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*Mensaje del Secretario General de las Naciones
Unidas, Kofi Annan, con motivo del aniversario del atentado contra la
oficina de Naciones Unidas en Bagdad.
Tres
años después del día más sombrío de
las Naciones Unidas en Bagdad, seguimos acongojados.
Una vez más, nos detenemos a recordar a compañeros irremplazables
y a amigos imposibles de olvidar.
El Iraq, que padeció su período más letal de conflicto
el mes pasado, necesitaba a personas como Sergio y su equipo. Valerosamente,
otros han ocupado su lugar. Porque la mejor forma de honrar la memoria
de nuestros héroes caídos es promover su legado, continuar
su labor e inspirarse en su ejemplo.
Su muerte signó para las Naciones Unidas la pérdida de la
inocencia. La Organización ya había sido antes blanco de
ataques, y lo sería desde entonces. Pero el atentado de Bagdad
asestó un golpe fatal a la ilusión de que llevar un casco
azul o enarbolar una bandera de las Naciones Unidas nos mantendría
a salvo, y socavó la convicción de que los funcionarios
públicos internacionales podían dar por sentado que su imparcialidad
sería aceptada y respetada por todas las partes en un conflicto.
Hoy más que nunca, el personal de las Naciones Unidas debe afrontar
amenazas directas y mortales a su seguridad.
Mi primera responsabilidad como Secretario General es procurar que no
se ponga en peligro innecesaria ni irresponsablemente la vida de ningún
funcionario. Permítanme asegurarles a ustedes y a nuestros compañeros
sobre el terreno que seguiré haciendo todo lo posible por que el
personal de las Naciones Unidas tenga la capacitación, la protección
y las políticas que necesitan para desempeñar su vital labor
en servicio de la humanidad.
Si estuvieran hoy con nosotros, estoy convencido de que nuestros compañeros
asesinados estarían inmensamente orgullosos de que, a pesar de
los peligros, las dificultades y el dolor casi insoportable, seguimos
trabajando en pro de la paz sin dejarnos intimidar o sin cejar en nuestro
empeño, ya sea en el Líbano, en Darfur, en Timor-Leste,
en Haití o en el Iraq.
Así respondemos a nuestra pérdida. Este es el homenaje viviente,
a nuestros amigos caídos.
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