BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 06/019
05 de abril de 2006
 

MENSAJE DEL SECRETARIO GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS, KOFI ANNAN, EN EL DÍA INTERNACIONAL DE INFORMACIÓN SOBRE EL PELIGRO DE LAS MINAS Y DE ASISTENCIA PARA LAS ACTIVIDADES RELATIVAS A LAS MINAS

 

 

Las minas terrestres son crueles instrumentos bélicos. Décadas después de que se han calmado los conflictos, esos asesinos invisibles permanecen calladamente en el suelo en espera de la oportunidad de matar y mutilar. Por su intermedio, las batallas del siglo XX cobran víctimas en el siglo XXI y cada hora hay nuevas víctimas.

Una sola mina terrestre, y aún el temor de su presencia, puede mantener en rehenes a toda una comunidad. Puede impedir que los agricultores cultiven sus campos, que los refugiados vuelvan a sus hogares e incluso que los niños jueguen. Una sola mina bloquea el suministro de socorro humanitario y dificulta el despliegue de los trabajadores de mantenimiento de la paz. Después de un conflicto, las minas terrestres siguen siendo uno de los mayores impedimentos para que las sociedades realicen su labor de reconstrucción y renovación.

De todas maneras, este azote del siglo pasado puede convertirse en un logro ejemplar en los comienzos del siglo actual. La rápida entrada en vigor de la Convención de 1997 sobre la prohibición de las minas terrestres antipersonal puso de manifiesto la generalizada condena moral de esas armas. El tratado, en el que son parte 150 Estados, ya está dando resultados tangibles. Los gobiernos, los donantes, las organizaciones no gubernamentales y las Naciones Unidas están colaborando en una escala sin precedentes para ocuparse de este problema en más de 30 países. Tanto la producción como el sembrado de minas están disminuyendo. El comercio mundial de minas está prácticamente detenido. Las existencias han sido destruidas. Se han acelerado las operaciones de remoción de minas y están difundidas las actividades educativas sobre el peligro que constituyen las minas.

El mensaje es claro y hay que prestarle oídos, y es que las minas no tienen cabida en ninguna sociedad civilizada.

Ahora se ve que el logro del objetivo de un mundo sin minas terrestres y restos explosivos de guerra tomará años, y no décadas como se pensaba anteriormente. No obstante, para alcanzar ese ideal, cada uno de nosotros, es decir, los donantes, el público en general y los países afectados por las minas, debemos concentrar nuestra energía y nuestra imaginación en la causa de la remoción de las minas. Después de haber sido tan efectivos en el sembrado de las minas, ahora debemos serlo aún más en su remoción. Cada mina removida puede significar una vida salvada. Cada mina removida nos acerca un paso más al establecimiento de las condiciones necesarias para el logro de una paz duradera y productiva.

En este Día Internacional de información sobre el peligro de las minas y de asistencia para las actividades relativas a las minas pido a los gobiernos que ratifiquen el tratado sobre la prohibición de las minas antipersonal y también el nuevo Protocolo V sobre los restos explosivos de guerra de la Convención sobre ciertas armas convencionales. Pido a los donantes que renueven sus compromisos financieros. Insto a la comunidad internacional a que se ocupe de las consecuencias humanitarias y para el desarrollo que tienen las municiones en racimo. Y confío en que los países afectados velen por la rehabilitación y la reintegración de los sobrevivientes de las minas terrestres y aumenten los recursos para la realización de las actividades relativas a las minas. Debemos luchar juntos contra el mal constituido por las minas terrestres, pues se trata de una elevada y moral vocación.


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