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¨*Discurso del Secretario General de las Naciones
Unidas, Kofi Annan, ante la Asamblea General durante la presentación
del informe sobre migración y desarrollo.
Señor
Presidente,
Excelencias,
Señoras y señores,
En el marco de la preparación del diálogo de alto nivel
dedicado a la migración internacional y el desarrollo que la Asamblea
celebrará los días 14 y 15 de septiembre, tengo el honor
de presentar el informe que la Asamblea me pidió en su resolución
59/241, petición que reiteró en su resolución 60/227.
El informe contiene un amplio examen de las tendencias actuales de la
migración internacional y se centra particularmente en los efectos
que tiene en los países, tanto los de destino como los de origen.
Se han utilizado para su elaboración numerosos estudios anteriores,
incluido el valioso documento de la Comisión Mundial sobre las
Migraciones Internacionales, organismo que el pasado año me hizo
llegar su informe y sus recomendaciones.
El informe que hoy presento se centra en los aspectos de la migración
internacional que resultan más relevantes para el desarrollo.
El informe demuestra con sólidos argumentos que la migración
internacional, si está respaldada por políticas idóneas,
puede ser muy beneficiosa para el desarrollo de los países de origen
y de los países a los que llegan. Sin embargo, subraya también
que estos beneficios están condicionados al respeto y la defensa
de los derechos de los migrantes.
El informe, contradiciendo algunas opiniones, demuestra que la cantidad
de hombres y de mujeres que migran es casi idéntica. Por lo tanto,
se analiza el papel que representa la igualdad de género en la
migración internacional y los efectos del fenómeno en los
asuntos de género.
Una de las características más importantes del informe es
quizá el hecho de que explora numerosos métodos nuevos que
los gobiernos están usando para hacer frente a las corrientes migratorias
y administrar las aptitudes individuales con el fin de aprovechar al máximo
el potencial de desarrollo que conlleva la migración. Se evalúa
la cooperación intergubernamental actual en este ámbito,
incluido el marco normativo, las diversas iniciativas mundiales y regionales
que se han puesto en práctica y los enfoques bilaterales que se
están ensayando, entre ellos los convenios sobre transferibilidad
de las pensiones y prestaciones médicas. Por último, se
señala que la cooperación internacional también es
crucial en la batalla para proteger a las personas contra el execrable
delito de la trata de seres humanos.
Como es natural, los Estados Miembros sacarán sus propias conclusiones
de la información que se presenta. Sin embargo, me he permitido,
en el prólogo del informe, plantear varias sugerencias que resumo
a continuación.
En primer lugar, quisiera felicitar a la Asamblea por su decisión
de celebrar un diálogo de alto nivel dedicado a este asunto, precedido
de reuniones de grupos de alto nivel y audiencias con representantes de
la sociedad civil.
El informe muestra con claridad que estamos viviendo una nueva era de
migraciones y que la migración internacional es, hoy día,
un fenómeno mundial. Muchísimas personas migran en busca
de una vida mejor, no sólo entre países vecinos ni en una
misma región, sino también entre los confines más
alejados del planeta. Si alguien alberga dudas al respecto, un paseo por
esta ciudad bastará para disiparlas.
Habrá muy pocos países a los que la migración internacional
no afecte de uno u otro modo; los responsables de políticas públicas
reconocen cada vez más la importancia que tiene este fenómeno
para el desarrollo. Por lo tanto, el momento no podría ser más
oportuno para celebrar un debate mundial sobre la migración internacional
y el desarrollo. Para que su importancia se advierta al más alto
nivel, el Sr. Peter Sutherland —que, como sabrán, fue el
primer Director General de la Organización Mundial del Comercio
(OMC)— ha tenido la amabilidad de aceptar el cargo de Representante
Especial para cuestiones de migración. El Sr. Sutherland ya está
celebrando extensas consultas con los gobiernos y continuará invitándolos
a aportar sus mejores ideas al diálogo de septiembre.
En segundo lugar, cada vez hay más pruebas de los beneficios que
genera la migración internacional. No es casualidad, ni debería
sorprendernos, que numerosos países que hasta no hace mucho tiempo
eran “fuente” de migrantes (como por ejemplo Irlanda, varios
países del sur de Europa, la República de Corea y Chile)
hayan experimentado un desarrollo espectacular y tengan ahora economías
prósperas que los convierten en destinos atractivos para los migrantes.
Los beneficios que obtienen los países de origen y de destino tienen
grandes repercusiones para el desarrollo, puesto que muchos países
en desarrollo pertenecen a una de esas dos categorías. De hecho,
algunos países en desarrollo, como Malasia y Tailandia, están
transitando de una categoría a la otra en este preciso momento.
Aun así, y este es el tercer asunto al que me quiero referir, pecaríamos
de ingenuos si diéramos por hecho que todo esto es para bien y
que las migraciones se producen en las mejores condiciones posibles.
Lamentablemente, todos conocemos bien los abusos a que se somete a muchos
migrantes, ya sea durante su viaje, donde son víctimas de contrabandistas
y traficantes (en ocasiones con consecuencias mortales), ya en los países
a los que llegan, donde a menudo se exponen a ser explotados por empleadores
sin escrúpulos y a las reacciones xenófobas de algunos grupos
de la población local, e incluso, en ocasiones, de los representantes
de las fuerzas del orden.
Del mismo modo, a estas alturas todos estamos al tanto de las tensiones
sociales y culturales que han surgido en muchos países en los que
hay colectivos numerosos y recientes de origen extranjero, sobre todo
cuando las tradiciones o las creencias de dichos colectivos presentan
diferencias sustanciales respecto de los hábitos y costumbres de
los residentes más antiguos. Los beneficios que traen los migrantes
al país en su conjunto, y a largo plazo, quedan eclipsados con
frecuencia por los agravios del entorno inmediato y local, tengan estos
fundamento o no.
La mayoría de nosotros debe conocer ya los efectos negativos que
se han sentido en algunos de los países de origen, en particular
cuando los trabajadores con especialidades en gran demanda, por ejemplo
en el sector de la salud, abandonan su país en busca de mejores
condiciones y sueldos más altos.
Por todos estos motivos, parece evidente que casi ningún país
querrá, por así decirlo, relajarse y disfrutar de los beneficios
de la migración sin tratar de tener control del fenómeno.
Pero sería igualmente absurdo pretender detenerlo por completo,
pues ello sólo se podría conseguir ejerciendo el poder estatal
de una forma tan drástica que podría poner en peligro la
libertad, y también la prosperidad, de cualquier país que
recurriera a esta solución.
En consecuencia, no resulta sorprendente que cada vez más gobiernos
traten de controlar la corrientes de migrantes, ya sea de entrada o de
salida, para obtener los mayores beneficios posibles y reducir al mínimo
sus efectos adversos.
Los países de destino, por ejemplo, procuran seleccionar migrantes
con las aptitudes que tienen más demanda y han experimentado con
diversas políticas orientadas a fomentar la armonía y el
respeto mutuo entre las nuevas comunidades y los residentes ya establecidos.
Al propio tiempo, los países de origen intentan, cada vez con más
frecuencia, distribuir los beneficios de las remesas entre la población,
trabajar con las comunidades de migrantes y darles incentivos para que
inviertan en sus lugares de origen las aptitudes y el capital adquiridos.
La cooperación entre los gobiernos interesados es imprescindible
para poner en práctica o facilitar muchas de estas políticas.
En los demás casos, tenemos mucho que ganar si compartimos experiencias,
tanto positivas como negativas, e intercambiamos ideas.
Y esa es, por supuesto, la razón de ser del diálogo que
sus gobiernos celebrarán en septiembre. Esos dos días, junto
con el proceso preparatorio (al que espero hacer una contribución
útil con mi informe), prometen ser una enriquecedora experiencia
de aprendizaje para todos los participantes.
Mi único temor, y este es mi cuarto y último punto, es que
no baste con dos días. Tengo la impresión de que este asunto
no se agotará tan pronto.
Presumiblemente, la migración internacional nos acompañará
mientras continúe el desarrollo de las sociedades humanas. Ha aumentado
de forma significativa en las últimas décadas, cosa que
ya había sucedido en períodos anteriores de integración
económica, como los que precedieron a la primera guerra mundial.
Con toda probabilidad, continuará aumentando en las próximas
décadas. Las oportunidades y los desafíos que conlleva este
dinámico fenómeno seguirán cambiando. La respuesta
de la humanidad tendrá que actualizarse constantemente con soluciones
que, sin duda, obligarán a los gobiernos a intensificar su cooperación.
Este es el motivo de que en mi informe haya sugerido que quizá
los gobiernos deseen marcar con este diálogo de alto nivel no el
final, sino el principio de la cooperación formal en este ámbito
a nivel mundial.
Ni por un momento se me ocurriría sugerir a los gobiernos que renuncien
al control de sus fronteras ni a sus políticas en un ámbito
tan estrechamente relacionado con la identidad y la soberanía nacionales.
Ahora bien, lo que sí propongo es que, si el diálogo de
alto nivel resulta ser tan valioso como creo que será, los gobiernos
tal vez deseen establecer un foro permanente, de carácter voluntario
y consultivo, con vistas a continuar debatiendo, compartiendo experiencias
e intercambiando ideas.
Si este fuera su deseo, de más está decir que las Naciones
Unidas están dispuestas a ser el lugar de encuentro, y que su personal
está dispuesto a brindar a los Estados Miembros toda la asistencia
que necesiten para organizar un foro de esas características y
prestarle los servicios que requiera. De hecho, sería un papel
muy apropiado para esta Organización, que se dedica, como se afirma
en su Carta, “a promover el progreso social y a elevar el nivel
de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.
Gracias, señor Presidente.
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