BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 04/093
16 de noviembre de 2004
 

2005, AÑO INTERNACIONAL
DEL MICROCRÉDITO
 



Más de mil millones de personas no tienen acceso a servicios financieros básicos


El FIDA hace un llamamiento para un mayor acceso a los servicios financieros básicos a fin de ayudar a millones de personas a salir de la pobreza cada año.

Más de mil millones de personas, es decir, el 90% de las personas pobres del mundo que trabajan por cuenta propia, carecen de acceso a servicios financieros básicos, lo que los priva de los medios para incrementar sus ingresos, salvaguardar su existencia y afrontar las emergencias. Si se prestan servicios financieros a la población pobre de los países en desarrollo se puede ayudar a esas personas a transformar sus vidas de manera permanente y a sacar cada año a millones de ellas de la pobreza.

Si se ofrece a la gente pobre la posibilidad de disponer de instrumentos financieros básicos como crédito, ahorros, seguros y transferencias monetarias, se contribuirá a conseguir el objetivo de desarrollo del Milenio, convenido de común acuerdo a nivel mundial, de reducir a la mitad para 2015 el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar por día.

El lanzamiento del Año Internacional del Microcrédito, 2005, designado por las Naciones Unidas, se efectuará el 18 de noviembre desde las bolsas de valores de diversas ciudades, entre ellas Nueva York (EE UU) y Milán (Italia).

El FIDA hace un llamamiento para que el mundo se esfuerce por acelerar aún más el crecimiento de la microfinanciación, con objeto de que millones de personas que disponen de pocos ingresos o garantías para realizar inversiones, en especial las mujeres, tengan la posibilidad de poner en marcha alguna actividad, ahorrar y sostener los gastos relativos a la educación y el bienestar de sus familias.

“La población pobre está tomando parte en el mercado financiero mundial y, por ende, desea acceder a una gama más amplia de servicios y productos financieros. Para satisfacer estas necesidades, es nuestro deber contribuir a que la microfinanciación se acerque más y más al sistema financiero formal”, afirma Lennart Bage, Presidente del FIDA.
En los últimos cinco años el sector de la microfinanciación ha crecido, en promedio, a razón del 25% al 30%. Sesenta y tres de las principales instituciones mundiales de microfinanciación han registrado una tasa media de rendimiento cercana al 2,5% de los activos totales, lo cual, si se compara con el sector bancario comercial, es un resultado favorable.

Los bancos pueden dejar de considerar arriesgado conceder crédito a la población pobre; en países tan diversos como Bangladesh, Benín y la República Dominicana, las tasas de reembolso llegan a ser de hasta el 97%.

Actualmente, las instituciones financieras comerciales como el Triodos Bank de los Países Bajos, el Citibank de los Estados Unidos y el Deutsche Bank están pasando a ocuparse de la microfinanciación, atraídas por el doble resultado final que les puede reportar, es decir, la obtención de ganancias y la reducción de la pobreza mundial. También los inversionistas socialmente responsables en los países prósperos están mostrando mayor interés; hoy por hoy, más de 60 fondos de inversiones han incorporado la esfera de la microfinanciación en sus carteras, y cerca del 70% de ellos han surgido tan sólo en los últimos dos años.

Los fondos de capital internacionales, por ejemplo los fondos en títulos, empiezan a prestar atención a este mercado, que en el pasado solía considerarse marginal. En julio de este año, los mercados de capital estadounidenses emitieron el primer bono microfinanciero, por valor de 40 millones, a fin de apoyar las actividades de las instituciones de microfinanciación en nueve países en desarrollo.

Comercialización en aumento

Hasta hace diez años, los bancos comerciales estaban prácticamente ausentes del ámbito microfinanciero, pues veían en él costos y riesgos demasiado elevados. Hoy día, muchos bancos de países en desarrollo y otros lugares consideran este sector una alternativa de inversión viable: los costos de las transacciones se han reducido y los bancos están deseosos de promover su imagen como entidades socialmente responsables.

Desde su establecimiento en 1998, la Fundación Deutsche Bank ha invertido 3 millones de dólares en préstamos destinados a 30 instituciones de microfinanciación, a través de su fondo de desarrollo del microcrédito. El Banco ICICI, el segundo banco de la India en orden de importancia, está colaborando con los grupos de autoayuda, a menudo considerados el “eje” de la microfinanciación en ese país, con objeto de dar a 2,5 millones de familias indias pobres la posibilidad de acceder al crédito y a otros servicios financieros.

Las organizaciones no gubernamentales y su transformación en bancos

Análogamente, muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) que en el pasado prestaban servicios de microfinanciación no regulados se están convirtiendo en bancos regulados o en instituciones financieras no bancarias. Esto les permite ofrecer una gran diversidad de servicios financieros a las personas pobres, incluidos los servicios de ahorro, cuya necesidad es tan evidente.

En 1997, una ONG pionera de Filipinas, el Centro para la Agricultura y el Desarrollo Rural (CARD), fue la primera organización de ese tipo en el país en instituir un banco rural que ofreciera servicios a las personas pobres de las zonas rurales sin tierras ni activos. En 2001, el rendimiento de los activos del CARD se situó en torno al 3,3%.

“Hemos revolucionado los criterios bancarios tradicionales al demostrar que la población pobre que carece totalmente de garantías de hecho reembolsa sus préstamos. Los clientes que han estado con nosotros entre cinco y diez años han dejado de ser pobres. En el 85% de los casos han superado la línea de pobreza. En ocasiones incluso llegan a dar empleo a otras personas pobres y hoy en día gozan de mayor respeto y prestigio en sus comunidades.” (Aris Alip, fundador y Presidente del CARD)

El XacBank de Mongolia, que inicialmente era una institución de microfinanciación, actualmente es una entidad bancaria autorizada que ocupa el segundo lugar de importancia en el país, con un monto total de activos que este año ha superado los 15 millones de dólares, es decir, cinco veces más que en 2001. Alrededor del 75% de sus clientes son pastores y más del 80% de sus préstamos activos son micropréstamos. Según Chuluum Ganhuyag, Director General del XacBank:

“Nuestro banco tiene una misión social, y no solamente económica. Deseamos contribuir al desarrollo socioeconómico de Mongolia ofreciendo acceso a servicios financieros globales a todos los ciudadanos, es decir, también a aquéllos que normalmente quedan excluidos.”

La pobreza mundial y la demanda insatisfecha

Pese al crecimiento registrado en los últimos años por el sector microfinanciero, queda por satisfacer una vasta demanda de servicios financieros básicos de entre 400 y 500 millones de hogares en el mundo, aproximadamente.

“Aunque la microfinanciación no sea la panacea que permita reducir la pobreza, es un instrumento importante para combatirla, especialmente en las zonas rurales, donde viven 900 millones de personas extremadamente pobres. Incluso las personas más pobres valoran y necesitan tener acceso a alguna forma de ahorro, y las tasas de reembolso de los préstamos de los empresarios de escasos recursos figuran entre las más elevadas del mundo”, afirma Lennart Bage.

El 25% de la población más pobre del mundo recibe servicios de microfinanciación relativamente escasos, pero el FIDA y otras organizaciones de desarrollo están concertando esfuerzos para resolver este problema. Además, otras soluciones como la concesión de donaciones o la capacitación pueden resultar una forma de ayuda más apropiada para las personas desempleadas o indigentes.

Impacto social: la mujer como fuerza impulsora

Alrededor del 70% de los 1 200 millones de personas que viven con menos de un dólar al día son mujeres. La tasa de desempleo femenino es más elevada que la de los hombres prácticamente en todos los países, y las mujeres representan la mayoría de los empleados menos remunerados y del sector informal no estructurado de la mayor parte de las economías.

La inmensa mayoría de los clientes de los servicios de microfinanciación son mujeres. Numerosos programas están dirigidos a ellas en lugar de a los hombres pues son las mujeres quienes suelen cumplir mejor sus responsabilidades financieras, con el resultado de unas calificaciones crediticias más altas y unas tasas de reembolso más elevadas. En Bangladesh, por ejemplo, las mujeres suelen incumplir el pago de los préstamos con menor frecuencia que los hombres, y los créditos que se les conceden producen un impacto más contundente en el consumo familiar y la calidad de vida de los niños.

“La microfinanciación ha permitido a millones de mujeres tomar parte por primera vez en actividades económicas comerciales. Cuando logran ganar sus propios ingresos y ejercer control sobre ellos, las mujeres adquieren poder de decisión y mayor prestigio”, observa Rachel N. Mayanja, Asesora Especial de las Naciones Unidas del Secretario General en Cuestiones de Género y Adelanto de la Mujer.

Los servicios financieros para la población pobre arrojan beneficios tanto sociales como financieros. En muchos estudios sobre el impacto se llega a la conclusión de que las personas que participan en programas de microfinanciación tienen más probabilidades de invertir en la educación de sus hijos y en mejores prácticas nutricionales y sanitarias, que quienes no toman parte en este tipo de programas.

En Uganda, la Organización de Mujeres de Uganda en favor de los Huérfanos (UWESO), financiada por el FIDA y el Fondo Belga de Supervivencia (FBS), otorga pequeños préstamos a las mujeres para que puedan encargarse de los muchos huérfanos que han perdido a sus padres a causa del SIDA. Benedete Nakayima, de 74 años, abuela de 35 huérfanos, pudo mejorar su plantación, criar cabras, plantar cultivos para la venta y emprender otras actividades comerciales que la ayudaron a alimentar, vestir, educar y criar a sus nietos.

El FIDA y la microfinanciación

El FIDA, organismo especializado de las Naciones Unidas consagrado a la lucha contra la pobreza rural en las regiones más desfavorecidas del mundo, es uno de los principales organismos que centra su labor en el fortalecimiento de la financiación rural. Dos terceras partes de los proyectos del FIDA poseen un componente de microfinanciación, y desde septiembre de 2004 la cartera de proyectos en curso de esta organización comprende 640 millones de dólares destinados a actividades de financiación rural, lo que equivale al 30% de sus proyectos activos.

Desde 1978, la labor del FIDA se dirige a ayudar a la población rural a salir de la pobreza, y se trata de uno de los primeros organismos en respaldar al Banco Grameen, pionero del concepto del microcrédito, que hoy en día atiende a 2,4 millones de prestatarios en Bangladesh.

“El FIDA está promoviendo enérgicamente una mayor diversidad de servicios financieros destinados a los pobres de las zonas rurales y actualmente estamos colaborando con una gama impresionante de asociados institucionales, bancos comerciales, cooperativas y bancos rurales; oficinas de correos, e incluso compañías de comercialización, seguros y de tecnología de la información y las comunicaciones, a fin de desarrollar y mejorar las perspectivas de las instituciones de microfinanciación a largo plazo”, declara Gary Howe, Estratega Principal de Desarrollo del FIDA.

La innovación en la financiación rural

La escasez de infraestructuras financieras y de sistemas de comunicaciones son los problemas más graves a la hora de prestar servicios financieros en el medio rural. Además, los ingresos agrícolas son imprevisibles y relativamente arriesgados, y resulta más costoso conceder préstamos a poblaciones que se hallan esparcidas en zonas amplias que en las ciudades, con mayor densidad demográfica. Las investigaciones indican que el establecimiento de una red de microfinanciación en zonas remotas puede llegar a costar hasta un 80% más que en regiones más accesibles.

Las instituciones de microfinanciación que reciben el respaldo del FIDA están buscando la manera de ajustar sus servicios a las necesidades de los clientes rurales. Algunas de ellas, por ejemplo, han adaptado sus plazos de devolución de los préstamos para que coincidan con los ciclos agrícolas, y otras se valen de tiendas u oficinas de correo para efectuar las transacciones y lograr así llegar más fácilmente a las aldeas dispersas y ahorrar costos. A este propósito, el XacBank de Mongolia utiliza servicios bancarios móviles para atender a los pastores nómadas y conceder crédito destinado a la compra de estufas y cocinas inocuas para el medio ambiente.

Asimismo, en la banca rural se están empezando a utilizar nuevas tecnologías, como cajeros automáticos y tarjetas inteligentes, que permiten a los agricultores y otros usuarios efectuar pagos con mayor facilidad y reducen los costos innecesarios relacionados con la infraestructura de las sucursales y el personal. En Bolivia y la India se emplean asistentes digitales personales y computadoras de mano para agilizar y acelerar la tramitación de préstamos e incluso para asignar calificaciones crediticias inmediatas. En Sudáfrica, a través de una red de 8 000 blindados equipados con tecnología de tarjeta inteligente, cada mes se pagan unos 60 dólares a 4,5 millones de personas, por concepto de pensiones.
A menudo, el ahorro representa la “mitad olvidada” de la microfinanciación, pero encierra gran importancia para las familias pobres. El acceso a servicios de ahorro seguros y flexibles contribuye a minimizar los riesgos, mitigar las fluctuaciones de los ingresos y crear una pequeña base de activos con el tiempo. En el Perú, en el marco del Proyecto de Desarrollo del Corredor Puno-Cusco, financiado por el FIDA, se están desarrollando nuevos mercados financieros rurales. En este contexto, se estimula a los miembros a ahorrar haciendo que los bancos comunitarios les ofrezcan una donación de contrapartida en calidad de incentivo inicial.

Un mayor acceso a las remesas

Las remesas, esto es, el dinero que los migrantes ganan en el extranjero y envían a sus países de origen, son un ingrediente de la microfinanciación cada vez más importante y atraen una atención creciente de los donantes. En los últimos años, el volumen de este tipo de transferencia ha aumentado drásticamente; cada año, el valor de las remesas que los migrantes envían a sus familias asciende a unos 120 000 millones de dólares. En opinión de muchos donantes, esta cifra es en realidad por lo menos dos o tres veces más elevada, porque muchos migrantes recurren a medios informales, por ejemplo, personas conocidas, para enviar el dinero a sus hogares.
Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, en 2003 el total de remesas enviadas por trabajadores mexicanos residentes en el extranjero ascendió a 21 000 millones de dólares y la cantidad correspondiente a los trabajadores de América Latina y el Caribe se acercó a los 40 000 millones de dólares. En el Reino Unido, las cifras oficiales indican que el flujo de remesas hacia países como Bangladesh, China, la India, Jamaica y el Pakistán cada año supera los 7 000 millones de dólares (4 000 millones de libras esterlinas).
Las remesas son una de las principales fuentes de ingresos para muchas familias desfavorecidas; gracias a ellas, se satisfacen las necesidades de consumo básicas y se financian actividades productivas. Especialmente en las zonas rurales pobres, contribuyen a la acumulación de ahorros y al pago de los reembolsos de los préstamos en los períodos en que escasean los ingresos agrícolas.
Algunos donantes, como el Departamento de Desarrollo Internacional (DDI) del Gobierno británico y el Banco Mundial, están colaborando con diversos gobiernos para reducir el alto costo de las transferencias monetarias, a fin de que una mayor cantidad de dinero llegue a quienes más lo necesitan. En los últimos cinco años, los costos medios de transacción de las remesas han ido disminuyendo. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, ese costo ha pasado de un 15% a un 7,9%, en gran medida debido a una mayor competencia y al uso de tecnologías.
“La prioridad del FIDA es facilitar el acceso de los habitantes de las zonas rurales al dinero que les envían sus familias desde el extranjero y que tanto esfuerzo les ha costado ganar, pues con frecuencia esas personas tienen que recorrer largas distancias hasta la capital regional para disponer de él. También estamos vinculando las remesas con otros servicios de microfinanciación, en particular las cuentas de ahorro y la oportunidad de obtener préstamos, de manera que dispongan de más alternativas para aprovechar esos fondos tan valiosos”, afirma Henri Dommel, Asesor Técnico en Financiación Rural del FIDA.

El rumbo futuro

Las instituciones que ya disponen de grandes infraestructuras, como los bancos comerciales, los bancos de desarrollo rural estatales, las redes de cooperativas de crédito y las cooperativas financieras, entre otras, podrían asumir una función muy importante para ampliar los servicios financieros a favor de los pobres. También, los nuevos productos que hoy ofrecen las instituciones de microfinanciación, como servicios de seguros, micropensiones y financiación de viviendas, contribuirán a acrecentar sus carteras de actividad y a atraer a un mayor número de clientes. Sin embargo, es probable que los sistemas descentralizados y comunitarios sean la opción más adecuada para fomentar instituciones sostenibles de bajo costo en las zonas rurales remotas.
A medida que más y más inversionistas sociales y financiadores internacionales del mundo industrializado se vayan interesando en este sector, aumentarán las probabilidades de ampliación. No obstante, el rumbo y el progreso de la microfinanciación quedarán determinados en buena parte por las condiciones jurídicas y financieras de cada país.
“El siguiente paso respecto de la microfinanciación es conseguir su plena integración con el sector financiero formal, a fin de que se vaya reduciendo la necesidad de depender del apoyo de los donantes y las subvenciones y de que nos aproximemos a una sostenibilidad en gran escala”, observa Lennart Bage.

Para más información, sírvase dirigirse a:

Farhana Haque Rahman
Jefa de Relaciones con los Medios de Información y de Actividades y Programas Especiales
División de Comunicaciones, FIDA
Tel: (+ 39) 06 5459-2485
f.haquerahman@ifad.org

Henri Dommel
Asesor Técnico en Financiación Rural
Tel: (+ 39) 06 5459-2012
h.dommel@ifad.org

Información sobre las actividades del FIDA: www.ifad.org

El FIDA es un organismo especializado de las Naciones Unidas dedicado a combatir la pobreza rural en las regiones más desfavorecidas del mundo. Desde 1978, ha invertido 8 200 millones de dólares estadounidenses en 660 proyectos y programas de desarrollo rural y ayudado a unos 250 millones de personas de zonas rurales a llevar a cabo actividades destinadas a superar la pobreza.



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