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El
tema del Día Internacional de la Mujer de este año, el papel
de la mujer en la adopción de decisiones, es decisivo para el adelanto
de la mujer en todo el mundo y para el progreso de la humanidad en su
conjunto. Como dice la Declaración de Beijing, “la potenciación
del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones
de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidos la participación
en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder,
son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz”.
La comunidad internacional está empezando por fin a comprender
un principio fundamental: las mujeres se ven igual de afectadas que los
hombres por los problemas que afronta la humanidad en el siglo XXI, en
el desarrollo económico y social y en la paz y la seguridad. Y
a menudo resultan más afectadas. Por tanto, es justo y verdaderamente
necesario que las mujeres participen en los procesos de adopción
de decisiones en todos los ámbitos, con el mismo vigor y en números
iguales.
Además, el mundo está empezando a entender que no hay política
más eficaz para promover el desarrollo, la salud y la educación
que el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Y me atrevería
a decir que ésta es también la política más
importante para prevenir conflictos y lograr la reconciliación
una vez terminados los conflictos.
Hemos logrado avances dignos de celebración en lo que respecta
a la representación de la mujer en todo el mundo. En enero de este
año, la proporción de mujeres en los parlamentos nacionales
alcanzó un nuevo máximo mundial. Hay ahora 11 mujeres Jefas
de Estado o de Gobierno, en países de todos los continentes. Y
tres países —Chile, España y Suecia— tienen
ahora gobiernos con paridad entre los géneros.
Pero aún nos queda mucho por hacer. Los progresos generales son
lentos. Cabe recordar que en algunos países el aumento del número
de mujeres en puestos de adopción de decisiones no ha sido fortuito,
sino que a menudo es el resultado de iniciativas institucionales y electorales,
como el establecimiento de objetivos y cuotas, el compromiso de los partidos
políticos y una movilización constante. También es
el resultado de medidas concretas y concertadas para mejorar el equilibrio
entre la vida personal y laboral. Son éstas lecciones que todos
los países —y las Naciones Unidas— deben tomar muy
en serio.
En la Cumbre Mundial 2005, los dirigentes mundiales declararon que “el
progreso de la mujer es el progreso de todos”. En este Día
Internacional de la Mujer,dediquémonos
una vez más a demostrar cuán ciertas son esas palabras.
Intentemos garantizar que la mitad de la población mundial ocupe
el lugar que por derecho le corresponde en los procesos de adopción
de decisiones en el mundo.
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