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Discurso
del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, pronunciado
en la Conferencia de las Naciones Unidas encargada de examinar los progresos
alcanzados en la ejecución del Programa de Acción para prevenir,
combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas
y ligeras en todos sus aspectos.
Hace cinco años los Estados Miembros de las Naciones Unidas se
comprometieron a ocuparse con urgencia del comercio ilícito de
armas pequeñas y armas ligeras. El Programa de Acción para
prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas
pequeñas y ligeras en todos sus aspectos fue la expresión
de un consenso trascendental contra el tráfico de armas pequeñas
y nos dotó de un plan para contener la corriente de armas.
Hoy nos reunimos para recordar ese hito histórico y examinar los
progresos que hemos alcanzado en el cumplimiento de los compromisos que
entraña.
El problema sigue siendo grave. En un mundo inundado de armas pequeñas,
se cree que es ilícita la cuarta parte del comercio mundial de
armas, estimado en 4.000 millones de dólares anuales. Es fácil
comprar, usar, transportar y ocultar armas pequeñas dado que la
proliferación de éstas exacerba los conflictos, impulsa
corrientes de refugiados, socava el imperio de la ley y genera una cultura
de violencia e impunidad.
La mayoría de las muertes causadas directamente por conflictos
en todo el mundo, que cada año son decenas de miles, y los cientos
de muertes relacionadas con el delito que ocurren cada día, están
vinculadas con las armas pequeñas y las armas ligeras ilícitas.
Aunque esas armas son pequeñas, causan destrucción en masa.
Me complace señalar que, desde la aprobación del Programa
de Acción, hemos logrado progresos considerables.
Casi 140 países han informado de su aplicación. Una abrumadora
mayoría de ellos cuenta con leyes que restringen las corrientes
de armas pequeñas y armas ligeras ilícitas y más
de la mitad han establecido órganos nacionales de coordinación
para impedir su difusión.
Además, una tercera parte de los Estados han realizado actividades
con el fin de recabar las armas que están en poder de quienes no
están facultados legalmente para poseerlas, y una mayoría
han implantado normas y procedimientos para la seguridad y la gestión
de la existencia de armas.
Está aumentando la cooperación regional y subregional para
parar la corriente de armas ilícitas a través de las fronteras
nacionales. Acojo con especial agrado la entrada en vigor de los Protocolos
de la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo y de Nairobi,
y la reciente transformación de la moratoria de la Comunidad Económica
de los Estados de África Occidental en un instrumento jurídicamente
vinculante.
Hay también otros hechos dignos de mención. Ya está
en vigor el Protocolo sobre armas de fuego. La Asamblea General de las
Naciones Unidas ha aprobado el instrumento internacional sobre la localización
de armas a fin de identificar y localizar las armas pequeñas ilícitas.
El desarme, la desmovilización y la reintegración forman
ahora parte de todos los programas de las Naciones Unidas para el mantenimiento
de la paz y las situaciones posteriores a los conflictos.
También hemos progresado en lo relativo al corretaje ilícito
de armas pequeñas, y un grupo de expertos gubernamentales estudiará
este año ese problema. Espero que formulen recomendaciones concretas
sobre la forma en que los Estados pueden actuar con eficacia contra esta
nefaria actividad.
Es evidente que se ha logrado mucho y que se está haciendo mucho.
No obstante, persisten importantes problemas.
Se requiere urgentemente que los Estados Miembros promulguen o actualicen
leyes acordes con las normas establecidas en el Programa de Acción.
Los países necesitan también mejores procedimientos de gestión
y seguridad de las existencias de armas para reducir el hurto. También
necesitamos llegar a un acuerdo acerca de una forma realista y efectiva
de certificación de los usuarios. Sin esa certificación,
todo esfuerzo por regular el comercio y el corretaje de armas pequeñas
y armas ligeras será insuficiente.
Al mismo tiempo, 55 Estados no han presentado todavía informes
sobre el Programa de Acción. Algunos de los informes presentados
contienen datos insuficientes para la evaluación del progreso y
muchos órganos nacionales de coordinación carecen de la
capacidad o los recursos necesarios para desempeñar sus funciones.
Las actividades de recopilación de armas han permitido destruir
sólo una pequeña parte de las armas ilícitas disponibles
en las zonas de conflicto y en las calles de las ciudades. Se requiere
una cooperación internacional aún mejor y un aumento de
la financiación por los donantes para hacer frente a las necesidades
no atendidas.
Inevitablemente, los Estados deben llevar la iniciativa en la solución
de estos complejos problemas y en la represión del comercio ilícito
de armas pequeñas y armas ligeras, pero también la sociedad
civil tiene una importante función al respecto. Mediante campañas
de divulgación, actividades de promoción, iniciativas comunitarias,
investigación y asesoramiento técnico, los agentes de la
sociedad civil han tenido una función decisiva en nuestros esfuerzos
para la ejecución del Programa de Acción. Me complace en
consecuencia ver presentes hoy a tantas organizaciones de la sociedad
civil. Espero que compartan sus perspectivas, sus inquietudes y sus conocimientos
técnicos y pienso que lo harán con gran ahínco.
Permítanme señalar que esta Conferencia de examen no está
negociando una “prohibición mundial de las armas de fuego”
y no tratamos de negar a los ciudadanos cumplidores de la ley su derecho
a portar armas de conformidad con sus leyes nacionales.
Nuestra energía, nuestro empeño y nuestra ira están
dirigidas hacia las armas ilícitas, no hacia las lícitas.
Nuestras prioridades son el cumplimiento efectivo de las normas, mejores
controles y reglamentación, almacenamiento seguro, y reunión
y destrucción de las armas. Nuestros objetivos siguen siendo los
mercaderes de armas sin escrúpulos, los funcionarios corruptos,
los sindicatos de traficantes de drogas, los delincuentes y otros elementos
que llevan la muerte y el caos a nuestras comunidades y que arruinan vidas
y destruyen en minutos la labor de años. Para detener la marcha
destructora de los conflictos armados y el delito, debemos parar a esos
proveedores de muerte.
Se trata de un objetivo ambicioso pero alcanzable. El Programa de Acción
ya nos ha proporcionado un marco, ahora nos corresponde a nosotros, los
Estados, las organizaciones internacionales y regionales y los participantes
de la sociedad civil, alcanzar sus objetivos.
Es en ese espíritu que les expreso mi deseo de que la Conferencia
de examen tenga mucho éxito.
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