BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 06/004
3 de febrero de 2006
 

AMERICA LATINA ENFRENTA EL RETO DE CONSOLIDAR SU DEMOCRACIA, AFIRMA VICESECRETARIA GENERAL DE LA ONU

 


Mensaje de la Vicesecretaria General de las Naciones Unidas, Louise Frechette ante la conferencia “La crisis de la gobernanza: el interés internacional en respaldar la democracia en América Latina”, realizada el 3 de febrero en Nueva York

Hace sólo unos meses, el Secretario General calificaba a América Latina como una región en frágil equilibrio y dijo: “De alguna manera, se trata de un microcosmos que refleja el mundo en que vivimos y, por ello, es el escenario donde se pone a prueba todo lo que representan las Naciones Unidas”.

Durante los últimos 25 años, la mayoría de los países de América Latina han llevado a cabo una extraordinaria transición a la democracia a partir de regímenes autoritarios. El número de países de la región con gobiernos democráticos es más elevado que nunca y nunca había durado tanto en ellos la democracia. En líneas generales, la región está en paz, al contrario que otras partes del mundo; no se producen fraudes electorales sistemáticos; la prensa goza de relativa libertad; los partidos de la oposición pueden ganar las elecciones y de hecho lo hacen. Una nueva generación de líderes está asumiendo el poder: una mujer en Chile, un indígena en Bolivia, un miembro de la clase trabajadora en el Brasil. Esto demuestra claramente la naturaleza dinámica de los sistemas electorales de América Latina y los tremendos progresos realizados para superar la exclusión política y étnica que tantos y tan graves problemas ha causado.


La región también ha logrado buenos resultados desde el punto de vista de los fundamentos macroeconómicos y se espera que disfrute de su tercer año consecutivo de crecimiento gracias al resurgir del sector de la exportación. Ha conseguido asimismo importantes avances en aspectos fundamentales de la salud y la educación, como demuestra el índice del desarrollo humano, y 22 países de la región, así como varias subregiones, han preparado informes sobre los objetivos de desarrollo del Milenio, manifestando así su intención de ejercer una mayor presión política para que se alcancen dichos objetivos.

Sin embargo, se aprecian ciertas tendencias preocupantes: América Latina sigue siendo la región con más desigualdades del mundo; el número de personas que viven en la pobreza y en la extrema pobreza casi se ha duplicado desde los años ochenta; los mercados laborales siguen estando dominados en gran medida por el sector informal y presentan elevados niveles de desempleo; los brotes de delincuencia y de violencia, que según algunos observadores guardan relación con el aumento de la desigualdad y la debilidad del Estado, no sólo son una amenaza para la vida de los ciudadanos sino también para el crecimiento, ya que ponen en peligro valiosas fuentes de ingresos como el turismo y la inversión externa.

Aunque la democracia ha avanzado considerablemente, muchos se sienten decepcionados con el proceso democrático y con los nuevos modelos económicos propuestos. Y también hay frustración por la incapacidad de los gobiernos para responder a las necesidades más profundas de sus ciudadanos.


Nos enfrentamos al reto de consolidar cuanto de bueno está ocurriendo en América Latina y mantener la energía con que se lleva a cabo el cambio, tratando al mismo tiempo de satisfacer las necesidades pendientes. Resulta sumamente alentador que muchos de los líderes de la actual generación se hayan formado en política precisamente luchando contra regímenes autoritarios y, por tanto, estén decididos a promover y proteger la democracia. La aprobación de la Carta Democrática Interamericana de la Organización de los Estados Americanos es una prueba más de que la región está comprometida con la democracia, y constituye un nuevo instrumento para consolidarla.

Pero el liderazgo desde la base es igualmente importante, pues supone un contrapunto necesario a los modelos paternalistas de liderazgo desde arriba. La sociedad civil de América Latina cada vez es más activa y robusta y se encuentra en la vanguardia del cambio social. El empoderamiento y la participación de este tipo de grupos será crucial para promover la democracia y el estado de derecho. De hecho, algunas encuestas recientes sugieren la necesidad de contar a nivel político con una capacidad realmente basada en el pueblo para generar cambios; sólo una quinta parte de los encuestados tienen fe en los partidos políticos, y únicamente la cuarta parte confía en el Congreso y los tribunales; sólo una de cada tres personas está satisfecha con la manera en que la democracia funciona en su país. Estos son los ámbitos donde hay que hacer un mayor esfuerzo, tal como se indicó hace dos años en el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo titulado La democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas.

Con ese mismo espíritu, el sistema de las Naciones Unidas seguirá siendo el aliado más estrecho de América Latina.

Una de las medidas más alentadoras tomadas durante la Cumbre Mundial celebrada en septiembre, fue el establecimiento del Fondo para la Democracia de las Naciones Unidas, para el que muchos países ya han hecho importantes promesas de contribuciones y depósitos. El principal propósito del Fondo es prestar asistencia a proyectos que sirvan para consolidar y reforzar las instituciones democráticas y faciliten la gobernanza democrática en las democracias nuevas o restauradas.

Las Naciones Unidas también están dispuestas a ayudar a los gobiernos que soliciten apoyo técnico para celebrar elecciones. De hecho, este va a ser un importante año electoral en América Latina: ya han tenido lugar unas elecciones presidenciales y están previstas otras ocho, siete de ellas en ocho de los países más poblados de la región. Estos importantes comicios nacionales ofrecen una excelente oportunidad para la participación ciudadana y para lograr una amplia revitalización de la democracia.
Las Naciones Unidas están decididas a ayudar a América Latina a superar el formidable reto de fortalecer sus instituciones políticas. Estamos colaborando estrechamente con los gobiernos para prevenir los conflictos, apaciguar las crisis políticas y promover la inclusión y la reconciliación.

En Bolivia, por ejemplo, el Presidente interino Eduardo Rodríguez solicitó la asistencia de las Naciones Unidas para asegurar una transición adecuada hacia el nuevo gobierno democráticamente elegido. Las Naciones Unidas hicieron recomendaciones que el Gobierno interino cumplió en gran medida. La Organización estuvo representada en la ceremonia de investidura del Presidente Morales, durante la cual se ofreció continuar prestando asistencia al nuevo Gobierno.

En el Ecuador, las Naciones Unidas emprendieron una misión interinstitucional para examinar la situación en la frontera con Colombia, y prepararon un informe donde se hacían sugerencias al Gobierno. Las Naciones Unidas también formularon recomendaciones sobre la selección de los integrantes de la nueva Corte Suprema de Justicia, tras la disolución de la anterior. Esas recomendaciones fueron aprobadas casi en su totalidad por el Parlamento del Ecuador y los miembros de la nueva Corte juraron su cargo a finales del año pasado.

Y, por supuesto, todo el sistema de las Naciones Unidas, incluidos sus equipos en los países y su comisión regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, seguirán apoyando a la región en sus esfuerzos por reducir la pobreza y elevar el nivel de vida mediante asesoramiento normativo, investigaciones y estadísticas y asistencia técnica sobre cuestiones fundamentales como el desarrollo, los derechos humanos y la protección ambiental. Consideramos que los objetivos de apuntalar la gobernanza democrática y resolver los problemas socioeconómicos van de la mano.


Como afirmé al principio de mis observaciones, el mundo entero está interesado en el debate sobre la suerte que correrá la democracia en América Latina. Es este un tema que figura en la agenda de la Organización de los Estados Americanos, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos y otras importantes instituciones, en particular los anfitriones de esta reunión, la Fundación Ebert y la Iniciativa en pro de la seguridad y la paz, y que asimismo interesa a la comunidad académica y las organizaciones no gubernamentales. Esta conferencia ofrece una excelente oportunidad para armonizar las estrategias de los latinoamericanos y sus asociados internacionales al abordar los problemas que hay que resolver, y especialmente las decisiones que hay que adoptar, en 2006. Aguardo con sumo interés las ideas y políticas que surgirán de este diálogo.

 


 

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