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Señor
Presidente,
Excelencias,
Señoras y Señores,
Lamento profundamente que la semana pasada, en la Quinta Comisión,
los Es-tados Miembros no pudieran llegar a un consenso sobre las propuestas
que presenté sobre la reforma de la gestión. A pesar de
ello, estoy convencido de que todos los Estados Miembros siguen comprometidos
con el principio de la reforma. Los insto pues a que colaboren para volver
a crear el espíritu de confianza mutua tan esencial para el buen
funcionamiento de esta Organización.
Como siempre, estoy dispuesto a ayudarles a seguir intentando llegar a
un acuer-do sobre la manera de ejecutar el programa propuesto, en el Documento
Final de la Cumbre Mundial 2005. Recordarán en particular que,
en ese Documento, sus Jefes de Estado y de Gobierno me pidieron que presentara
“propuestas para fortalecer la capa-cidad del sistema de las Naciones
Unidas de prestar asistencia a los Estados en la lucha contra el terrorismo
y mejorar la continuación de las actividades de las Naciones Unidas
a ese respecto”. Y recordarán que también los instaron
a ustedes a desarrollar sin demora los elementos que yo había señalado
“con miras a la aprobación y aplicación de una estrategia
que promueva respuestas amplias, coordinadas y coherentes contra el terrorismo
en los planos nacional, regional e internacional”.
Tengo hoy el privilegio de presentarles mi proyecto sobre esa cuestión,
plasmado en el documento Unidos contra el terrorismo: recomendaciones
para una estrategia mundial de lucha contra el terrorismo.
Esas recomendaciones se basan en una convicción fundamental común
a todos nosotros: que el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones,
independientemente de quien lo cometa y de dónde y con qué
propósitos, es inaceptable y nunca puede justificarse.
Unirnos en torno a esa convicción es la base de lo que espero será
un esfuerzo colectivo mundial de lucha contra el terrorismo, que aunará
a los gobiernos, las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales,
la sociedad civil y el sector privado, cada uno de los cuales aportará
su ventaja comparativa para complementar los esfuerzos de los demás.
Al formular mis recomendaciones, he seguido desarrollando las “cinco
letras d”, componentes fundamentales que esbocé por primera
vez en Madrid el año pasado:
• Disuadir a las personas de recurrir al terrorismo o apoyarlo;
• Denegar a los terroristas los medios de llevar a cabo un ataque;
• Disuadir a los Estados de apoyar el terrorismo;
• Desarrollar la capacidad de los Estados de derrotar al terrorismo;
y
• Defender los derechos humanos.
A mi juicio, son estas cinco condiciones interrelacionadas
imprescindibles para que dé resultado cualquier estrategia que
se emprenda contra el terrorismo. Para ello hemos de seguir avanzando
en todos esos frentes.
Al aplicar una estrategia mundial debemos disuadir a las personas
de recurrir al terrorismo o de apoyarlo, trazando una brecha entre
los terroristas y quienes po-drían apoyarlos. Los gobiernos, las
Naciones Unidas, la sociedad civil y el sector privado deben emprender
una campaña mundial que difunda el mensaje de que el terrorismo
es inaceptable en todas sus formas y hay medios mejores y más efectivos
para que los que tienen reivindicaciones legítimas obtengan reparación.
Una de las maneras más claras y contundentes de lograrlo consiste
en volver a centrar nuestra atención en las víctimas.
Es urgente que adoptemos medidas enérgicas y concertadas para promover
la solidaridad internacional con ellas, respetar su dignidad y expresarles
nuestra empatía.
Denegar a los terroristas los medios de llevar a cabo un ataque
entraña negarles acceso tanto a armas convencionales como a armas
de destrucción en masa. Para ello todos debemos reflexionar con
ánimo innovador acerca de las amenazas de hoy, incluso aquellas
que los Estados no pueden afrontar por sí solos, como el bioterrorismo.
Asimismo, debemos colaborar en la lucha contra la utilización cada
vez mayor de Internet por los terroristas. Debemos encontrar formas de
que ese útil instrumento se convierta en nuestra arma, no la de
ellos.
Nuestra labor encaminada a disuadir a los Estados de que apoyen el
terrorismo debe arraigarse firmemente en el imperio de la ley en
el plano internacional, lo que entraña crear una base jurídica
firme para las medidas comunes y responsabilizar a los Estados del cumplimiento
de sus obligaciones. Esa labor está expresamente vinculada con
la necesidad de desarrollar la capacidad de los Estados para derrotar
al terrorismo.
Respondiendo a una petición que me formuló el Presidente
de esta Asamblea el pasado mes de diciembre, el documento que presento
hoy describe más detalladamente las medidas encaminadas a consolidar
la capacidad de los Estados y a reforzar la labor de la Organización
en ese ámbito. El sistema de las Naciones Unidas tiene una contribución
indispensable que hacer en todos los ámbitos pertinentes, desde
promover el imperio de la ley y de sistemas de justicia penal efectivos
hasta asegurar que los países cuenten con los medios para luchar
contra la financiación del terrorismo; desde fortalecer la capacidad
de prevenir que todo tipo de material nuclear, biológico, químico
y radiológico caiga en manos de terroristas, hasta au-mentar la
capacidad de los países de prestar asistencia y apoyo a las víctimas
y sus familiares.
Por último, la defensa de los derechos humanos es un hilo
escarlata que atraviesa todo el informe. Es un requisito de todos los
aspectos de una estrategia eficaz de lucha contra el terrorismo. Es la
ligazón que une los distintos componentes. Se trata de los derechos
humanos de todos: de las víctimas del terrorismo,
de los presuntos sospechosos de participar en actividades terroristas
y de las personas afectadas por las consecuencias del terrorismo.
Los Estados deben asegurar que todas las medidas que se adopten para luchar
contra el terrorismo se ajusten a sus obligaciones con arreglo al derecho
internacional, en particular las normas de derechos humanos, el derecho
de los refugiados y el derecho internacional humanitario. Toda estrategia
que ponga en peligro los derechos humanos redundará en beneficio
de los terroristas.
Estimados amigos,
Todos los Estados de todas las regiones —grandes o pequeños,
fuertes o débiles— son vulnerables al terrorismo y a sus
consecuencias. Todos pueden beneficiarse de una estrategia de lucha contra
el terrorismo. Todos tienen una función que desempeñar en
la configuración de esa estrategia, en su ejecución y en
la labor encaminada a que se actualice constantemente para responder a
los desafíos a medida que éstos evolucionan.
También es indispensable que los Estados Miembros concluyan lo
antes posible un convenio amplio sobre el terrorismo internacional. No
obstante, el hecho de que no se avance en la creación de consenso
respecto de ese convenio no puede justificar las demoras a la hora de
concertar una estrategia.
Al haberles dado instrucciones de aprobar y ejecutar una estrategia amplia
de lucha contra el terrorismo, los Jefes de Estado y de Gobierno de sus
países les han planteado un desafío trascendental y les
han brindado una oportunidad histórica.
Respondiendo al desafío, ustedes demostrarán la determinación
de la comunidad internacional y sentarán las bases de una respuesta
verdaderamente mundial a este feroz flagelo mundial. Espero que mis recomendaciones
los ayuden a cumplir esa misión fundamental.
Muchas gracias.
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