BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 04/070
8 de septiembre del 2004
 

"AMÉRICA LATINA CONSTRUYE SU DEMOCRACIA A PASO FIRME", ANNAN

 


Mensaje del Secretario General en la inauguración del Seminario Internacional "Democracia, Política y Estado", 8 de septiembre de 2004, México D.F.

Sr. Presidente,
Excelencias, damas y caballeros,


Es un placer para mí estar en la Ciudad de México, y un honor unirme a usted, Presidente Fox, y a tantas otras distinguidas personalidades de América Latina aquí presentes, entre ellas ex- presidentes, mientras analizan el futuro de la democracia en esta región. Esta es una región cuya diversidad sólo encuentra parangón en su creatividad. Es también una región cuya población lleva mucho tiempo apoyando a las Naciones Unidas. De hecho, algunos de los partidarios más elocuentes de las Naciones Unidas, y de sus críticos más constructivos, son pensadores latinoamericanos, y algunos de sus mejores servidores han sido diplomáticos y humanitarios latinoamericanos.

Hoy en día, los latinoamericanos están construyendo sus democracias con paso firme. La mayoría de ellas están sólidamente cimentadas en largas tradiciones democráticas. Otras, más jóvenes, todavía luchan por echar raíces fuertes. En cualquier caso, las sociedades latinoamericanas eligen a sus gobiernos en las urnas. Los resultados son a veces precarios, y han encontrado oposición en la calle. Sin embargo, desde Venezuela hasta Bolivia, los enfrentamientos sociales potencialmente explosivos han sido resueltos dentro de un marco constitucional.

Además, en los últimos 20 años América Latina ha luchado contra una inflación galopante, aumentado las exportaciones, atraído inversión extranjera e incrementado los gastos en salud, educación y otros servicios sociales. Los resultados están ahí, a la vista de todos. Se ha sacado a muchos de la pobreza. Otros han comenzado a gozar de una vida de clase media. En la mayoría de las zonas urbanas, la población tiene hoy acceso al agua potable. La tasa de mortalidad infantil se ha reducido a casi la mitad de lo que era hace 25 años. La educación primaria es casi universal, y la enseñanza secundaria se acerca ahora al 60%.

Además, se han hecho grandes progresos en la labor encaminada a que las niñas lleguen a los mismos niveles de educación superior que los niños, e incluso los superen. No resulta sorprendente que todos estos logros se hayan alcanzado en un momento de avance de la democracia y del fortalecimiento constante del Estado de derecho.

¿Por qué, entonces, esa falta de confianza en sí mismo? ¿Cuál es el motivo de las frustraciones expresadas en los estudios y debates en torno al informe sobre la democracia que ha sido patrocinado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo? Sus autores han planteado una enojosa paradoja: América Latina ha forjado una excelente tradición democrática, pero la democracia aún no ha logrado responder realmente a las aspiraciones de los pobres de la región.

El voto no ha producido un trabajo estable ni una mesa bien provista ni derechos de propiedad y para muchos pueblos indígenas, ni siquiera un sentido de verdadera participación en la vida política de sus países. La democracia todavía no logra derribar las barreras de la exclusión. Hoy en día, en algunos sectores, incluso se le pone en entredicho por ser parte del problema, y no de la solución. De ahí la tentación de recurrir a medios no democráticos.

Sin embargo, las dificultades a las que se enfrenta América Latina no se pueden abordar volviendo a los planteamientos fracasados de antaño. Sólo se pueden abordar a partir de los logros ya alcanzados, con amplias reformas que hagan de la promesa de la democracia una realidad para todos los ciudadanos. América Latina necesita más democracia, no menos.

El objetivo debe ser que todo país de América Latina se convierta no sólo en una democracia electoral, sino también en una democracia de los ciudadanos. Es preciso que éstos vean que se están protegiendo sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y que sus necesidades más fundamentales son la mayor prioridad de sus gobernantes. Deben tener motivos para confiar en que su voto se traducirá en mejoras en su vida diaria, y permitirá a sus sociedades crear consenso sobre las reformas que se necesitan para lograr más avances democráticos.

Para ello hace falta, en primer lugar, liderazgo político. Aplaudo los esfuerzos que muchos dirigentes latinoamericanos están haciendo para centrarse en la lucha contra el hambre y la pobreza, una cuestión en la que los Presidentes Lula, Lagos y Chirac y el Presidente Zapatero harán hincapié en Nueva York más adelante en el mes.

Sin embargo, el liderazgo también es responsabilidad de los partidos políticos y los sistemas de partidos, que se deben reformar si se pretende que desempeñen la función que deben desempeñar. Asimismo, se debe ampliar la participación de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones por medio de asociaciones auténticas entre los gobiernos y la sociedad civil.

Las instituciones públicas deben ser también suficientemente fuertes para resistir la corrupción, y suficientemente transparentes para ser sometidas a examen, y deben contar con los recursos que garanticen acceso a los servicios de salud, educación y demás servicios sociales básicos. En ningún otro ámbito esto es tan importante como en el de la educación, sobre la que descansa la fortaleza a largo plazo de sus democracias.

Para hacer frente a estos desafíos, esta región cuenta con una gran ventaja: su tradición de multilateralismo, tradición que se refleja hoy en el apoyo que las democracias de América Latina se prestan entre sí. Con la aprobación en 2001 de la Carta Democrática Interamericana por parte de la Organización de los Estados Americanos se reconoció que, a veces, las democracias de la región necesitan mecanismos de apoyo adicionales y de emergencia; y la mejor forma de brindar este apoyo es a través del multilateralismo, cuando la familia de las naciones de América habla con una sola voz.

La labor de ustedes en esta región no puede estar divorciada de los acontecimientos mundiales. Sé que es difícil construir una sociedad más justa en casa si las reglas del juego no se cumplen a escala internacional. Comparto la opinión generalizada en la región de que necesitamos un orden internacional más justo y más eficaz -en efecto, un sistema multilateral más democrático.

Los dirigentes mundiales se comprometieron a luchar por este ideal cuando en 2000 aprobaron la Declaración del Milenio. El año que viene se cumplirán cinco años de su aprobación, e invitaré a los Estados Miembros de las Naciones Unidas que aprovechen la oportunidad para reafirmar su compromiso para con los objetivos de desarrollo del Milenio. Para ello, es necesario que los países en desarrollo sigan llevando a cabo reformas audaces, pero también hace falta que el mundo desarrollado cumpla sus promesas, en particular las relativas a la financiación para el desarrollo y al comercio libre y justo.

El año que viene será también el momento para que los Estados Miembros entren en acción y refuercen nuestro sistema de seguridad colectiva para hacer frente a las amenazas del siglo XXI. El Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio que nombré el año pasado está formulando ideas concretas sobre cómo podemos lograrlo. Sin embargo, la utilidad de estas ideas sólo se podrá medir en función de la determinación de los Estados Miembros de hacer buen uso de ellas.

Agradezco el apoyo que el Grupo está recibiendo aquí en América Latina, en particular de nuestro anfitrión, el Gobierno de México, y espero que ese apoyo no cese. Estamos planteándonos opciones falsas si fingimos que debemos escoger entre democracia y desarrollo, o entre desarrollo y seguridad. Las grandes dificultades que entraña construir una democracia, fomentar el desarrollo y promover la seguridad están estrechamente relacionadas, y todas las naciones tienen motivos para trabajar juntas con miras a vencerlas.

Confío en que los esfuerzos que están realizando ustedes aquí en América Latina para hacer sus sociedades más democráticas contribuirán también a hacerlas más desarrolladas y más estables. Las Naciones Unidas están orgullosas de apoyarles en esta labor y les brindan todo su aliento. Al fin y al cabo, su éxito no sólo es vital para sus ciudadanos, sino que será también una fuente de inspiración y esperanza para los países en desarrollo de todo el mundo.

Muchas gracias.

Presidente Mazaryk no.29, piso 2
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