BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 06/079
20 de julio de 2006
 


Necesaria mayor asistencia a la edificación de las bases productivas de los países menos adelantados,
menciona un nuevo informe de la UNCTAD

 

 

* El informe recomienda que una mayor proporción de la ayuda a los 50 países más pobres se destine a la creación de capacidades productivas y empleos

Un nuevo informe de la UNCTAD revela que en 2004 las economías de los 50 países más pobres del mundo crecieron un 5,9% por término medio, lo que representa la tasa más elevada de los dos últimos decenios. Paralelamente a este crecimiento, entre 1999 y 2004 se duplicó la ayuda de los países ricos, coincidiendo con una fuerte demanda de petróleo y otros recursos naturales, una cifra sin precedentes de 57.800 millones de dólares de los EE.UU. de exportaciones de mercancías en 2004, y otra cifra también sin precedentes de 10.700 millones de dólares de inversiones extranjeras privadas.

No obstante, el Least Developed Countries Report 2006: Developing Productive Capacities (Informe sobre los países menos adelantados, 2006: El desarrollo de las capacidades productivas) advierte que, para sostener este progreso, será necesario destinar una proporción más elevada de la ayuda al incremento de las inversiones en los sectores productivos y a rehabilitaciones infraestructurales tales como la mejora de las carreteras, los puertos y el suministro de electricidad, así como a un mayor apoyo a la mejora de los sistemas financieros nacionales, el aumento de las capacidades tecnológicas y el apoyo al desarrollo de empresas locales.

Si no se destina más asistencia a la edificación de las bases productivas de las economías de los PMA, dice el informe, éstas seguirán siendo vulnerables a caídas repentinas de la actividad económica y no se producirá una reducción sustancial de la pobreza a largo plazo, puesto que los empleos productivos son la expresión del efecto del crecimiento económico en el aumento del nivel de vida para la mayor parte de los habitantes de esos países. Habilitar a los países para que puedan aumentar su producción y fabricar productos de creciente complejidad y valor añadido debería permitir una extensión de la base del empleo a largo plazo y, con el tiempo, reducir la necesidad de ayuda de emergencia. El informe añade que, además, es el único medio de atenuar las presiones que promueven la emigración internacional desde los países pobres.

Junto con la duplicación de las corrientes de ayuda a los PMA, que en 2004 alcanzaron la cifra de 24.900 millones de dólares -invirtiendo la tendencia de los años noventa, en que se redujo radicalmente la asistencia oficial al desarrollo (AOD)-, los países industrializados han facilitado el acceso en franquicia y sin contingentes a las exportaciones de muchos de esos países, y han "desvinculado" una mayor proporción de su ayuda, lo que significa que ésta no ha de destinarse a la compra de productos o servicios de procedencias especificadas por el país donante.

Sin embargo, el aumento de la ayuda se ha visto condicionado por la creciente asistencia al alivio de la deuda y a las situaciones de emergencia, que en conjunto representaron el 30% de la AOD total comprometida para los PMA en el período de 2002 a 2004. Por otra parte, la ayuda no se ha distribuido por igual: el 30% del aumento registrado entre 1999 y 2004 fue absorbido por el Afganistán y la República Democrática del Congo.

Desde comienzos de los años noventa los donantes han aumentado la proporción de la asistencia destinada a sectores sociales como la salud y la educación. La coincidencia de una mayor proporción de la ayuda destinada al alivio de la deuda y las situaciones de emergencia, junto con la orientación de los donantes hacia las esferas sociales, ha producido un efecto de exclusión de la asistencia destinada a sectores tales como la mejora infraestructural y la promoción de los sectores productivos. Estos sectores recibieron el 48% de la ayuda en 1992-1994, el 32% en 1999-2001 y el 24% en 2002-2004. El informe sostiene que es necesario reequilibrar la composición de la ayuda.

Entretanto, observa el informe, la inversión extranjera privada sigue estando concentrada en unos pocos países y en actividades de extracción de recursos. No está reconocido que estas inversiones basadas en los recursos creen un "círculo virtuoso" por el cual se incremente la actividad económica y el empleo. En 2004, los PMA exportadores de petróleo y minerales absorbieron alrededor del 70% de la inversión extranjera directa (IED) en los países menos adelantados.

Las exportaciones de mercancías aumentaron un 26% en 2004. Aunque más de la mitad del aumento es imputable a cuatro PMA exportadores de petróleo -Angola, Guinea Ecuatorial, Sudán y Yemen- otros varios PMA, en particular Bangladesh, Camboya y el Senegal, obtuvieron buenos resultados en sus exportaciones de manufacturas. Sin embargo, a pesar de las cifras sin precedentes de sus exportaciones, los PMA siguen estando marginados en el comercio mundial. Las exportaciones de esos países representaron un 0,5% por término medio de las exportaciones mundiales de mercancías en 2000-2003, y sólo el 0,2% de las exportaciones mundiales de manufacturas.

La deuda exterior de los PMA siguió aumentando en general, a pesar de la adopción de más medidas de alivio de la deuda. Otras señales de alerta son el bajo nivel del ahorro interno (la relación del ahorro interno bruto con el producto interno bruto (PIB) en los PMA fue de sólo el 11% en 2004), el elevado número de PMA que son importadores netos de alimentos y petróleo y el crecimiento acelerado de las importaciones netas de alimentos en los PMA africanos. La subida paralela de los precios del petróleo y los alimentos empeorará considerablemente los persistentes déficit comerciales de la mayoría de los PMA y podría contrarrestar el impacto positivo del aumento de la ayuda, advierte el informe.

La historia de los PMA se caracteriza por breves períodos de progreso seguidos de derrumbamientos económicos repentinos. Para reducir esta vulnerabilidad es necesario desarrollar la base productiva de esas economías a fin de que puedan producir una variedad más rica de productos y crear una gama más amplia de empleos, así como movilizar los recursos y las capacidades internas infrautilizadas.

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