exige que cada uno de nosotros ayude a sacar el SIDA de las sombras y a difundir el mensaje de que el silencio equivale a la muerte.

Aunque pronto dejaré el cargo de Secretario General de las Naciones Unidas, seguiré difundiendo ese mensaje mientras me queden fuerzas este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA siempre será para mi un día especial. Comprometámonos hoy a persistir en nuestro empeño, no solo este día, o este año, o el entrante, sino todos los días, hasta acabar con la epidemia.


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