BOLETIN ONU
Naciones Unidas - Centro de Información, México
No. 04/053
11 de julio de 2004
 

"HABLAR SOBRE SIDA ES UN ORGULLO,
NO UNA VERGÜENZA", ANNAN

 


Mensaje del Secretario General, Kofi Annan, pronunciado en la XV Conferencia Internacional de contra el SIDA, realizada en Bangkok, Tailandia, 11 de julio del 2004.

Me siento encantado de estar hoy aquí, entre tantos importantes líderes en la lucha contra el VIH/SIDA. Nuestra mayor esperanza en esta contienda es la dedicación y la determinación de gente como ustedes. Es apropiado que estemos reunidos en Tailandia, debido a que ha tenido tan notable éxito al frenar la propagación del virus del SIDA.

Primer Ministro, su fórmula para lograr el éxito es una poderosa combinación de liderazgo con visión política en una etapa temprana de la epidemia, la asignación de importantes recursos, una fuerte participación de la sociedad civil, así como campañas masivas para sensibilizar al público y la promoción del uso del condón.

Gracias Tailandia, por mostrarnos que el progreso es posible. El mundo ahora reconoce su liderazgo por mantener este triunfo, a pesar de las advertencias sobre probables resurgimientos.
También es oportuno que esta conferencia sea celebrada en Asia, en donde el virus está expandiéndose a un ritmo alarmante. El año pasado, una de cada cuatro infecciones ocurrió en el continente asiático. No hay tiempo que perder si deseamos evitar que la epidemia se salga de control en Asia.

Muchos países alrededor del mundo son representados por sus ministros de salud en esta conferencia. Pero seamos claros: la lucha contra el VIH/SIDA requiere el liderazgo de todos los sectores del Gobierno, empezando por las cabezas. El SIDA es mucho más que una crisis de salud, se trata de una amenaza para el desarrollo mismo.

Por ello, hace tres años los Gobiernos del mundo hicieron una promesa. En la Sesión Especial de la Asamblea General acerca del VIH/SIDA, la primera reunión de la Asamblea General dedicada a una enfermedad, se comprometieron a brindar los recursos y a emprender las acciones necesarias para derrotar esta epidemia. Adoptaron un número de objetivos específicos y fechas límites en un documento que conocemos como la Declaración de Compromiso en la lucha contra el VIH/SIDA.

En estos tres años se han logrado progresos en muchos frentes. Los Estados Miembros han comprometido nuevos recursos significativos de manera individual a través del Fondo Mundial de la lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. La vasta mayoría de Estados Miembros ha adoptado estrategias nacionales amplias para combatir el VIH/SIDA. Cada vez más Gobiernos están trabajando junto con la sociedad civil como un aliado en la lucha contra el SIDA. Aún así, no estamos haciendo lo suficiente.

No logramos alcanzar varios de los objetivos de la Declaración que se habían propuesto para el año pasado. Más importante aún, no estamos en el camino correcto si deseamos empezar a reducir la escala y el impacto de la epidemia para el año 2005, tal y como lo habíamos prometido.
Mientras tanto, durante los últimos años hemos visto emerger un terrible patrón: cada vez más mujeres de todo el mundo están tratando de lidiar con la epidemia.

Actualmente, las mujeres representan casi la mitad de todas las infecciones de adultos. En África Subsahariana esa cifra representa alrededor de un 58%. Entre los jóvenes menores de 24 años, niñas y mujeres constituyen casi dos terceras partes de las personas que viven con VIH. Sin embargo, una tercera parte de todos los países aún no tiene políticas para garantizar que las mujeres tengan acceso a la prevención y al cuidado. ¿Cómo podemos permitir que esto suceda aun conociendo el camino que toma la epidemia?

Es claro que para que la Declaración de Compromiso en la lucha contra el VIH/SIDA esté al nivel, como su nombre lo indica, es necesario hacer un trabajo mucho mejor en varios frentes.
Permítanme mencionarles hoy tres áreas específicas en las cuales debemos enfocarnos.
Primero, necesitamos aumentar la infraestructura para apoyar tanto el tratamiento como la prevención.

Los exitosos programas en África, América Latina y aquí en Asia han demostrado que la prevención y el tratamiento trabajan en cualquier entorno sólo si:

  • Las intervenciones tienen las dimensiones necesarias para alcanzar a la sociedad en su totalidad;
  • Éstas están desarrolladas dentro del país y no impuestas desde el exterior;
  • Hay una fuerte participación por parte de las personas que viven con VIH y de las personas afectadas por los que tienen el VIH;
  • Hay suficientes personas capacitadas para poner en práctica programas exitosos -desde centros comunitarios para sensibilizar al público, brindar asesorías o valorar la salud pública, hasta clínicas para el tratamiento y cuidado.

Esto significa que hay que hacer todo lo posible para asegurar que los trabajadores de la salud que viven con VIH tengan acceso a terapias antirretrovirales. En muchos de los países más afectados, el SIDA forma un cruel círculo vicioso al atacar a las personas más necesarias para combatir la epidemia.

Significa que hay que intensificar los esfuerzos para capacitar personal y solicitar refuerzos entre los trabajadores de la salud que aún no están involucrados en esta lucha. También significa que hay que utilizar las capacidades de las personas aun cuando no cuenten con estudios formales. Conseguir el apoyo y canalizar el talento sin explotar de los trabajadores comunitarios, voluntarios y enfermos del VIH/SIDA ayudará a aumentar los esfuerzos y contribuirá a romper el estigma y el silencio.

Nuestra segunda prioridad no es menos apremiante: darles a las mujeres y a las niñas las armas para protegerse contra el virus. ¿Por qué son más propensas las mujeres a contagiarse? ¿Por qué sucede esto a pesar de que ellas no son las que tienen más parejas sexuales fuera del matrimonio ni tienden más que los hombres a usar drogas intravenosas? Por lo general, las desigualdades de la sociedad ponen en riesgo a las mujeres, en un injusto e inconsciente riesgo. Una serie de factores se conjuran para que esto suceda. Factores tales como la pobreza, abuso y violencia; la falta de información, la coerción por parte de hombres mayores y los hombres que tienen multiplicidad de parejas sexuales, lo cual atrapa a mujeres jóvenes en una gigante red de infección.
Estos factores no pueden ser abordados por partes. Lo que se necesita es un cambio real y positivo que dé más poder y confianza a las mujeres y niñas. Un cambio que transforme las relaciones entre mujeres y hombres en todos los niveles de la sociedad. En otras palabras, lo que se necesita es dar educación a las niñas.

Sólo cuando las sociedades reconozcan que el educar a las niñas no es una opción sino una necesidad, las niñas y las mujeres jóvenes podrán ser capaces de construir el conocimiento, la seguridad en sí mismas y la independencia que necesitan para protegerse del VIH/SIDA.

Una vez que terminen la escuela, debemos trabajar para asegurar que tengan oportunidades de trabajo y que gocen de los derechos de propiedad y de herencia que les son negados a tantas mujeres hoy en día.

También debemos asegurar que tengan acceso completo a las opciones prácticas que las pueden proteger del VIH, incluyendo microbicidas cuando se encuentren disponibles.
Esto me lleva a la tercera prioridad: un liderazgo más fuerte en todos los niveles - incluyendo el más alto.

Liderazgo significa mostrar el camino con el ejemplo:

  • Rompiendo el mortal muro de silencio que continúa rodeando la epidemia,
  • Logrando el cambio cultural requerido para luchar contra ella de manera efectiva,
  • Trabajando para aumentar la respuesta - incluyendo proporcionar tratamiento a todos los necesitados.

Necesitamos líderes en todas partes para demostrar que hablar sobre SIDA es un orgullo, no una vergüenza. No pueden haber más cabezas escondidas bajo la arena, no más pena, no más escondites detrás del velo de la apatía.

Por lo tanto, su liderazgo debe traducirse en una asignación adecuada de recursos en los presupuestos nacionales. Debe movilizar el aparato entero del estado, desde ministerios de finanzas hasta gobiernos locales, desde ministerios de educación hasta ministerios de defensa. Debe generar alianzas entre todos los sectores de la sociedad - empresarios, organizaciones de la sociedad civil y gente con VIH/SIDA.

Sin embargo, el liderazgo viene no sólo de aquellos que tienen posiciones de poder. El liderazgo viene de parejas que se aseguran siempre de usar condón. El liderazgo viene de padres, esposos, hijos y tíos que apoyan y hacen valer los derechos de la mujer.

El liderazgo viene de maestros que nutren los sueños y aspiraciones de las niñas. El liderazgo viene de doctores, enfermeras y consejeros que escuchan y proveen cuidados sin juzgar. El liderazgo viene de los medios de comunicación que sacan a la luz el VIH/SIDA y motivan a la gente a tomar decisiones responsables. El liderazgo viene de hombres que trabajan para asegurar que otros hombres asuman su responsabilidad en abstenerse de tener relaciones sexuales que ponen en riesgo a otros. El liderazgo significa liberar a niños y hombres de algunos estereotipos culturales y de algunas expectativas en las que se puedan encontrar atrapados - tales como la creencia de que los hombres que no demuestran a sus esposas "quién es el jefe" no son verdaderos hombres, o que convertirse en todo un hombre significa tener su iniciación sexual con una sexoservidora a la edad de 13 años. El liderazgo significa respetar y apoyar los derechos humanos de todos los que son vulnerables al VIH/SIDA, ya sean sexoservidores, adictos al uso de drogas intravenosas u hombres que tienen sexo con hombres. Esto incluye el derecho que tienen a recibir tratamiento si son infectados. El liderazgo significa atreverse a hacer las cosas de otra manera, porque ustedes entienden que el SIDA es un tipo de enfermedad diferente. Se trata de una enfermedad única en la experiencia humana y requiere que nos mantengamos unidos en contra de ella.

Estoy agradecido con cada uno de ustedes por unirse a mí en esta misión. Muchas gracias.

Presidente Mazaryk no.29, piso 2
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* Sólo para uso informativo, no es documento oficial