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Me
complace estar con ustedes en este día especial para los hombres
y las mujeres de todo el mundo. Permítanme agradecerles a todos
ustedes su presencia y permítanme igualmente dar una calurosa bienvenida
a los distinguidos ponentes que están aquí para ayudarnos
a celebrar la ocasión.
El tema del Día Internacional de la Mujer de este año, el
papel de la mujer en la adopción de decisiones, es decisivo para
el adelanto de la mujer en todo el mundo y para el progreso de la humanidad
en su conjunto.
Como dice la Declaración de Beijing, “la potenciación
del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones
de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidos la participación
en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder,
son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz”.
Más de diez años después de la Declaración
de Beijing, todavía nos queda mucho camino por recorrer para lograr
que la mitad de la población mundial ocupe su legítimo lugar
en los procesos de adopción de decisiones del mundo.
Pero la comunidad internacional está empezando por fin a comprender
un principio fundamental: las mujeres se ven igual de afectadas que los
hombres por los problemas que afronta la humanidad en el siglo XXI, en
el desarrollo económico y social y en la paz y la seguridad. Y
a menudo resultan más afectadas. Por tanto, es justo y verdaderamente
necesario que las mujeres participen en la adopción de decisiones
en todos los ámbitos, con el mismo vigor y en números iguales.
Además, el mundo está empezando a entender que no hay política
más eficaz para el progreso que el empoderamiento de las mujeres
y las niñas. Un estudio tras otro nos han enseñado que ésta
es la política con más probabilidades de aumentar la productividad
económica o reducir la mortalidad infantil y materna. Es la política
más segura para mejorar la nutrición y promover la salud,
incluso para prevenir el VIH/SIDA. Es la política más eficaz
para aumentar las posibilidades de educación de la próxima
generación. Y también me atrevería a decir que ésta
es la política más importante para prevenir conflictos y
lograr la reconciliación una vez terminados los conflictos.
En la Cumbre Mundial 2005, los dirigentes mundiales dieron expresión
a esos principios. Como declararon en el documento final, “el progreso
de la mujer es el progreso de todos”.
Hemos logrado avances dignos de celebración. En enero de este año,
la proporción de mujeres en los parlamentos nacionales alcanzó
un nuevo máximo mundial. Y en las últimas elecciones y reelecciones
para puestos gubernamentales de máxima responsabilidad, las mujeres
han avanzado mucho, ya que han incrementado su representación en
más del 30%. Hay ahora 11 mujeres Jefas de Estado o de Gobierno,
en países de todos los continentes. Y tres países —Chile,
España y Suecia— tienen ahora gobiernos con paridad entre
los géneros.
Aquí, en la Secretaría de las Naciones Unidas, también
hemos logrado avances. Hace un cuarto de siglo, cuando celebramos por
primera vez el Día Internacional de la Mujer, la proporción
de mujeres que ocupaban puestos de la categoría D-1 o categorías
superiores era inferior al 4%. Hoy es del 26%. Y sin embargo, soy el primero
en reconocer que el avance en la paridad entre los géneros en las
Naciones Unidas dista mucho de ser lo que debería ser.
Está claro que aún nos queda mucho por hacer, tanto en las
Naciones Unidas como en el mundo en su conjunto.
En los niveles superiores de adopción de decisiones de los países,
las mujeres siguen estando muy poco representadas. Con el ritmo actual
de progreso, no alcanzaremos un promedio del 30% de mujeres parlamentarias
hasta 2025, y la paridad hasta 2040.
En las Naciones Unidas, necesitamos hacer mucho más para atraer
a mujeres con talento a puestos de responsabilidad, intensificando nuestra
colaboración con los gobiernos, la sociedad civil, las asociaciones
profesionales y el mundo académico. Y en el caso de las mujeres
que ya trabajan aquí, necesitamos conservarlas y favorecerlas,
mejorando nuestros procedimientos internos para la movilidad, la capacitación
y la promoción de las perspectivas de carrera, tanto en la Sede
como sobre el terreno.
Cabe recordar que en algunos países el aumento del número
de mujeres en puestos de adopción de decisiones no ha sido fortuito,
sino que a menudo es el resultado de iniciativas institucionales y electorales,
como el establecimiento de objetivos y cuotas, el compromiso de los partidos
políticos y una movilización constante. También es
el resultado de medidas concretas y concertadas para mejorar el equilibrio
entre la vida personal y laboral.
Son éstas lecciones que aquí, en las Naciones Unidas, debemos
tomar muy en serio.
Creo que también deberíamos ver un claro mensaje en el éxito
arrollador que en elecciones presidenciales del último año
han obtenido algunas mujeres: el mundo está preparado para que
una mujer ocupe el cargo de Secretaria General de las Naciones Unidas.
Amigos: éste es mi último Día Internacional de la
Mujer en el cargo de Secretario General. Desearía creer que cuando
abandone las Naciones Unidas, dejaré una Organización más
dinámica no sólo en sí misma, sino también
en el modo en que empodera a la mitad de la población mundial (las
mujeres) y satisface sus necesidades; y que las reformas que he iniciado
como Secretario General también facilitan la participación
de las mujeres y contribuyen a mejorar las vidas de las mujeres en todo
el mundo.
Se debe empoderar a las mujeres en todas las dimensiones de nuestra labor,
ya estemos hablando de reforzar los mecanismos de derechos humanos de
las Naciones Unidas o de formular una estrategia global contra el terrorismo;
ya estemos examinando el establecimiento de la Comisión de Consolidación
de la Paz o las labores del nuevo grupo de alto nivel para estudiar de
qué modo puede funcionar con mayor coherencia y eficacia en pro
del desarrollo, la asistencia humanitaria y el medio ambiente en todo
el mundo el sistema de las Naciones Unidas.
Creo que juntos podemos lograr la colaboración en todas las naciones
y en las Naciones Unidas. He apreciado enormemente su apoyo y su hermandad
a lo largo del último decenio y les deseo ánimo y firmeza
constantes en los próximos años.
Muchas gracias.
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